MADRID / La Orquesta Nacional y Gemma New: cuatro músicas soñadas

Madrid. Auditorio Nacional. 7 noviembre 2025. Juan Floristán, piano. Orquesta Nacional de España. Directora: Gemma New. Obras de Fernández Vidal, Copland, Gershwin y Rimsky-Korsakov.
Se abría el programa semanal de la Orquesta Nacional de España con el estreno absoluto de una obra de encargo de la compositora balear Carme Fernández Vidal (1970) titulada Se sueña que se está soñando, según una cita de Eugenio Trías que provoca una introspección psicológica en la memoria musical de la compositora, que transfigura sus propias experiencias sonoras en materiales cambiantes muy bien estructurados y con un sentido muy agudo del timbre. Tiempo, memoria y sueño se dan cita en una pieza que transcurre por derroteros formales interesantes y que nos da la idea del buen sentido creativo de esta autora. No es que, como en Goya, el sueño de la razón produzca monstruos, sino que el sueño sonoro es una gran fuente de inspiración y logra un ambiente que está cercano a una estética surrealista, algo extremadamente difícil de obtener en música y que aquí funciona con naturalidad. Digamos que la Nacional la interpretó con la máxima entrega y que la directora Gemma New la había estudiado a fondo y la realizó con toda seriedad. New es neozelandesa, aunque su escuela es americana, tiene gestos muy amplios, facilitados por unos brazos muy largos, y no carece de una técnica que aplicó a un programa variado y en general brillante.

De su ballet Primavera apalache, Aaron Copland extrajo una suite que es bastante diversa en intenciones, pues si el ballet apelaba argumentalmente a la gran depresión, la suite es como un sueño de la naturaleza en la que desfilan las grandes extensiones de la cordillera, los montes, cascadas y la fuerza del estallido vital de la primavera. La obra posee su propio color y fue expuesta con claridad y atractivo por New y la orquesta.
George Gershwin también soñó. Soñó que era posible un jazz sinfónico y lo puso en práctica incluso con una ópera. Y no dejaba de ser un sueño, pues él no era un músico de jazz sino un autor de canciones de Broadway. Su Rhapsody in blue es un brillante sueño de concierto clásico pasado por el jazz y es brillante, virtuoso y de éxito. Más que de jazz primigenio de una lejana Nueva Orleans, estamos ante una obra profundamente neoyorquina. Aquí fue interpretada por quien es uno de los mejores pianistas españoles del momento, Juan Floristán, quien realizó una actuación impresionante de técnica, musicalidad, sonido y capacidad de comprensión. Fue realmente increíble y el éxito no le fue regateado, ya que las aclamaciones se sucedieron y tuvo que ofrecer un bis. En este caso un Momento musical de Schubert.

Dice la tradición que, en una escala en Cádiz del barco militar en el que navegaba, Nicolai Rimsky-Korsakov compró el Cancionero de Inzenga, aunque otra versión sitúa la escala en Asturias, ya que la mayoría de los temas españoles que utiliza son asturianos. No importa mucho, porque Rimsky escribió su brillante Capricho español como una obra que no pretendía ser española sino usar esos temas. Él era nacionalista ruso, pero con otros folklores producía un nacionalismo de postal pintoresca que, sin embargo, logra trascender, porque se trata de música muy bien hecha y extraordinariamente brillante. El Capricho español es español en la misma medida que Scherezade es árabe. Pero es música efectiva y de gran calidad. Obtuvo una versión extrovertida y sonora en la que cada uno de los solistas de la orquesta brillaron con altura, con especial mención para los sensacionales solos del concertino Miguel Colom. Ni siquiera en sus peores versiones la obra deja de tener éxito, y aquí, en una que sin duda era buena, tampoco se le escatimó. Y los distintos sueños musicales tuvieron una realización de gran altura.
Tomás Marco
Foto: Rafa Martín


