MADRID / Lina Tur: un torbellino de virtuosismo y poesía pasa por el FIAS

Madrid. Basílica de San Miguel. 26-III-2025. Festival Internacional de Arte Sacro de Madrid. Musica Alchemica. Lina Tur Bonet, violín y dirección. Vivaldi: Cuatro estaciones Opus 8 Nos. 1-4, conciertos RV 93 y RV 424, obertura RV 739.
Musica Alchemica nos brindó un concierto absolutamente memorable que permanecerá en el recuerdo de todos los afortunados asistentes, que disfrutaron de lo lindo y casi se frotaban los ojos para cerciorarse de que lo que escuchaban era real, esa capacidad de reproducir toda la riqueza de la escritura vivaldiana con tintes casi cinematográficos de una asombrosa Lina Tur y su fantástico grupo.
Comenzó el concierto con la Obertura de La verità in cimento RV 739, un buen aperitivo para lo que habría ser la velada, su armonioso movimiento lento sacó las virtudes de unos inconmensurables Jadran Duncumb con su archilaúd, Marco Testori con el violonchelo y Lina Tur con su maravilloso violín. A continuación llegó el Concierto para violonchelo en Si menor, RV 424, con un Testori estelar que abordó el virtuoso Allegro inicial con gran destreza sobre el tejido orquestal de Tur Bonet, Valero Losito (violín), Natan Paruzel (viola) y Matteo Messori al clave. Testori realizó una lectura muy poética del movimiento Largo con una interpretación llena de melodiosidad junto al siempre imaginativo bajo continuo de Duncumb y unas buenas figuraciones de Messori. El Allegro final fue también despampanante con un violonchelo y archilaúd sobresalientes.
Jadran Duncumb que ya había sobresalido con el bajo continuo nos mostró toda su maestría en su papel solista en el Concierto para laúd en Re mayor RV 93, con una interpretación llena de virtuosismo e imaginación musical junto al resto del conjunto. Interpreto de manera exquisita y con refinada gracia el movimiento lento, con un sentido mágico del tiempo y un color muy bello de su instrumento, sobre las diversas varias configuraciones que se dan en el concierto, con el lento tañer de los violines y esa alternancia de pizzicatos en el bajo continuo.
De ahí en adelante ya fue todo una demostración de la destreza apabullante de Lina Tur y su grupo con las Cuatro Estaciones, donde la violinista nos mostró las mil facetas que puede lograr con su asombroso violín, Aunque sea una obra muy manida, lecturas como las que nos brindó Musica Alchemica nos redescubren toda la cantidad de asombrosos recursos y efectos que encierran estas brillantes páginas de Vivaldi y nos hacen mirar a ellas con los sentidos abiertos, como ya comprobamos en su magnífica e iluminadora grabación en el sello Glossa
En el Allegro de la Primavera, pudimos disfrutar de una fuerte imagen pictórica donde la partitura es desvelada, retirando cualquier pátina, que como en un cuadro el tiempo hubiera depositado, y escuchamos el espléndido diálogo de Tur Bonet con los violines de Timoti Fregni y Valerio Losito, lleno de una gama descriptiva de los sonidos de la naturaleza que Vivaldi quiso ilustrar.
El siguiente movimiento nos sorprendió con el descarnado sonido de la viola y un juego de los violines donde la expresividad poética del pathos se acentuaba por todos lados. Como en el resto de la velada, impresiona toda la gama asombrosa de ornamentaciones con la que es capaz de interpretar Lina Tur, siempre en su lugar pero siempre sobresaliente, sacando algo más de la música de una manera altamente poética. Su naturalidad hace sencillo lo que tiene un mérito enorme, pues no en vano es una de las mejores violinistas barrocas. Para finalizar este primer concierto, pudimos disfrutar de ese aire rústico de la danza marcado por la entrada del violonchelo y el expresivo movimiento siguiente.
El aire denso del Verano nos iluminó con el sabio virtuosismo de Lina Tur que lució unos enérgicos golpes de arco, en su tiempo justo, con fuerza, poesía, pero no precipitación, junto a los siempre estupendos Duncumb y Testori. Después pudimos disfrutar de la bellísima ornamentación en el Adagio, con las notas suspendidas en el aire y la acentuación de los efectos. El virtuosismo arrebatador llegó con el espléndido Presto final
En el Otoño disfrutamos nuevamente de esa imagen casi cinematográfica que nos transmitió Musica Alchemica, que nos trasladó a un ambiente de reminiscencias campestres, a la vendimia y la borrachera. Esta música cuando es tan bien interpretada deslumbra en toda su inmensa riqueza, que es a menudo eclipsada en interpretaciones menos trabajadas. Una cadencia de Messori nos llevó desde un hipnótico Adagio hasta el espectáculo del Allegro final.
El aire gélido y descarnado del Invierno, con unos efectos impresionantes nuevamente del arco de Lina Tur y del conjunto con Testori y Duncumb nuevamente brillantes, nos llevó a través de estos expresivos y enérgicos pasajes. De propina, nada menos que el Grosso Mogul donde Lina Tur volvió a mostrarnos su virtuosismo deslumbrante y su gracia musical, al que acompaña siempre con una alegría elegante en su forma de moverse en el escenario, grácil y llena de expresiva alegría. Un concierto memorable e irrepetible en ese marco incomparable que es la Basílica de San Miguel.


