MADRID / Kafka y Kurtág: lo asombroso en escena

MADRID / Kafka y Kurtág: lo asombroso en escena

Madrid. Museo Reina Sofía (Auditorio 400). 18-X-2021. Series 20/21 del CNDM. Kurtág, Fragmentos de Kafka. Anu Komsi, soprano. Sakari Oramo, violín.

Se trata, en efecto, de fragmentos, de secuencias sueltas de Kafka. Provienen de sus escritos no destinados a publicarse en vida; eran piezas privadas, cartas, fragmentos de diarios, apuntes, reflexiones, aforismos. Cualquier información que busquemos nos dirá que Kurtág compuso este ciclo de cantos a lo largo de los años, estimulado por una psicóloga, Marianne Stein que, según él, le salvó la vida. Debió de inducirle también —puesto que era psicóloga especializada en cuestiones artísticas y comportamientos de artistas— a eso que llamamos ‘buscar el propio camino’. Kurtág lo encontró en la obra o pieza breve, sugerente, intensa. Por eso, cuando se habla de Kurtág, se habla de Webern, que fue para Kurtág y para muchos otros un ejemplo, más que un estudio de gramáticas. La gramática era la del serialismo, qué lejos queda eso; pero el ejemplo es el que preconizó Webern: “Non multa, sed multum” (No muchas cosas, sino mucho). Que la sombra sugiera el árbol sin necesidad de detenerse en describirlo. Tratemos la sombra, que lo sugiere.

Si Webern es la tensión en la brevedad, Kafka es, sobre todo, la pesadilla. Fragmentos de Kafka,  formada por cuarenta cantos, es una especie de obra teatral en la que el argumento se deduce de los múltiples personajes que requiere cada uno de los cuarenta textos que Kurtág plantea en un solo recital de una hora de duración. Los cantos son siempre breves, pero algunos son fugaces. Los cantos casi siempre tienen línea (melódica, digamos), por mucho que se quiebre, disminuya, se convierta en exclamación e incluso grito, por mucho que descienda hasta lo inaudible. A veces creemos estar en el Pierrot lunaire; sin tímbrica, claro, pero sí en la línea, mas tal sensación es efímera, no sé si unas veces es cita y otras es coincidencia de estéticas, porque Kurtág, que no es neoclásico, ni mucho menos, echa mano del pasado musical con citas y mímesis conocidas, y no fácilmente identificables en una sola audición; Bach y Schumann se invocan siempre que se trata de este ciclo vocal, y alguno de los títulos hacen referencia. Otras veces creemos oír algo semejante de las piezas que Luciano Berio compuso para Cathy Berberian, como Recital I for Cathy o la Sequenza V. Podrían citarse otras referencias, porque Kurtág contiene citas con las que crea y hasta historia y ensayo.

Otra referencia es Beckett, no tanto el autor de Esperando a Godot, La última cinta o Fin de partida (que Kurtág ha convertido en ópera hace unos años, y aquí se ha comentado) como el de las piezas fugaces, como la brevísima Vaivén o las piezas para la radio. Pero Beckett es una inspiración, un modelo como pueda serlo Webern, y después de todo sus obras largas (nunca son largas, en rigor), excepto Esperando a Godot, parecen formarse a través de fragmentos, incluso células; y hasta en Esperando a Godot hay alguna de esas piezas breves, absurdas, como el monólogo de Lucky. Da la impresión de que Fragmentos de Kafka admite de buena gana el absurdo beckettiano.

El canto tiene siempre un violín como fondo, como subrayado, como adversario; no se puede decir que se trate de acompañamiento, aunque a veces tenemos la tentación de considerarlo así. La soprano Anu Komsi y el violinista Sakari Oramo dieron el lunes 18, en la Auditorio 400 del Museo nacional Centro de arte Reina Sofía un recital memorable. Komsi domina todo el registro, incluso el belcantista. Sí, en ocasiones Komsi recurre a procedimientos belcantistas, y no porque lo añada a lo compuesto por Kurtág, sino porque el belcantismo ha recorrido la obra vocal y operística de mucha música compuesta en el siglo XX, y aun hoy. ¿Acaso no era Lulu, entre otras cosas, un papel con importante componente de belcanto?

La línea del violín es, en comparación, deliberadamente pobre, pero necesaria. Es música para oír, sí, pero no tiene completo sentido sin verla. Es música para ver, para ver, por ejemplo, la relación entre soprano y violín, que en algunas ocasiones (como cuando calla la voz y el violín queda solo) se llega al humor después de haber pasado por diversos grados de dramatismo o de introspección.

El asombroso concierto de Anu Komsi y Sakari Oramo despierta el apetito por esta obra que conocíamos mal debido a que no la veíamos. Ahora no puedo decir que la conozca bien; ahora puedo decir que no la comprendo realmente, que me faltan no solo datos e idioma, es que me falta también entendimiento. Fragmentos de Kafka es una obra asombrosa. Lástima que todavía no la comprenda del todo. No me pongo humilde, es que en una vida tan larga ves a algunos ponerse en ridículo.

En YouTube tienen ustedes tres o cuatro versiones íntegras, y otras parciales, que pueden calmarles a ustedes, y a mí mismo, el apetito y la sed de comprensión. Quién sabe.

(Foto: Rafa Martín – CNDM)