MADRID / Nereydas: Brillante recuperación de una bellísima Lamentación inédita de Boccherini

Madrid. Real Capilla de Palacio. 03-XII-2025. María Espada, soprano. Nereydas. Dirección: Ulises Illán. Magna est: obras de Boccherini, Corselli, Ugena, Galuppi, Soler y Ferrer.
La Lamentación segunda del Jueves Santo en Do menor, una joya inédita de Luigi Boccherini, ha sido recién rescatada tras haber permanecido oculta durante casi tres siglos. Esta partitura inédita fue redescubierta gracias a una rigurosa investigación del musicólogo Lluís Bertran, del ICCMU, quien localizó la única copia manuscrita entre los fondos conservados en Montserrat. El valor de este hallazgo es doble, ya que la edición científica utilizada para este concierto ha sido realizada por el propio Bertran junto a Juan Miguel Illán, también desde el ICCMU, garantizando el rigor histórico y filológico del material.
La agrupación historicista Nereydas, bajo la dirección de Ulises Illán, nos ha devuelto el sonido de este legado en la Real Capilla del Palacio Real de Madrid, el espacio original para el que fue concebida. Para aumentar aún más la fidelidad histórica, el violonchelista Guillermo Turina ha contado en el concierto con el violonchelo Stradivarius 1700 de las Colecciones Reales, instrumento del mismo tipo que Boccherini utilizó en la corte. Nereydas revivió con esplendor esta bellísima composición que hasta ahora había permanecido oculta, en un concierto con un programa bien trazado y coherente que recorre la música para la Semana Santa con lamentaciones dieciochescas en la corte española durante medio siglo.
La Lamentación segunda del Jueves Santo en Do menor (ca. 1770) posee un valor excepcional y es un precedente muy interesante de su Stabat Mater, que revela una cara de intensa expresividad sacra construida en torno al diálogo conmovedor entre la voz de soprano y el violonchelo con la orquesta. La obra fue compuesta por un joven Boccherini y es de una riqueza musical y creatividad sobresalientes. La inventiva del joven compositor se muestra en una serie de movimientos que van desde la quietud a la agitación, desde la profundidad a la luminosidad que se alternan, una idea que nos remite al sentido último de una lamentación de Semana Santa, desde la pasión a la resurrección
En la pieza hay un diálogo conmovedor permanente entre la voz de la soprano y el violonchelo, los dos solistas, con el sostén de una orquesta equilibrada. El comienzo, Despacio, es de una introspección bellísima cromática que da pie a un melodioso Andante non molto que nos conduce a la luminosidad serena. De esa manera, se van sucediendo los movimientos y la pieza se fue desarrollando con un canto estelar de la soprano María Espada, que supo dar el dramatismo o el virtuosismo adecuado a cada número con una voz plena de facultades junto al impresionante sonido del violonchelo Stradivarius 1700 que en las manos de un poderoso y virtuoso Guillermo Turina sonó a gloria bendita. Pero también las partes de cuerdas y del bajo sonaron maravillosamente. La dirección de Ulises Illán fue como siempre magistral, con pleno control del carácter, sonoridad, expresividad y medida de cada parte como muy pocos directores historicistas consiguen. Bajo su guía y junto a María Espada y Guillermo Turina, la orquesta estuvo muy brillante, con los violines liderados por Ignacio Ramal, la viola de una radiante Lola Fernández, el clave del maestro Daniel Oyarzabal, la expresividad de la tiorba de Nacho Laguna y el poderío del contrabajo de Ismael Campanero.

Pero todo el programa estuvo trazado con sabiduría, llevándonos por unos cincuenta años de la música en la corte española, desde Fernando VI a Carlos IV, desde la Real Capilla a San Lorenzo del Escorial. Todo ello aderezado con partes instrumentales de los brillantes conciertos a 4 del buranés Baldassare Galuppi, que separaban o introducían secciones vocales. Precisamente dos preciosos movimientos de su Concerto a 4 nº 3 en Re mayor introdujeron la Lamentación segunda del Miércoles Santo en Re menor (1746) de Francisco Corselli, una pieza característica de su estilo del barroco tardío, operístico, con su rica escritura instrumental y vocal. Coetánea de la obra de Boccherini, y por ello doblemente interesante por compararlas, se interpretó a continuación la Lamentación primera del Viernes Santo en Sol menor (1770) del menos conocido compositor Antonio Ugena, discípulo y sucesor de Corselli, en unos paralelismos que fue trazando Ulises Illán en la confección del programa. La obra de Ugena es una composición más espiritual, con una interesante escritura a cinco partes y un dramatismo muy valioso y llamativo.
Tras la obra central de Boccherini de la que ya hemos hablado, y que se interpretó en el corazón del concierto, llegaron unos movimientos realmente valiosos e interpretados con gran belleza del Concerto a 4 nº 1 en Sol menor, de Galuppi, con un Grave e Adagio precioso con lucimiento de violines y viola y un fugado Spiritoso de bella armonía que sirvieron a modo de preludio a la Lamentación segunda del Miércoles Santo de la misma tonalidad de Antonio Soler, compuesta en 1768 en El Escorial. Esta lamentación de Soler es de un elevado ascetismo, con una instrumentación muy austera que se realizó con violonchelo, tiorba, contrabajo y clave, una música muy elevada, con algunas partes que presentan gran modernidad en su abstracción, con algunos fragmentos de marcada disonancia y donde estuvo magistral Espada con una voz que le confirió un carácter muy etéreo y diálogos también muy pregnates con el violonchelo de Turina. También estuvo exquisito y delicado Nacho Laguna con la tiorba, Daniel Oyarzabal con el clave e Ismael Campanero con ese poderío terrenal con su bajo. Una música realmente excepcional.
Siguiendo con lo especular del programa, un discípulo de Soler cerró el programa previsto del concierto con el interesante villancico Soy Pastorcilla, compuesto en 1798 para El Escorial, con tiempos ternarios y con una gran carga popular en la Seguidilla central, típico de la Navidad hispana.
Como propina a un gran concierto lleno de novedades y de piezas poco frecuentes y como regalo en este tiempo que precede a la Navidad, Illán nos ofreció dos piezas de Haendel. La primera, la dramática aria Verso già l’alma de Aci, Galatea e Polifemo (1708) que Espada cantó con gran expresividad. Ulises Illán volvió a mostrar su maestría en la dirección con un control absoluto de los acentos, detalles y el tempo de la música y es único en sublimar las intenciones que hay en las composiciones pero que muchos otros no sacan, como el fluir lento de la sangre en esta pieza sublime de Haendel. Después llego la famosa Lascia la spina de Il trionfo del tempo e del disinganno (1707), donde la soprano y la brillante orquesta volvieron a deleitarnos.
La velada fue un gran éxito, con el protagonismo de una interpretación maravillosa de esa joya hasta ahora desconocida de Boccherini en el marco original donde fue compuesta. Entre el público que asistió a la Real Capilla, además de los musicólogos autores del hallazgo, se encontraban también los descendientes directos de Boccherini, lo que fue también una nota emotiva.
Manuel de Lara Ruiz
(fotos: Patrimonio Nacional)


