MADRID / ¡Joé con la JONDE!

MADRID / ¡Joé con la JONDE!

Madrid. Auditorio Nacional. 13-I-2020. Joven Orquesta Nacional de España. Director: Lutz Köhler. Obras de Fernández-Barrero, Liszt y Shostakovich.

Propongo un cambio de nombre: la JONDE (Joven Orquesta Nacional de España) debería llamarse la JOE, porque… ¡joé cómo tocaron el pasado lunes 13 de enero! Sí, sí: ¡joéééé, joé, joé, joéé…! Si se hubiera tratado de un estadio de fútbol en lugar del Auditorio Nacional, seguramente que así es cómo los aficionados enfervorizados hubieran jaleado a su orquesta tras el concierto. Entérense españoles: tienen ustedes una Joven Orquesta Española (JOE) que ya quisieran muchos países para sí, con un nivel que también para sí quisieran muchas orquestas profesionales. Sin duda el trabajo de José Luis Turina durante casi veinte años ha dado un exquisito y delicioso fruto. Y eso que el concierto empezó con un fallo técnico que cernía un nubarrón sobre los anfiteatros de la Sala Sinfónica: por alguna razón no se pudieron imprimir los programas de mano y el inconveniente se palió imprimiendo unos folios con escaso texto de letra minúscula.

El programa de concierto estaba dividido en dos partes. La primera con el Nocturno sinfónico del joven compositor residente de la JONDE Marcos Fernández-Barrero y Les Préludes S. 97 de Franz Liszt; la segunda, con la Sinfonía nº 5 en Re menor op. 47 de Dmitri Shostakovich. A la cabeza de la orquesta estaba el experimentado director alemán Lutz Köhler [en la foto], cuyas enormes manos y alta estatura llamaban la atención desde el primer anfiteatro. La batuta de Köhler desprendió seguridad y buen hacer durante todo el concierto. Y los jóvenes músicos de la orquesta parecieron estar muy compenetrados con este director, a quién mostraron su agradecimiento aplaudiéndole al final del concierto.

El Nocturno sinfónico de Fernández-Barrero —obra ganadora del IX Premio de Composición AEOS-Fundación BBVA— consta de dos partes: Somnolencia y Pesadilla. Y damos fe de que esas dos palabras reflejan fielmente el contenido de la música. En palabras de Fernández-Barrero, esta obra “está inspirada en el mágico y misterioso mundo de los sueños. Es un reflejo de los personajes fantásticos e imágenes volátiles que, tras el último descanso nocturno, suelen quedar mermados en el olvido de la mañana siguiente, ocho horas después”. Esta partitura de 2017 refleja la dilatación del tiempo, ese lento tictac del reloj nocturno, con un intervalo de quinta que aparece con diferentes ritmos a lo largo de este peculiar nocturno sinfónico. La obra fue muy aplaudida y Marcos Fernández-Barrero subió al escenario a saludar al público cuando la JONDE terminó su interpretación. Les Préludes de Liszt sonaron como debían sonar: lucidamente románticos. Y con ellos nos fuimos al descanso.

En la segunda parte del concierto con la Sinfonía nº 5 de Shostakovich, la JONDE demostró su excelente calidad artística. Fue una interpretación digna del dramatismo y riqueza tímbrica de la obra de Shostakovich. ¡Todo un Shostakovich de lujo! Donde había dramatismo, hubo dramatismo.  Donde había fuerza, hubo fuerza. Donde había folclore, hubo folclore. Los solos de clarinete y fagot en el segundo movimiento Allegreto fueron fantásticos. De hecho, el público aplaudió al terminar este segundo movimiento. De las cuerdas de la JONDE salió el más bello de los lirismos en el tercer movimiento Largo. Y la obra concluyó apoteósicamente con una magnífica interpretación del Allegro non troppo en la que resplandeció la sección de percusión. Una orquesta entusiasmada y excelentemente conjuntada. El público —muy variopinto, por cierto— así lo reconoció con una gran ovación y prolongado aplauso al cual Lutz Köhler y los jóvenes músicos de la orquesta correspondieron con una propina, magníficamente interpretada, que encajaba perfectamente en el fervor del público: Orgía de las Danzas fantásticas de Joaquín Turina. Ante este orgiástico final solo cabe jalear a esta joven orquesta: ¡Joéééé, joé, joé, joéé! ¡Viva la JONDE! ¡Viva la JONDE!