MADRID / Diego Ares e Ignacio Prego, genialidad a cuatro manos

MADRID / Diego Ares e Ignacio Prego, genialidad a cuatro manos

Madrid. Iglesia de San Marcos. 18-III-2021. FIAS. Diego Ares e Ignacio Prego, claves. Obras de Mattheson, J.S. Bach y W.F. Bach.

Al contrario de lo que sucede con el piano, en el que son habituales los recitales de dos músicos tocando al alimón, con el clave esta disciplina es de lo más infrecuente, más allá de algún aislado registro discográfico. Por eso, ya de por sí suscitaba interés o, al menos, curiosidad el anuncio del recital dentro del FIAS de Diego Ares e Ignacio Prego (respeto el orden de los nombres que figura en el programa de mano, aunque tanta monta, monta tanto…), en el cual estos dos clavecinistas españoles incluían obras de Johann Mattheson, Johann Sebastian Bach y Wilhelm Friedemann Bach.

No les debió de resultar fácil la selección, habida cuenta de que tampoco hubo en el pasado demasiados compositores que se dedicaran con profusión a esta extravagancia musical (empleo este término en el más estricto sentido barroco). Ya el propio Ares, cuando se dirigió al público entre una pieza y otra, destacó que se trataba de una música cuyo único fin era el de divertir (colijo que la diversión era mayor para los que tocaban que para los que escuchaban), pero en líneas generales las obras escogidas tuvieron calidad, lo cual, tratándose de Bach, puede antojarse una perogrullada.

Diego Ares e Ignacio Prego, Ignacio Prego y Diego Ares, son dos de los clavecinistas más respetados y admirados en el actual panorama no solo nacional, sino internacional. Se lo ha ganado a pulso, aunque no se prodiguen en grabaciones discográficas y aunque, en el caso de Ares, resulte complicado escucharlo en directo en España, ya que ha fijado su residencia en Basilea desde hace años. Tienen varias cosas en común. Por ejemplo, ser más o menos de la misma quinta, haber estudiado con Richard Egarr o su pasión por Bach y Scarlatti, compositores que forman parte de su repertorio más habitual y querido. Nunca habían coincidido, aunque el uno seguía la trayectoria del otro, y el otro, la del uno. “Llevábamos diez minutos en el primer ensayo, y parecía como si lleváramos ya toda la vida tocando juntos”, reconocía Ares pocos minutos antes de comenzar el concierto. Es la ventaja que tienen los grandes artistas: se adaptan a todos y a todo de manera rápida y sin grandes esfuerzos.

Se dio ayer otra coincidencia: ambos tocaron el mismo modelo de clave. En concreto, una copia de Ruckers realizada en Sabiñán por Titus Crijnen. Dos claves gemelos, con la idéntica estética, pero con sonidos muy diferentes (los agudos del de Prego son mucho más brillantes). Esto se entiende por la evolución que este constructor holandés ha ido experimentando con el paso del tiempo: el clave que tocó Ares (propiedad de Alberto Martínez Molina) salió del taller en el año 2002 y el de Ares (propiedad suya) data de 2017. Lejos de ser un problema la diferencia de sonido, fue una ventaja, porque de esta forma ser pudieron percibir con nitidez todos los contrastes.

Las dos de obras Mattheson (una Sonata para 2 claves en Sol menor en un único movimiento y una Suite para 2 claves en Sol menor en cuatro movimientos, Allemande – Courante – Sarabande – Gigue) no pasaron de meras curiosidades. Mattheson fue un buen compositor de óperas, un destacado director y empresario en Hamburgo, y un notable lexicógrafo y teórico musical, pero su música para teclado no termina de deslumbrar. Al menos, le tenemos que agradecer que su mala puntería evitara una de las mayores catástrofes en la historia de la música: su espada, en medio de un duelo pendenciero de juventud, no acabó con la vida de su amigo Haendel porque lo impidió un botón de la casaca de este. ¡Qué habría sido de la humanidad sin la música de Haendel!

Nada que ver con la atronadora belleza —sobre todo, en su movimiento lento — del Concierto para 2 clave en Fa Mayor F.10 (Allegro e moderato – Andante – Presto) de Wilhelm Friedemann Bach, el disoluto hijo del Kantor. Ni, claro, con las dos piezas para clave solo del susodicho Bach padre, tocada la primera por Ares (Preludio Fa Mayor BWV BWV 928) y la segunda, por Prego (Sinfonía en Sol menor BWV).

Lo mejor llegaría a los postres, con el Concierto para 2 claves en Do Mayor BWV 1061a, que rara vez se escucha, pues se prefiere la versión con orquesta (BWV 1061). Es una obra que rezuma italianidad por los cuatro costados y que se podría incluso considerar hermana menor del Concerto italiano BWV 971. En un alarde de técnica y talento, Prego y Ares se complementaron a la perfección y brindaron una lectura antológica, confirmando lo que realmente son: dos de los más grandes clavecinistas de nuestros días.

Ojalá este concierto no se quede una experiencia aislada y el dúo se consolide, pues hay mucho por explorar y por explotar en este repertorio. Y un aviso para los melómanos sevillanos: mañana repiten el programa en el Espacio Turina, dentro de la programación del FeMÀS. No se lo pierdan.