MADRID / OCNE: 50 años y una adaptación para resucitar

MADRID / OCNE: 50 años y una adaptación para resucitar

Madrid. Auditorio Nacional. 9-X-2021. Mahler, Sinfonía nº 2 en Do menor, “Resurrección” (versión reducida de José Luis Turina). Christina Landshammer, soprano, Karen Cargill, mezzosoprano. Coro y Orquesta Nacionales de España. Director: David Afkham.

Hace ahora cincuenta años se presentaba el entonces nuevo Coro Nacional de España (aún Coro de la Escuela Superior de Canto), preparado por Lola Rodríguez Aragón, con una monumental Sinfonía nº 2 de Mahler dirigida por el entonces titular, Rafael Frühbeck de Burgos. Medio siglo después, la conmemoración exigía volver a la misma obra con los actuales titulares, Miguel Ángel García Cañamero, del coro, y David Afkham, de la orquesta.

Pero estamos en pandemia y los enormes efectivos que la obra exige no podían ponerse en juego, y no por carencia, sino por prudencia. De manera que se pensó solventar el problema encargando una adaptación de medios a un compositor de la máxima solvencia y ese ha sido José Luis Turina.  En los últimos años han circulado varias versiones con pequeña formación de prácticamente todas las sinfonías mahlerianas, pero no se trataba de eso, de hacer versiones camerísticas, sino de mantener el peso sinfónico del sonido, pero con una orquesta de aproximadamente la mitad de los instrumentos iniciales. Ardua tarea porque uno de los valores de esta obra es precisamente su densidad sonora y el sonido amplio y poderoso.

José Luis Turina es un músico de un oficio impecable y de una creatividad extraordinaria y ha resuelto con brillantez una papeleta en la que muchos, incluso notorios, habrían naufragado. Inteligentemente no ha optado por una jibarización de la obra sino por una sutil remodelación que le ha exigido encontrar soluciones de orquestación, muchas veces distintas de las de Mahler, para que el oyente perciba algo muy cercano a lo que Mahler hizo. No sólo era quitar, incluso de manera sutil añade el piano. Trabajo de orfebrería que acredita a un maestro, si no fuera por que está sobradamente acreditado. El trabajo es realmente asombroso y estoy seguro de que en solo audio no sería percibido el cambio por una mayoría de aficionados. Lo más peligroso eran los movimientos extremos, especialmente el amplio primero que es una desgarrada danza de la muerte donde falta necesariamente algo de cuerda pero que puede suplirse con entrega y afinación absoluta. Extraordinario el trabajo en el tercero, el de esa Sinfonía de Berio que también se echa de menso en los conciertos.

El Coro Nacional pudo celebrar su cincuentenario con la obra con la que inició su andadura sin que se mermara la brillantez ni la hondura musical. Muy bien estuvo el coro y demostró que los años transcurridos han subrayado su validez y vigencia al servicio de la música.  David Afkham y los profesores de la ONE entendieron muy bien lo que Turina había querido hacer respetando al máximo lo que Mahler hizo, aunque para ello tuviera que descomponer y recomponer todo un mecanismo sonoro. Las solistas eran la soprano alemana Christina Landshammer y la mezzosoprano escocesa Karen Cargill, ambas muy acertadas e integradas en la versión.  Y para el público la sinfonía fue, como siempre, una verdadera epifanía de música honda, sonora y trascendente tan oportuna como para proclamar su propia resurrección después del desgraciado periodo que hemos vivido. Como en los versos de Klopstock y en la música que Mahler les puso y Turina adaptó, resucitamos. Falta hacía.