MADRID / Jone Martínez y Lucía Caihuela deslumbran en la inauguración del FIAS

Madrid. Basílica de San Miguel. 6-III-2025. Festival Internacional de Arte Sacro de Madrid. Jone Martínez, soprano; Lucía Caihuela, mezzosoprano. Il Fervore. Jesús Merino, violín y dirección. Generación 1700: obras sacras de José de Nebra y Francisco Hernández y Llana e instrumentales de Rodríguez Monroy.
Una vez más nos reencontramos felizmente con una nueva edición de ese regalo del cielo que nos brinda casi milagrosamente cada año Pepe Mompeán y la Comunidad de Madrid que es el Festival Internacional de Arte Sacro (FIAS), que se inauguró con un concierto de obras españolas inéditas de la segunda mitad del siglo XVIII a cargo de la magnífica agrupación de Il Fervore.
Como en las últimas ediciones, los conciertos se desarrollan en una gran parte en la magnífica Basílica de San Miguel, joya barroca madrileña, gracias a la generosa contribución de sus rectores. Entrar en esta basílica en el FIAS es recordar a nuestro añorado Eduardo Torrico, que tenía una predilección muy especial por este gran festival.
A partir del tercio del siglo XVIII la corriente galante que se gestó en Nápoles con compositores como Porpora, Hasse, Leo o Vinci inundó toda Europa y fue pronto demandada en todos los teatros de ópera, las iglesias y en las cortes europeas. La monarquía española no fue una excepción y ese barroco galante, con cierto retraso, fue el modelo de los autores españoles de la generación que nos ocupa en el programa del concierto dedicado a cantatas sacras de los compositores José de Nebra y Francisco Hernández y Llana. Todas las obras han sido interpretadas por primera vez en tiempos modernos gracias a la recuperación de los musicólogos de Ars Hispana, Raúl Angulo y Antoni Pons .

De José de Nebra interpretaron dos cantatas inéditas. La primera es una cantata al Santísimo denominada A la mesa de un rey, una obra muy galante incluso para Nebra, con una sucesión de recitativo, un aria más dulce de ida y vuelta con la orquesta, otro recitativo y un aria de bravura final. La interpretó Jone Martínez, que es la mejor soprano barroca en la actualidad sin lugar a dudas: es una delicia y un placer inmenso siempre escucharla cantar porque es un dechado de virtudes. Su emisión limpia y llena de corporalidad, la naturalidad de todo su registro y la gran proyección de su bello timbre siempre con unas articulaciones distinguidas, o la elegancia con la que abordó las destacables coloraturas de la pieza final con una ornamentación exquisita. Su presencia en escena es siempre elegante, hermosa y natural.
La segunda cantata de Nebra fue Oh, profesión dichosa, que estaba destinada a un uso procesional y , al parecer, es una parodia con texto distinto y con nuevos recitados de la cantada al Santísimo Entre cándidos, bellos accidentes. La interpretación corrió a cargo de Lucía Caihuela, que en los últimos años ha desarrollado toda la gran potencia en cerrada de su voz de mezzo de manera brillante, con un canto espléndido lleno de cuerpo que nos deleitó muy especialmente en el aria lenta de su cantata, con una calidez de su voz y un control del registro excepcionales.
Las dos Cantatas a dúo al Santísimo de Hernández y Llana interpretadas son de una calidad excepcional. La primera cantata Amantes afectos fue interpretada de manera muy brillante con una orquesta de cuerdas y dos trompas, con una aria con violín especialmente bonita. Las dos cantantes tienen además una química muy especial, magnífica, y sus voces se conjugan de una manera sobresaliente con una excelente proyección sobre el brillante sonido de la orquesta con las trompas. También fue excelente la interpretación de la segunda cantata, Risueña fuente, donde el dúo de cantantes fue igualmente espléndido, así como la orquesta.
El concierto se completó con dos sinfonías inéditas atribuidas a Ramón Rodríguez Monroy, violinista, violonchelista y contrabajista de la Real Capilla. La Sinfonía V en Fa mayor y la Sinfonía IV en Do mayor de su colección Sei sinfonie a tre stromenti et corno ad libitum (1766), unas composiciones se brillante sonoridad y con un carácter casi preclásico que fueron interpretadas con esplendor por la orquesta y las dos trompas, tocadas por Federico Cuevas y Vicent Serra de manera impecable durante todo el concierto. Todos los instrumentistas estuvieron a gran nivel, desde los primeros violines — a cargo de Jesús Merino, Andrés Murillo y Vadym Makarenko— hasta la excelente cuerda pulsada del gran Miguel Rincón o el estupendo clave de Julio Caballero.
Manuel de Lara
(fotos: Ana Yñañez)


