MADRID / María Dueñas: esplendor del talento emergente

MADRID / María Dueñas: esplendor del talento emergente

Madrid. Auditorio Nacional.22,23 y 24 enero 2021. Torres: El triunfo de Baco, Bruch: Concierto n.1 en sol menor op.26, Sibelius: Sinfonía n.5 en mi bemol mayor op.82. Orquesta Nacional de España. María Dueñas, violín. Director: Jaime Martín.

He escuchado el Concierto n.1 en sol menor de Bruch a muchos grandes violinistas y lo conozco a fondo, porque hasta lo toqué aseadamente de estudiante, pero rara vez lo he escuchado con la rotundidad y emoción con que lo sirvió María Dueñas en su concierto con la Orquesta Nacional. La jovencísima violinista granadina se ha convertido en poco tiempo en una artista de talla mundial. La técnica y afinación son infalibles, cosa que ya demostrara en sus actuaciones con Paganini, pero además exhibe sonido amplio, rotundo, y muy hermoso y toca con una garra y vigor capaces de emocionar (¡qué hondos pasajes sobre la cuarta cuerda después de demostrar la infalibilidad virtuosa de la primera!) Si nada se tuerce, tenemos en este talento emergente a una primerísima figura. La ONE, que, pese a pandemias y toda clase de rigores, está tocando muy bien, la acompañó con seriedad conducida por Jaime Martín, quien, tras desarrollar una excelente carrera como flautista, está demostrando ahora sus cualidades de director. Estas las ratificaría luego en su versión de la Sinfonía n.5 en mi bemol mayor op.82 de Sibelius.

Jesús Torres (1965) es sin duda uno de los más sólidos valores de la composición española actual. De él se tocaba El triunfo de Baco, una de las piezas de Tres pinturas velazqueñas con la que ganó el Premio AEOS de 2015. Gran oficio de escritura y gran poder de evocación de un ambiente sin necesidad de recurrir a una puntual descripción, que resaltó porque además se tocó muy bien. Las curiosas notas al programa, y a lo mejor algunas expresiones de su  autora, nos lo intentaban presentar como un antivanguardista, casi como un reaccionario, cosa que desde luego no es. Puede que esté alejado, como ahora muchos, de la vanguardia clásica (que se ha convertido en vanguardia estándar), pero se olvida a menudo que la modernidad dio paso a una postmodernidad (de la que, por cierto, ya se está también saliendo) que tiene sus propios criterios de vanguardia pues, por definición, vanguardia es toda obra que nos sea una copia y aporte algo personal y nuevo. Y Torres lo hace cumplidamente. En todo caso, el concierto era un canto al talento musical español, un talento emergente pero deslumbrante como el de María Dueñas, otro consolidado, pues no es ningún novato, como el de Torres y un director que se abre paso como Jaime Martín. Eso, sumado a la calidad y buena entrega de la Nacional deparó un concierto muy notable, de esos que pueden recordarse porque aquí y allá surgió eso que a estas alturas es tan difícil como la verdadera emoción musical.