MADRID / Docere, delectare et movere

MADRID / Docere, delectare et movere

Madrid. Fundación Juan March. 5-X-2019. Béatrice Martin, clave. Obras de C.P.E. Bach, Telemann, J.S. Bach, D. Scarlatti y Duphly.

Siempre resulta sugerente un programa dedicado a Carl Philipp Emanuel Bach y a su padrino, Georg Philipp Telemann, cuyas músicas tienen poco que ver entre sí, por más que Telemann naciera barroco y acaba muriendo galante (es lo que tiene haber llegado hasta los 86 años y haber sido un compositor extraordinariamente prolífico). En este recital que servía para inaugurar el ciclo “C.P.E. Bach y el estilo sentimental” en la Fundación March se colaba, además, de rondón el padre de la criatura, Johann Sebastian Bach. Me explico: Bach transcribió para teclado dieciséis conciertos de varios colegas suyos (Vivaldi, Albinoni, Torelli, Alessandro Marcello y Johann Ernst III, duque de Sajonia-Weimar). Unánimemente, estos conciertos transcritos constan como obras de Bach, salvo en un caso: el Concierto BWV 985, cuya autoría nadie osa a arrebatarle a Telemann, pues suyo es el original (Concierto en Sol menor para violín TWV 51:g1) en el que se basó su compadre. Y no acierto a comprender el porqué de esta excepción: si los otros quince son de Bach, este también lo es.

El nuevo ciclo de la March pretende profundizar en ese fenómeno estético que se dio en el norte de Alemania durante las tres primeras décadas de la segunda mitad del siglo XVIII y que es conocido como Empfindsamkeit Stil (Estilo sentimental). El propio Carl Philipp, en su tratado de 1753 Versuch über die wahre Art das Clavier zu spielen (Ensayo sobre la verdadera forma de tocar instrumentos de teclado), daba las claves de lo que pretendía el Empfindsamkeit: la música debía llegar al corazón del oyente y mover sus afectos, para lo cual era imprescindible interpretarla desde el alma. Tal vez Carl Philip pecaba con esta consigna de pretencioso. En primer lugar, porque ya 1.800 años antes un tal Marco Tulio Cicerón había establecido que los tres objetivos del arte de la oratoria debían ser “docere, delectare et movere”, es decir, probar una tesis ante la audiencia, deleitar a esa audiencia y moverla emocionalmente. En segundo lugar, porque parece como si para Carl Phililpp y demás representantes del Empfindsamkeit toda la música que se había hecho con anterioridad a que llegaran ellos no hubiera conseguido nunca emocionar a quien la escuchaba.

Béatrice Martin forma parte de la formidable plétora de clavecinistas franceses de nuestros días, aunque no sea tan conocida como otros. Apenas ha tocado en España, a pesar haber sido durante bastantes años profesora de clave en la Escola Superior de Mùsica de Catalunya (actualmente lo es en el Conservatorio Regional de París y en la Juilliard School de Nueva York). La prueba del algodón para saber si alguien es buen clavecinista sin necesidad de haberlo escuchado previamente es el Concurso de Brujas. Y Martin se impuso en la edición de 1998. Con estos precedentes, su presencia en el remozado auditorio de la Fundación March había suscitado gran expectación entre los entendidos en la materia. Y Martin no defraudó.

Comenzó con Carl Philipp (la bellísima Sonata Wurtenberg nº 1 en La menor H 30 y unas electrizantes Variaciones sobre “Les Folies d’Espagne” H 263); continuó con Telemann/Bach (el antes mencionado Concierto en Sol menor BWV 985 y la Fantasía en Do menor TWV 33:13) y volvió para acabar de nuevo a Carl Philipp (Fantasía en Fa sostenido menor H 300 y Sonata prusiana nº 2 en Si bemol mayor H 25). Por si los oídos del público no pudieran constatar por sí solos la maestría de Martin, una pantalla gigante permitía seguir en todo momento el movimiento de sus dedos. Estamos ante una clavecinista global, que combina a partes iguales técnica, sensibilidad, musicalidad, agilidad —¡qué maravilla el paso de la mano izquierda al teclado superior!—, fraseo y elegancia. Y todo ello, con aparente facilidad. Martin premió a los rendidos espectadores con dos propinas: una sonata de Domenico Scarlatti y la apabullante pieza La Forqueray de Jacques Duphly, representante este último del estilo galante francés que es primo hermano del Empfindsamkeit Stil.

(foto: Geraldine Aresteanu)