MADRID / Francesco Corti dirige con elegancia una espléndida ‘Pasión según San Mateo’

Madrid. Auditorio Nacional. 25-III-2024. Schmitt, Evangelista; Debus, Jesús; Kasper, soprano; Jaroussky, alto; Wilder, tenor; Wolf, bajo. Zürcher Sing-Akademie. Orquesta Barroca de Friburgo. Francesco Corti, dirección. Bach: Pasión según San Mateo.
Nos las prometíamos muy felices con esta Pasión según San Mateo donde Francesco Corti dirigía a una orquesta tan brillante y fina como es la Freiburger Barockorchester, a un coro excepcional y a unos solistas a priori excelentes, y bien que el excelente director supo sacar partido con semejantes mimbres. La dirección de Francesco Corti fue en general espléndida y sacó brillo con la elegancia que le caracteriza a esta música maravillosa, con gran expresividad y un sonido lleno de ricos matices. Ya desde el coro Kommt, ihr Töchter pudimos disfrutar de un sonido esplendoroso, con una orquesta de brillante precisión y un coro de armoniosa excelencia, con una dirección rica en dinámicas, contrastes y un buen uso del rubato, con unas intenciones casi siempre acertadas por parte del director.
Si bien esa fue la tónica general durante el concierto, donde Corti usó casi siempre todos los recursos al servicio de esta música imponente, con atención a sus significados y la expresión de sus afectos, dolor o regocijo, recogimiento o grandiosidad, también es cierto que en ocasiones en Corti prima la teatralidad, porque es un director con unas dotes excepcionales para la ópera, y en su afán por dotar de contraste, vivacidad y dinamismo a la música, a veces pasó por alto elementos retóricos muy importantes en la escritura de Bach. Por ilustrarlo con un ejemplo, en el recitativo Erbarm es Gott! se fue a unos tiempos muy rápidos que no se corresponden con la figuración rítmica que refleja los azotes y los golpes de la flagelación, por lo que perdió todo su sentido, y lo mismo ocurrió en el aria que le sigue, Können Tränen meiner Wangen, donde sigue el motivo de los golpes, a la vez que la aceptación alegre del sentido de esa tortura, muy bien expresada en este caso por Jarousski, que nos mostró que su gran técnica y buen gusto siguen todavía presentes, aunque lógicamente algo ya mermados.
Otro momento donde lo presuntamente virtuoso se comió al significado retórico musical fue en el aria Geduld, wenn mich falsche Zungen, donde el bajo de viola da gamba debe tener todo el protagonismo, por ello Bach nos trae a un instrumento ya entonces en franco desuso, para expresar la paciencia en uno de los dos motivos que desarrolla y el revuelo de los acusadores en el otro, a la manera humanizada que ese instrumento puede, y la pobre viola da gamba de Mime Brinkmann fue completamente tapada por el continuo de un absurdo órgano positivo con un registro muy sonoro y demasiado ligero, tocado de forma descontrolada por Torsten Johann, a la manera de un Koopman ornamentado, y que de esa manera desfiguró el aria. Tampoco el tenor Zachary Wilder respondió adecuadamente, con un canto excesivamente ligero y operístico, donde a pesar de su excelente voz no supo entender el carácter y las muchas sutilidades de esa pieza, como ciertos melismas en palabras clave que fueron así desdibujados. Todo ello nos muestra, sin entrar en algunas otras pequeñas decisiones menores, algo efectistas, que a pesar de la buena intención de querer dotar de esplendor y dinamismo a la música, no se debe descuidar el lenguaje y la retórica.

El coro de la Zürcher Sing-Akademie tuvo una precisión en la polifonía y una riqueza armónica realmente prodigiosas, con un sonido muy sutil y trabajado, con muchas microdinámicas y extremadamente elegante y expresivo con el significado del texto. Su interpretación de los corales llegaba al alma, con un uso muy inteligente de toda la retórica musical, mientras que la mayoría de sus coros fueron muy expresivos. Un ejemplo de ello lo podemos ejemplarizar en el coral de cierre de la primera parte, Mensch, bewein dein Sünde groß, con la parte adicional de soprano in ripieno, con unas texturas maravillosas del coro donde ilustraron perfectamente la figura musical del sollozo, donde suben y descienden las voces por tesituras, con el definitivo ascenso de las sopranos y un final maravilloso lleno de matices que nos invitó a la reflexión.
Para la ocasión, el coro dispuso de tres voces por parte, es decir doce cantantes por cada uno de los dos coros, pero sin disponer de fuerzas adicionales para el coro de soprano in ripieno. En el coro de apertura de la obra, Kommt, ihr Töchter, cuando nuestros oídos todavía trabajan para acostumbrarse con las acústicas de estas salas grandes, nos dio la clara impresión de ser un coro brillante pero con un sonido demasiado pequeño, bien es cierto que además tuvieron que asumir el tercer coro con los mismos miembros. Más adelante, ya en el coro Ja nicht auf das Fest, fueron mostrándonos sus virtudes, con mayor fuerza sonora y un canto lleno de ricos matices con plena atención al lenguaje. Sus intervenciones fueron a veces más delicadas y sutiles, otras veces con mayor intensidad y fuerza, como mostraron en las diversas apariciones del Coral de La Pasión, o como en la representación de unas turbas muy expresivas.
La Orquesta barroca de Friburgo es un ejemplo de brillantez y de absoluta precisión, sigue siendo una de las mejores orquestas barrocas del mundo. Los dos concertinos de cada coro, Gottfried von der Goltz y Péter Barczi, estuvieron espléndidos tanto en la gestión de sus orquestas como en los momentos brillantes de sus arias. La disposición de las cuerdas fue de 6/2/2/1 en cada orquesta, con el orgánico indicado por Bach de dos oboes (en sus tres modalidades) y 2 traversos por orquesta, más dos flautas dulces —que no escatimaron a pesar de su corto papel—, una viola da gamba, dos órganos, con un continuo enriquecido además con un fagot por coro. En las manos de Corti, nos ofrecieron un sonido esplendoroso y brillante.

