MADRID / FOCUS 3: El neoclasicismo en México en el piano de Noelia Rodiles

Madrid. Fundación Juan March. 15-V-2026. Noelia Rodiles, piano. Obras de Ortiz, Bal y Gay, Orbón, Scarlatti, García Acot y Prieto.
La tercera sesión del Festival Focus pasó a la Fundación Juan March con un concierto titulado “Neoclasicismos en México” y desarrollado por la pianista Noelia Rodiles, una de las figuras más relevantes del piano español de su generación; su carrera es ya importante gracias a una técnica impecable y a una gran comprensión estética que le permite abordar sin problemas diversos estilos, como demostró aquí en un complejo programa que desgranó a la perfección. Llamaba la atención la estructura del propio recital, llena de simetrías y correspondencias internas, que empezaba y acababa con Gabriela Ortiz, y en donde Scarlatti terminaba la primera parte y empezaba la segunda.
Gabriela Ortiz (1964) no es ni pionera ni exiliada ni tampoco creo que neoclásica, aunque sí mexicana. Pertenece ya a una generación posmoderna que hereda el saber hacer de la modernidad de sus maestros, en su caso el gran Mario Lavista, y lo expande hacia una intertextualidad (incluso intermusicalidad) donde casi todo vale si se hace bien. Ella lo consigue, más cerca de su maestro en Patios serenos, y más propia de la época siguiente en Su-Muy-Key o en el dinámico Preludio y Estudio nº 3 que cerraba la sesión y en el que Rodiles estuvo particularmente brillante porque la obra se presta a ello.
Curiosa simetría en la mitad de ambas partes, la de una pareja de exiliados que compusieron, no demasiado, en México, pero lo hicieron aseadamente. Jesús Bal y Gay (1905-1993) y su esposa Rosa García Ascot (1902-2002). El primero con las tres piezas de Hojas de álbum y la segunda con las cuatro de Petite Suite. Son obras de una honesta sencillez que no carecen de atractivo y que sí pueden calificarse de tendencia neoclásica sin forzar nada. La presencia de Domenico Scarlatti se justifica por el interés con el que el neoclasicismo español contempló su música; afirmación que, sin ser falsa, resulta muy matizable. Aquí estaba representado por la Sonata en Fa menor K 466, que terminaba la primera parte, y la Sonata en Mi mayor K 380 que abría la siguiente. Además, una lenta y otra rápida. Noelia Rodiles las interpretó con mucho estilo y limpieza.
Pero en mi opinión la mayor sustancia del programa la poseían las obras centrales de cada parte y que eran respectivamente de Orbón y Prieto. Julián Orbón (1925-1991) fue un asturiano que se exilió a La Habana, donde ya había vivido antes, tras la guerra civil, y llegó allí a dirigir el Conservatorio. Seguidor de Castro, rompió pronto con él y vivió en Estados Unidos y Venezuela y uno dudaría en considerarlo español o cubano o simplemente iberoamericano. En todo caso pasó una época neoclásica y luego fue influido por su maestro tardío Aaron Copland. La Sonata para piano data de 1947 y es una obra amplia y compleja, en la que el neoclasicismo lleva hacia una escritura especulativa con música de gran capacidad constructiva pero notablemente dura, hasta el punto de que, siendo tonal, resulta más difícil de tocar y escuchar que otras piezas que no lo son. Cuatro movimientos muy sólidos constituyen un esfuerzo amplio de identidad que podríamos sentir como panamericana con brotes hispánicos. Muy bien entendida y servida por la pianista, fue un punto clave de la jornada.
El otro punto central serían las Doce variaciones tonales de María Teresa Prieto (1896-1982), una obra muy interesante de esta excelente compositora asturiana transferida, más que exiliada, a México. La obra es de 1964 y aparece bajo la sombra de Bach, tal vez por la fuga final, pero yo diría que no menos bajo la del Beethoven de la Variaciones Diabelli. Piezas muy estrictas, totalmente lapidarias, en una condensación constructiva notable y que, aunque evidentemente son tonales, también muestran como un negativo de lo extratonal, más que de lo atonal. En todo caso música valiosa que también la pianista interpretó muy bien. Y así, el tercer concierto del festival Focus de este año fue muy interesante en todos los órdenes, incluso en el de riguroso estudio que Elena Torres escribe en el programa. Éxito para todos.
Tomás Marco
(fotos: Dolores Iglesias Fernández / Archivo Fundación Juan March)


