MADRID / Isabel Villanueva: el vuelo de la viola

Madrid. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. 21-XI-2023. Isabel Villanueva, viola; Leonor Salinero, piano. Obras de Mariné, González Acilu, Lanchares, Seco de Arpe, Panadero y Vázquez Silva.
Isabel Villanueva es una gran solista de viola que está desarrollando una amplia carrera internacional. Posee un sonido hermoso, una técnica irreprochable y una versatilidad interpretativa que hace que la viola vuele, cante y exprese con voz propia y arrebatadora. Domina plenamente el repertorio, pero no desdeña incursiones importantes en el territorio de la música actual, en el que también se emplea fondo como lo ha demostrado el impresionante concierto matinal ofrecido en el COMA 23, el Festival de Música Contemporánea de Madrid, en dúo con Leonor Salinero, una pianista de enorme mérito con la que realizó un concierto variado, difícil y de rara calidad.
Empezaban con Mercè…Mercès de Sebastián Mariné (1957) un músico de reconocido talento que ofrecía una obra muy bien trabajada, una ofrenda expresiva que no le impedía desarrollar un programa de lenguaje y estructura de primer orden. Luego hubo el estreno póstumo de una pieza de Agustín González Acilu (1929-2023), el gran compositor recientemente fallecido, el Dúo para viola y piano, que data de 1995 y desde entonces se ha mantenido incomprensiblemente sin estrenar cuando se trata de una de las mejores obras nunca compuestas en España para esa combinación. Perfecto diseño formal, técnica avanzada, hondura musical y gran atractivo sonoro son cualidades que acompañan a una composición que no es una mera especulación sino música de categoría que se escucha con atención y se aprovecha estéticamente y más en una versión tan convincente como la ofrecida por este dúo. La viola canta, interroga, afirma y su vuelo se entreteje con una escritura pianística de lo más interesante,
Para viola sola, y ya con algunos años de vida, es ¡Espera, luz, espera! de Santiago Lanchares (1952), una obra secuenciada en torsos sonoros con la cualidad poética y sensible que suelen tener las obras del este singular creador palentino. Una emoción genuina que traspasa y se entrelaza con las proposiciones técnicas. Y estreno absoluto era Diálogos op. 75 de Manuel Seco de Arpe (1958), donde el intercambio de materiales y un peculiar sentido de la belleza sonora consiguen una obra tan novedosa como atractiva aunque, desde luego, hay que hacerla con la perfección interpretativa y el vuelo musical que le confirieron las dos intérpretes.
Si el quehacer artístico de Isabel Villanueva fue esplendoroso, no le fue a la zaga el de Leonor Salinero que se enfrentó al estreno de una obra para piano solo de reciente creación, Metamorphosis de Juan Carlos Panadero (1961) que no es en absoluto una obra de circunstancias sino un amplio fragmento pianístico que abunda en las técnicas actuales y que no está al alcance de todo el mundo. La pianista la ofreció con una rara perfección que iba desde las sonoridades más tenues hasta los momentos de fuerza. Compositor y público tuvieron la suerte de contar con una interpretación de alta valía.
Como final, una obra de la compositora Ana Vázquez Silva (1970), 9 musas que empieza con un texto sobre las musas clásicas, que la viola lee entrelazado con sonoridades pianísticas, para luego ofrecer cuatro movimientos de buen lucimiento instrumental en el que la viola vuela y expresa en total sintonía con el piano. El COMA está demostrando este año que cuando hay buenas obras, por modernas que sean, y se tocan con intérpretes de primera magnitud, el éxito está más que asegurado pues el concierto lo tuvo y grande. Isabel Villanueva y Leonor Salinero han volado muy alto. No es fácil llegar a esas regiones.
Tomás Marco
(foto: Constancio Hernáez)


