MADRID / OCNE: ‘La Pasión de Buda’, una propuesta intercultural de Tan Dun

Madrid. Auditorio Nacional. 9-V-2026. Candice Chung, soprano, Samnatha Chong, mezzo, Henry Ngan, tenor, Apollo Wong, bajo, Lau Chun Ho, canto chino, Sissi Yan, bailarina y Pipa. Coro y Orquesta Nacionales de España. Director: Tan Dun. Tan Dun: La Pasión de Buda.
Tras la ascesis de la modernidad y la dispersión postmoderna, los temas de intertextualidad alcanzaron un punto álgido en el que, con la galopante globalización, las fusiones, mixturas otros intentos han dado paso en el siglo XXI a una más pensada interculturalidad. Uno de los mejores ejemplos lo encarna el compositor chino residente en New York, Tan Dun (1957). Sufrió las consecuencias de la “revolución cultural” pero también aprendió del japonés Takemitsu a acercar las músicas de Oriente y Occidente. Desde el impacto causado en 1996 por su ópera Marco Polo, ha seguido ese género en títulos como Tea:A Mirror of Soul o El primer emperador. En la orquesta destacan obras como 2000 Hoy, Sinfonía para el Milenio; Sinfonía de internet; Concierto para piano y orquesta “El fuego” y un largo etcétera en el que hay incluso un Oscar por la música del film Tigre y Dragón.
Llega ahora a la Orquesta Nacional La Pasión de Buda, estrenada en Dresde en 2018 y que es una especie de epifanía entre el oratorio occidental y la llamada ópera china. Seis episodios en torno al Budismo inspirados en los murales de Dunhuang, un lugar budista en la China antigua donde la doctrina caló fuerte. La obra combina un coro y orquesta occidentales junto a un cuarteto vocal, un cantante popular que toca un cordófono y una bailarina tañedora de Pipa (laúd chino). No es una narración lineal, sino que cada uno de los seis cuadros expone una filosofía de la compasión con textos interesantes muy variados y en todos hay una sensibilidad única para cada capítulo como ocurre en el II, La cierva de los nueve colores, o el IV con el misterioso Jardín Zen hasta desembocar en el resolutivo Nirvana final. Texto bien hecho e interesante que se corresponde con una música variada, estupendamente realizada y donde hay desde contemplación hasta emoción lírica.
Dun hilvana toda clase de escalas y técnicas manejándolas con excelente dominio y refinamiento. Exige mucho de solistas, coro y orquesta, pero sabe bien el qué y para qué. La orquesta es depurada y muy sonora. Hay atonalidad, escalas orientales, microtonalismo y técnicas muy variadas que acaban resultando paratonales, porque no se olvida de introducir procesos cadenciales, aunque no sean siempre los tradicionales, pero sí con puntos de atracción. Y el mundo tímbrico es rico, variado y personal.
Los solistas fueron excepcionales, ya que la soprano Candice Chung, la mezzo Samnatha Chong, el tenor Henry Ngan y el bajo Apollo Wong son cantantes soberbios y están perfectos en sus cometidos. Con ellos, un desgarrado cantante popular chino, Lau Chon Ho, y una bailarina tañedora de Pipa, Sissi Yan.
Excepcional la labor del Coro Nacional que no solo canta a la occidental y a la oriental en chino, sánscrito y otros textos, sino que hace percusión con piedras o campanillas y todo ello extraordinariamente bien, demostrando que tenemos un coro de gran categoría capaz de llegar mucho más allá del repertorio en que suele estar enjaulado. Bravo a Miguel Ángel García Cañamero por lo singular de la preparación y a los coristas por responder tan profesionalmente como artistas. Y con ellos a los miembros de la Orquesta Nacional que están en un momento de alta calidad y perfecta entrega.
Tan Dun sin duda sabe hacer muy bien su obra y así resulta un director ideal para ella cosa que no siempre ocurre con los compositores-directores. Y como su música, por mixta y alambicada que sea, es directa y sensible, conecta muy bien con el oyente. Casi nunca he asistido a un estreno tan clamoroso de una obra sinfónica nueva que dura en torno a las dos horas y que trata un tema exótico y aparentemente lejano en idiomas igualmente ajenos. Pero el poder de la música es ese: que, si es verdadera, se impone por encima de cualquier consideración no puramente musical. Un concierto que valora toda una temporada.
Tomás Marco