Otro de los grandes triunfadores del concierto fue sin duda el excelente tenor Maximillian Schmitt en su papel de Evangelista, sencillamente magistral. Schmitt tiene una voz de tenor ligero pero con bastante cuerpo y una rica paleta de matices y colores, como nos mostró en la parte más poética y lírica de alguna de sus intervenciones o en la fuerza casi irritada en otros momentos, con las que caracterizó sobresalientemente a su Evangelista. En suma, nos llevó por un sinfín de estados de ánimos, con gran maestría en su línea de canto y con unos diálogos excepcionales con el resto.
Yannick Debus hizo un Jesucristo muy convincente con su corpulenta voz de barítono y una excelente proyección, con mucha seguridad y afinación en los registros medios y agudos y unos fraseos impecables. Su Jesús tuvo presencia escénica, con gran atención a lo diálogos, con una técnica excelente y adecuada a su papel.
Junto a Schmitt, otro de los triunfadores de la velada fue el bajo-barítono Andreas Wolf, que ya nos había dejado excelentes impresiones en otros conciertos en Madrid. Tiene una voz poderosa, con un control preciso y excepcional de los armónicos, como nos mostró en una hermosa Gerne will ich mich bequemen. Posee una gran flexibilidad en su voz con una excepcional línea de canto y una afinación impoluta como apreciamos en la vívida Gebt mir meinen Jesum wieder, como Judas, con el brillante solo para violín a cargo de Péter Barczi, concertino de la segunda orquesta. También resultó excepcional la calidez y profundidad con la que abordó Komm, süßes Kreuz, con la excelente viola da gamba de Brinkmann y, esta vez sí, con un continuo adecuado.
Jaroussky nos mostró el buen músico que es y, a pesar de estar ya en el ocaso de su carrera solista, todavía conserva su buen gusto y una técnica exquisita como nos mostró en una conmovedora Erbarme dich, mein Gott, junto al expresivo violín de Gottfried von der Goltz, o en el aria Buß’ und Reu, junto a los dos magníficos traversos, con una buena proyección y fraseos, aunque con una afinación más inestable que aquella exquisita de antaño. También destacó en el dúo con la soprano, So ist mein Jesus nun gefangen, junto a la gran finura del coro, unos tiempos muy marcados y buenos contrastes de la dirección. En el aria con coro Ach, nun ist mein Jesus hin se notaron algo más sus limitaciones presentes, aunque nos trajo después una hermosa Können Tränen meiner Wangen, con su fiato todavía excelente y su enorme sensibilidad.
El tenor norteamericano Zachary Wilder tiene una voz de bello color y una excepcional proyección sonora, capaz de una gran expresividad dramática. Aunque ya hemos visto que en ocasiones su vena operística se mostró en exceso, y algo fuera de estilo, también tuvo intervenciones emocionantes como en el recitativo O Schmerz!, con unas penetrantes e inquietantes parejas de flautas dulces y de oboes da caccia, y en el aria con coro que le sigue, Ich will bei meinem Jesu wachen, en diálogo con el magnífico oboe de Josep Domènech y un Wilder excelente, con su expresivo fiato y unos fraseos deliciosos junto al coro magnífico de la Zürcher Sing-Akademie.
La soprano Kateryna Kasper nos dejó sensaciones encontradas, pues tiene unas dotes excepcionales, con un timbre realmente bello y una voz de cierta carnosidad con una facilidad de canto pasmosa, emotiva y lírica. Sin embargo, su canto no terminó de adaptarse a la retórica y al lenguaje bachiano de la Pasión, y se mostró a menudo algo fuera de estilo, sin acabar de dosificar la potencia de su voz y la línea de canto, como en el aria Ich will dir mein Herze schenken, junto a los dos oboes d’amore, donde se mostró poco sensible y con una energía casi wagneriana, o con el dramatismo no del todo bien reflejado del aria Blute nur, du liebes Herz, dónde no acabó de encontrar el tono adecuado. Mucho mejores fueron su prestaciones en el aria Aus Liebe will mein Heiland sterben, en bello diálogo con el delicado traverso de Daniela Lieb, y esos oboes da caccia que plasmaron perfectamente el desasosiego del momento.
Francesco Corti nos ofreció, en suma, una de las mejores interpretaciones de la Pasión según San Mateo de los últimos años en Madrid, dirigida con la elegancia que le caracteriza.
Manuel de Lara


