MADRID / El Cuarteto Quiroga y la Ilustración española

MADRID / El Cuarteto Quiroga y la Ilustración española

Madrid. Real Jardín Botánico. 9-IX-2021. Ciclo Sabatini2021. Cuarteto Quiroga. Obras de Boccherini, Brunetti y Canales.

La Ilustración ha sido, sin duda, el periodo en el que el ser humano ha mostrado más inquietud por atesorar saberes y por explorar cosas nuevas. Y no solo eso, ha sido quizá también el más decidido intento por racionalizar todo cuanto nos rodea, incluido nuestro propio comportamiento. Tal vez los resultados no fueron todo lo deseables que cabría esperar, pero en algunos ámbitos —el de las artes, por ejemplo— no se ha superado todavía lo que se consiguió entonces. Como los españoles nunca hemos sido capaces de apreciar lo que tenemos ni lo que hemos sido, y como somos en especialistas en desdeñar nuestra historia, es probable que jamás lleguemos a admitir que el Madrid del siglo XVIII fue uno de los principales centros de aquel proyecto renovador que se dio en llamar El siglo de las luces.

En aquella centuria —sobre todo, en la segunda mitad—, la capital de la todavía vastísima Corona española fue un hervidero de personajes ilustrados, que llegaban de todos los rincones de Europa para aportar aquí su ciencia: pintores, arquitectos, músicos, astrónomos… Uno de ellos fue el palermitano Francesco Sabatini (1721-1797), principal artífice de edificios y monumentos como el Palacio Real, la Puerta de Alcalá, la Puerta de San Vicente, la Iglesia de San Francisco el Grande o el Hospital de San Carlos (actual Conservatorio Nacional de Música). Sabatini llegó a Madrid, de la mano de Carlos III, en 1760. Ese mismo año también aterrizó aquí un músico italiano llamado Gaetano Brunetti (1744-1798), quien hasta el final de sus días sirvió a los monarcas borbones; primero a Carlos III y más tarde a Carlos IV. Luigi Boccherini (1743-1805) se instaló hacia 1768 en la capital de España, a donde había llegado por su amor a una cantante, Clementina Pellicia, con la que terminaría casándose y teniendo seis hijos. No resulta aventurado suponer que Sabatini, Boccherini y Brunetti no solo coincidieron en Madrid, sino que trabaron una cierta amistad.

Se cumple este año el tercer centenario del nacimiento de Sabatini, y eso ha dado pie al Ayuntamiento de Madrid (tan refractario siempre a todo lo que tiene que ver con la cultura y, muy especialmente, con la música clásica; da igual que esté regido por peperos, por socialistas o por podemitas) a organizar un pequeño ciclo de conciertos, a celebrar en algunos escenarios en cuya construcción intervino Sabatini. El de ayer tuvo lugar en el Real Jardín Botánico, cuyo diseño —además de la puerta principal— se debe a Sabatini. Y qué mejor que hacerlo con música de Boccherini, de Brunetti y del toledano Manuel Canales (1747-1786), otro que también se ganó las habichuelas en Madrid.

El concierto se celebró al aire libre, bajo esos centenarios árboles que han sido testigos de las peripecias de esta ciudad (algunas buenas y otras no tanto, porque Madrid es el crisol donde siempre acaban fundiéndose las dichas y las desdichas de España). Por ello, fue necesaria una mínima amplificación (afortunadamente, la técnica ha avanzado tanto que el sonido que se logra hoy día es tan natural que nadie se daría del artilugio si no le fuera revelada su presencia). Y el protagonismo corrió a cargo del Cuarteto Quiroga, acaso queriendo así poner de relieve que la consolidación del cuarteto como género musical coincidió también con aquel periodo ilustrado, gracias, sobre todo, a dos figuras: Franz Joseph Haydn, en Viena, y nuestro querido Boccherini, en Madrid.

Sonaron, porque no podía ser de otra forma, obras de Boccherini (Cuarteto de cuerda en Mi bemol mayor op. 24 nº 3 G. 191), de Brunetti (Cuarteto de cuerda en Si bemol mayor, L. 185) y de Canales (Cuarteto de cuerda en Sol mayor op. 3 nº 5), pero también, a modo de propina, un movimiento del Cuarteto de cuerda en Do mayor op. 74 nº 1 Hob. III:72 de Haydn, que, paradójicamente, no pertenece a su etapa vienesa, sino a la londinense. En concreto, fue el primer cuarteto que escribió en Inglaterra, a donde llegó en 1791 (lo cual no le hizo abjurar nunca de esos aires húngaros tan frecuentes en su música desde que entró al servicio de la familia Esterházy, y que se constatan perfectamente en este cuarteto).

Si Boccherini, Brunetti y Canales simbolizan aquella Ilustración que vivió España en el siglo XVIII, el Cuarteto Quiroga representa a otra Ilustración, la que vive la música clásica actualmente en España. Por supuesto, no es una Ilustración tan visible ni tan ensalzada, porque, ya se sabe, la cultura en este país no pasa de ser un simple divertimento, del que de vez en cuando se acuerda el político oportunista de turno que aspira a arañar un puñado de votos. Se lo crean o no, la música clásica española pasa por uno de los mejores momentos de su historia. Al menos, en cuanto a intérpretes. Y el Cuarto Quiroga está en la cúspide de la pirámide.