MADRID / Flirteando con la perfección

MADRID / Flirteando con la perfección

Madrid. Capilla del Palacio Real. 6-III-2020. Armelle Morvan, soprano. La Bellemont (Pavel Amilcar, violín; Sara Ruiz, violas da gamba bajo y soprano; Calia Álvarez, violas da gamba bajo y soprano: María Alejandra Saturno, violas da gamba bajo y tenor; Ismael Campanero, contrabajo y violone; Rafael Muñoz, archilaúd; Laura Puerto, órgano). Obras de Johann Sebastian Bach, Johann Nicolaus, Hanff, Franz Tunder, August Kühnel y Johann Christoph Bach

El Festival de Arte Sacro de Madrid (FIAS) se ha caracterizado en sus tres últimas ediciones dentro su apartado de música antigua (que cuantitativamente viene a ser más o menos la mitad del festival) por alcanzar un grado un grado de excelencia que ni los más optimistas del lugar habrían sido nunca capaces de imaginar. Pero dentro de esa excelencia, pocas veces se ha estado tan cerca de la perfección como en el concierto que ofreció el pasado viernes La Bellemont, grupo de cámara que parecía únicamente destinado, por su nombre y por la especialización de sus miembros, a rivalizar con los propios franceses en el Barroco francés. Sin embargo, esta propuesta, centrada en Bach y en algunos músicos germanos anteriores a la generación del Kantor de Leipzig, nos ha dejado a todos descolocados: La Bellemont es igual de buena con lo alemán que con lo galo.

El programa mostraba un amplio panorama de la riqueza que en la música sacra vocal había alcanzado la Alemania de la Reforma, en contraste con aquella Europa pacatamente católica que llegó al máximo extremo de degradación musical con los mandatos del Concilio de Trento (máximo extremo en aquel momento, claro, porque exactamente cuatro siglos más tardes vendría el Concilio Vaticano II y acabaría dándole el tiro de gracia a la música). Compositores como Johann Christoph Bach, Franz Tunder, August Kühnel o Johann Nicolaus Hanff (por no mencionar también a los grandiosos Dietrich Buxtehude y Johann Pachelbel, sin representación en este concierto) no solo balizaron la senda por la que unos años más tarde transitaría Bach, sino que dejaron asombrosas muestras de su inagotable talento. ¡Qué maravilloso el salmo Ich will den herrn loben allezeit de Hanff! ¡Qué sublime el Kirchenlied de Franz Tunder Wachet auf ruft uns die Stimme, varios de cuyos motivos serían más tarde tomados —y enriquecidos— por Bach para su cantata homónima!

¿Y Bach? De Bach no escuchamos aquí ninguna obra vocal, pero sí dos estupendos arreglos para consort de violas (con acompañamiento de órgano de cámara, el de Laura Puerto) de Rafael Muñoz —el laudista de La Bellemont— de dos obras bachianas para órgano de coro: la Fantasie und Fugue en Sol menor BWV 542 y la Passacaglie und Fugue en Do menor BWV 582. El violinista Pavel Amilcar (a falta de quintón, bueno sea un violín) y las violagambistas Sara Ruiz, Calia Álvarez y María Alejandra Saturno estuvieron inconmensurables. Es cierto que la música de Bach es tan magnífica que lo soporta casi todo, pero transcripciones tan certeras como esta contribuyen incluso a mejorarla.

Todo el conjunto instrumental (a los nombres ya mencionados, añadamos el del propio Muñoz al archilaúd y el de Ismael Campanero, al contrabajo y al violone) estuvo soberbio, pero seguramente quien más brilló en esta inolvidable velada palatina fue la soprano Armelle Morvan, que cantó con una precisión, un sentimiento, una delicadeza y una belleza vocal difícilmente superables. Terminada de formar en estos últimos años en San Sebastián bajo el siempre docto magisterio de Maite Arruabarrena, la joven soprano nantesa es ya, sin la menor discusión posible, una de las grandes voces barrocas de nuestros días. Tendremos ocasión de escucharla de nuevo el 2 de abril junto a Los Afectos Diversos, en el concierto de clausura del FIAS (si el tiempo y el coronavirus no lo impiden, por supuesto).