MADRID / El ave fénix de Conrado del Campo

MADRID / El ave fénix de Conrado del Campo

Madrid. Fundación Juan March. 6.I.2020. Conrado de Campo, El pájaro de dos colores. Sonia de Munck, Borja Quiza, Gerardo Bullón, Aarón Martín. Grupo de Cámara de la JONDE. Dirección musical: Miquel Ortega. Dirección de escena: Rita Consentino.

Tras el éxito de Fantochines, Tomás Borrás y Conrado del Campo abordaron en 1929 una nueva ópera de cámara. Pero en un lugar donde ni siquiera tener éxito garantiza nada, El pájaro de dos colores no se estrenó y el músico la reescribió al final de su vida dejándola inconclusa. La Fundación Juan March y el Teatro de la Zarzuela encargaron hace un par de años a Miquel Ortega su finalización y este ha preparado con gran profesionalidad, maestría y creo que respeto máximo la versión que ahora se ha estrenado.

El libreto de la obra es simbolista con ribetes de modernismo, mientras que la música es modernista con tintes simbolistas, ambos abiertos hacia la farsa, todo muy de su momento, pero, como ocurre tantas veces, con una música muy superior al texto. Don Conrado era un gran compositor y armó una trabazón de fondo postwagneriano con una escritura de densidad muy straussiana, sus dos pilares básicos de sustentación estructural, a los que bañó de cierta influencia de la música americana bien filtrada por los cabarets de París y/o Berlín. Pero el resultado no sólo es coherente sino muy personal y en muchos momentos de extraordinaria calidad haciendo que la obra sea importante.

Fue muy bien servida por los cantantes. Sonia de Munck tiene un doble papel de Pájaro/Ella extraordinariamente exigente que resolvió con calidad. Borja Quiza y Gerardo Bullón también se mostraron muy adecuados mientras cobró gran relevancia, como actor, mimo y bailarín, Aarón Martín. La puesta en escena de Rita Cosentino era ágil y atractiva, basada en una escenografía práctica de Carmen Castañón y con un hermoso vestuario de Gabriela Salaverri. El espectáculo resultaba así muy atractivo en su conjunto, aunque, a mi entender, lo mejor sea la música de Del Campo.

El descubrimiento a estas alturas de una obra que merece la pena, nos lleva a ponderar una vez más la importancia de que las obras se estrenen en su momento. Si El pájaro de dos colores lo hubiera hecho así y se hubiera representado de vez en cuando, tendríamos un excelente clásico de nuestra música escénica en nada indigno de otros títulos que se han más o menos mantenido. Pero teniéndola que estrenar noventa años después, nos hemos acercado a ella con un sentido arqueológico que no tenía para los autores y no lo hubiera tenido para los espectadores de su momento, que la hubieran sentido de otra forma y nos la hubieran transmitido depurándola a través del tiempo histórico. Ahora hay que convertir la arqueología en patrimonio. No es fácil, pero la obra merece insertarse en ese patrimonio sonoro que tan escasamente suele prodigarse.