MADRID / Lina Tur Bonet, la reencarnación de Biber

MADRID / Lina Tur Bonet, la reencarnación de Biber

Madrid. Auditorio Nacional (Sala de Cámara). 21-X-2021. Ciclo Universo Barroco. Musica Alchemica. Directora y violín: Lina Tur Bonet. Obras de Biber, Pandolfi Mealli, Westhoff y Muffat.

Hace justo un año, el 29 de octubre de 2020, Lina Tur Bonet y Musica Alchemica comparecían en el Auditorio Nacional de Música para ofrecer un memorable concierto en torno al Stylus Fantasticus, con obras, entre otros, de Castello, Cima, Pandolfi Mealli, Weichlein y Buxtehude. En aquella ocasión ya señalábamos que, pese a lo infrecuente que es hoy día en las salas de conciertos, el Stylus Fantasticus constituye uno de los periodos más fascinantes de la música y, más concretamente, de la historia del violín. Surgió en el siglo XVII, en el norte de Italia, desde donde llegó a una Europa Central devastada por las guerras, las hambrunas y las plagas (en eso, guarda ciertamente similitudes con la situación que vive la sociedad actual). Era como un grito de libertad y rebeldía: aquellos músicos tan desbordantemente imaginativos habían tenido que bajar al infierno en que se había convertido Europa para ascender después al cielo de la música.

Lina Tur Bonet es artista residente esta temporada en el Centro Nacional de Difusión Musical, del que Musica Alchemica es también grupo residente. Para iniciar la andadura, la violinista ibicenca nos ha regalado otro exquisito menú de Stylus Fantásticus, esta vez con el más genuino representante del mismo como plato principal: Heinrich Ignaz Franz von Biber, con tres (las nº 3, 5 y 6, esta última, en scordatura) de una colección de ocho sonatas para violín y bajo continuo que el compositor bohemio publicó en 1681. Completaban el programa dos sonatas de Giovani Antonio Pandolfi Mealli (La stella y La cesta), dos piezas de Johann Paul von Westhoff y la deliciosa Sonata para violín y clave nº 1 en Re mayor (1677) del saboyano de origen escocés Georg Muffat.

Los elogios vertidos hace un año han de repetirse a la fuerza ahora. El desbordante entusiasmo del público también ha sido el mismo. Y eso que la protagonista llegaba al Auditorio Nacional con una fuerte tendinitis en la muñeca, que la ha tenido a maltraer en los últimos días. Diríase que Tur Bonet es la reencarnación de Biber. Y no solo por afinidad en cuanto a su amor por el violín y por la electrizante forma de tocarlo (sirva como ejemplo el bis, en el cual Tur Bonet se subió al órgano de la Sala de Cámara y tocó —descalza— al mismo tiempo el violín y el pedalero de dicho órgano, tal y como hacía Biber en sus conciertos cuando quería epatar a la audiencia), sino también por diversas coincidencias familiares que no vienen ahora al caso.

Escucharla y verla tocar es todo un espectáculo, pero Lina Tur Bonet cuenta con otra gran virtud: saberse rodear siempre de excelentes colaboradores. En ese caso lo fueron el violagambista Ronald Martín Alonso, el tiorbista Jadran Duncumb, el contrabajista Andrew Ackerman (que también tocó el violone), el clavecinista y organista Adriá Gràcia y la arpista Sara Águeda (con un arpa doppia italiana y con un arpa gótica de arpiones, que no debería diferir mucho del arpa davídica que todavía se utilizaba en algunas regiones de Austria y Alemania en tiempos de Biber).

Lo único malo del Stylus Fantasticus (y de Lina Tur Bonet) es que uno siempre se queda con ganas de más.

(Fotos: Rafa Martín)