MADRID / Monteverdi parodiado

MADRID / Monteverdi parodiado

Madrid. Auditorio Nacional. 23-II-2021. Les Arts Florissants. Director: Paul Agnew. Obras de Monteverdi, Frescobaldi, Merulo y Luzzaschi.

El hombre propone y Dios dispone… Les Arts Florissants deberían haber concluido anoche la integral de los madrigales de Carlo Gesualdo que han venido interpretando en los tres últimos años dentro de la programación del Centro Nacional de Difusión Musical (CDNM). Pero las restricciones de movilidad existentes entre Reino Unido y España aconsejaron, hace tres semanas, cambiar el programa, dado que los miembros del grupo en este proyecto residentes al otro lado del Canal de La Mancha (Miriam Allan, Hannah Morrison, Sean Clayton y Edward Frint) tenían realmente complicado salir de allí en las fechas previstas. Así pues, el Sexto libro de Gesualdo tendrá que esperar a mejor ocasión. Como sustitutivo, Paul Agnew (que, aunque británico, no tenía esos problemas de desplazamiento, ya que él reside en París), elaboró otro programa centrado en Monteverdi. Pero no en el Monteverdi habitual, sino en el parodiado.

Aquilino Coppini fue un compositor y letrista italiano que, mientras estuvo al servicio del cardenal Federico Borromeo (entre 1607 y 1609), se especializó en las contrafacta sagradas de madrigales seculares, especialmente, en los de Monteverdi y, más en concreto aún, en los de los Libros tercero, cuarto y quinto (recordemos: la Contrarreforma está en ese momento en su apogeo). Pero Coppini no solo se ocupó de cambiar el texto, sino que también se preocupó de retocar algunos aspectos de la música, pues, en su opinión, estos madrigales de Monteverdi necesitaban pausas más largas y ciertos retrasos, al objeto de dotarlos de mayor dramatismo. Agnew recurrió a la edición de esta Musica tolta da i madrigali di Claudio Monteverdi […] e fatta spirituale da Aquilino Coppini realizada por el musicólogo y director de coro Jeffrey Skidmore, el mismo que dejó al borde la quiebra al sello discográfico Hyperion cuando, hace dos décadas, consiguió que un tribunal de Londres la reconociera como derechos de autor la edición que había realizado de un tedeum de De Lalande.

Agnew, que en esta vez no cantó y se limitó a dirigir, únicamente pudo utilizar, de ese núcleo gesualdiano al que me refería antes, a la mezzosoprano Mélodie Ruvio (la cual se ha venido alternando en el proyecto con Lucile Richardot), quien, además, fue la encargada de leer, junto al tenor brasileño Marcio Soares Holanda, unos textos introductorios en español antes de cada bloque (mejor ella que él en este cometido, tanto por entonación como por pronunciación), que, dicho sea de paso, no aportaban nada. Entre bloque y bloque, el codirector de Les Arts Florissants optó por incluir varias piezas instrumentales (dos tocatas de Frescobaldi y otra de Merulo, así como la Fantasia a quattro sopra “Ave Maris Stella” de Luzzaschi), interpretadas al órgano positivo por Florian Carré.

La música de Monteverdi es maravillosa, pero estos madrigales (sobre todo, los de los Libros cuarto y quinto) no son siempre fáciles de deglutir. Los nuevos textos de Coppini no mejoran ni mucho menos el trabajo monteverdiano. Más bien, lo empeoran (Guarini era mucho Guarini, a qué engañarnos). Por otro lado, acostumbrados a la perfección mostrada en la integral gesualdiana por Les Arts Florissants, esta plantilla ad hoc (tres sopranos, dos mezzosopranos, tres tenores y dos bajos), formada por gente joven salida del semillero de William Christie, nos pareció que no alcanzaba el nivel de la otra plantilla. Se notó cierta falta de rodaje (tampoco ayudó la separación interpersonal anti-Covid en la ubicación de los cantantes), aunque el resultado en líneas generales fue satisfactorio. Realmente es de agradecer que, en medio de estas circunstancias adversas, Agnew encontrara una solución de emergencia para evitar la cancelación el concierto. Y, además, una solución imaginativa, porque no creo que sea frecuente en adelante volver a escuchar las contrafacta de Coppini.

Nota: Por si acaso alguien no está al tanto, contrafactum (en plural, contrafacta) es el término latino correspondiente a contrafacción, es decir, la sustitución en la música vocal de un texto por otro sin cambios sustanciales en la música. Con ligeros matices, viene a ser sinónimo de parodia y de paráfrasis.