MADRID / OCNE: La Atlántida emergida de Nagano

Madrid. Auditorio Nacional, 30.X.2026. José Antonio López, barítono; Núria Rial, soprano; Maite Beaumont, mezzosoprano. Barcelona Ars Nova. Coro y Orquesta Nacionales de España. Director: Kent Nagano. Obras de Debussy y de Falla
Manuel de Falla pasó los últimos veinte años de su vida componiendo Atlántida sobre el poema en catalán de Verdaguer. Era una cantata escénica que quedó tanto inacabada como incompleta y de cuya finalización se ocupó, con sus tiras y aflojas, Ernesto Halffter. Como obra escénica se presentó, no sin problemas, en La Scala en 1962 y en ese formato nunca funcionó del todo, salvo en un caso excepcional que es histórico: la triunfal escenificación en la plaza de las Pasiegas, en el Festival de Granada de 1996, entonces dirigido por Alfredo Aracil, que supuso el lanzamiento internacional de La Fura dels Baus y en la que también intervino Jaume Plensa. Como pieza de concierto ha recibido diferentes versiones y, aunque se creía que la canónica sería la llamada «de Lucerna», con López Cobos, tampoco se impuso del todo.
En su tercer programa como titular de la Orquesta Nacional, Kent Nagano ha tenido el arrojo de plantear su propia versión de Atlántida, haciéndola emerger viva de su prolongada inmersión. Inteligentemente, no ha dispersado el número de solistas y ha apostado por el tronco coral. Crea un discurso propio plenamente coherente que comienza con el prólogo de la Atlántida sumergida y el Hymnus Hispanicus. De la primera parte conserva El incendio de los Pirineos, el Aria de Pirene y el Cántico a Barcelona. Elude inteligentemente toda la segunda parte, que es la que más problemas presenta y alarga sin beneficio la obra, y pasa a la tercera con El peregrino, El sueño de Isabel, Las carabelas, la preciosa Salve en el mar y el coro de La noche sagrada, con lo que el continente sumergido emerge para florecer en América. Es una hora escasa de música que llega directamente al oyente, se entiende y revela al compositor genial que Falla no dejó de ser nunca.
Los solistas principales eran el barítono José Antonio López (Corifeo), la soprano Núria Rial (Reina Isabel) y la mezzosoprano Maite Beaumont (Pirene), que cumplieron bien. Y en breves intervenciones muy felices cantaron los miembros del Coro Nacional Diego Blázquez, Eva González, Delia Agúndez y María Morellà. Como coros actuaban Barcelona Ars Nova, preparado por Mireia Barrera, y el Coro Nacional, magníficamente llevado por Miguel Ángel García Cañamero. Todos ellos, junto con la Orquesta Nacional y Kent Nagano, realizaron una versión de Atlántida no solo digna de ser recordada, sino que por fin hace algo de justicia a Falla. El continente sumergido emerge de nuevo.
La primera parte fue igualmente una gran fiesta musical. Se estrenaba la versión orquestal de La cathédrale engloutie (La catedral sumergida), que es el preludio n.º 10 del primer libro de preludios de Debussy, realizada por José Luis Turina. Preciosa orquestación que no traiciona a Debussy, pero que lo moderniza y que el compositor madrileño hace suya. Toda una fiesta de timbres, contrastes y sensibilidades que hace brillar la obra original, pero la transporta a una esfera todavía más sutil, a lo que contribuye el tempo casi suspendido que le imprime el director. Gran trabajo el de Turina, que preludiaba una incontrovertible obra maestra: El mar, de Debussy. Obra en la que no se sabe si admirar más el juego de timbres, las densidades o los vaivenes de la estructura de una música modernísima que es, además, genial. Nagano tiene una concepción muy personal de la misma, en la que brillan la claridad y la lógica, pero también una flexibilidad suma. Gran trabajo el suyo, ahí y en todo el programa.
Antes de comenzar el concierto, el director pidió un minuto de silencio por las víctimas del accidente de Urda, que fue secundado con emoción.
Tomás Marco


