MADRID / La precoz madurez de Arielle Beck

Madrid. Sala Fernando de Rojas. 18 mayo 2025. Círculo de Cámara. Arielle Beck, piano. Obras de Bach, Schubert, Schumann Y Mendelssohn.
Tocar el piano exige inicialmente una competencia técnica extraordinaria que no está al alcance de cualquiera que lo estudia. Interpretar al piano es todavía más difícil, pues exige un conocimiento y profundización en los estilos, técnicas y expresiones que exigen una madurez que no solo dan los años. Por eso muchos pianistas de carrera precoz se quedan en el camino, cosa que no me parece que vaya a ocurrir con la parisina Arielle Beck que, con quince años cercanos a los dieciséis, exhibe ya una carrera con premios importantes y actuaciones en lugares de primera. Su presentación en Madrid la ha hecho en el ciclo “Círculo de cámara” del Círculo de Bellas Artes, que dirige con el acierto habitual Antonio Moral. Éxito rotundo y merecido con un programa muy comprometido.
Se iniciaba con la Suite inglesa nº 2 en La menor BWV 805 de Bach, una obra que exige técnica clara y ágil, pero para la que no basta poner la tricotosa barroca a funcionar, sino que está dotada de un sentido formal de amplia construcción que se basa por igual en lo contrapuntístico que en lo armónico. Voces, respuestas, ciclos estructurales, todo debe ser expuesto que extraordinaria claridad y además estar dotado de alma expresiva. Beck la abordó con una gran nobleza y perfección en la que Bach lucía plenamente.
La Sonata nº 14 en La menor D 784 de Schubert es una obra notablemente dramática compuesta en circunstancias vitales complicadas que se reflejan en la música y la pianista demostró que se puede comprenderlas y expresarlas independientemente de haberlas vivido o no. Hizo una versión muy notable de una obra que tiene exigencias técnicas, pero sobre todo interpretativas. A sensu contrario, la Sonata nº 1 en Fa sostenido menor op. 11 de Schumann es una pieza impregnada de sentimiento amoroso juvenil que la pianista supo expresar en el punto justo de expresión que necesita y con el virtuosismo que revela a la virtuosa para que fue escrita, Clara Wieck, futura Clara Schumann.
Las Variaciones serias en Re menor op. 54 de Mendelssohn es de esas piezas que, perteneciendo a la cumbre creativa de un autor, suelen ser soslayadas por los intérpretes porque implican cierta incomodidad. Ello acontece porque, pese a tener un decidido marchamo romántico, la obra señala la profunda admiración e influencia sobre él tenía Bach. Aquí hay que construir, dejar que la estructura se convierta en forma y que esta exprese sin ser descripción, pero si emoción. Todo junto no es nada fácil y Arielle Beck lo consiguió con naturalidad y muy buen hacer. Además, se saltó la pausa anunciada y realizó todo el programa de un tirón. Era un esfuerzo más para intérprete y público, pero que se agradece desde la inmersión musical a que nos llevó adornada por una propina schubertiana.
Éxito grande y merecido, pese a su juventud es una pianista ya hecha. Posiblemente, estas obras las tocará de manera distinta dentro de unos años. Pero eso no querrá decir que las vaya a tocar mejor, sino que tendrá otra madurez que esta brillante madurez en la precocidad. Y dudo mucho que sea de las que se extravían por el camino pues ya ha avanzado el trecho suficiente para no tener retorno.
Tomás Marco


