MADRID / Delirivm Musica: Charpentier con acento español

MADRID / Delirivm Musica: Charpentier con acento español

Madrid. Basílica Pontificia de San Miguel. 19-III-2021. FIAS. Delirivm Musica. Director y flauta: Juan Portilla. Obras de Charpentier.

Resulta paradójico que, siendo como es Jordi Savall un consumado y reconocidísimo especialista en el Barroco francés, su ejemplo no haya prendido en España. Es cierto que esta música es extraordinariamente idiomática y que son muy pocos, galos al margen, los que la hacen como se debe. Pero no deja de sorprender el respeto que sigue imponiendo fuera de la propia Francia. Y muy especialmente, en nuestro país, donde hasta hace unos años era territorio poco menos que vedado. Por suerte, ensembles como La Bellemont, Ímpetus o La Reverencia se han atrevido a hincarle el diente, y lo han hecho realmente bien, aunque siempre en ese pequeño formato al que parecen estar permanentemente condenados nuestros especialistas en música antigua. Lo del pasado viernes en el FIAS fue una bendita excepción, porque por fin un grupo español, Delirivm Musica, se despojó de cualquier complejo y se enfrentó sin titubeos a uno de los grandes estandartes del Barroco francés:  Marc-Antoine Charpentier. Y con un orgánico de dimensiones considerables, como tiene que ser.

Dos violines, dos flautas, dos violas da gamba, un violone, un archilaúd, un clave y un órgano, además de cinco voces femeninas y cuatro femeninas. Lo resumo así, para no tener que recurrir a la terminología, no siempre compresible, del Barroco franceses, donde los violines son dessus o haute-contre de violon, las violas da gamba son taille o quinte de violon, y los cantantes no son sopranos, altos, tenores o bajos, sino dessus, bas dessus, haute-contre, taille o basse-taille, y así sucesivamente. En total, diecinueve músicos en una abarrotada Iglesia de San Miguel, y con más casi un par de centenares de personas que se quedaron sin poder acceder al templo por haberse completado el aforo.

La expectación estaba plenamente justificada porque en el programa figuraban el De profundis H. 189 y el Magnificat à 3 voix sur une basse obligée H. 73 de Charpentier, así como dos obras instrumentales más de este compositor, el Pour un reposoir H. 508 (instrumental, pero con pasajes de canto llano) y la Sonate à huit H. 548. Todo absolutamente francés, si bien en la piedra angular del programa, el De Profundis, hallamos una fuerte ligazón española, ya que fue compuesto para los funerales de la esposa de Luis XIV, la reina consorte María Teresa de Austria, hija de Felipe IV.

¡Qué infausto matrimonio! En su lecho de muerte, María Teresa reveló que únicamente había sido feliz un día desde que pusiera los pies en Francia para nunca más regresar a España (se supone que ese día fue el del nacimiento de su primogénito, el Gran Delfín, único de sus seis vástagos que llegó a vivir más de cinco años). Pero es que, además, su destino se fraguó entre negros presagios: el matrimonio con Luis XIV fue uno de los apéndices del Tratado de los Pirineos, firmado en la Isla de los Faisanes, a donde el eterno Diego de Velázquez había acudido en su calidad de aposentador real y en donde el pintor sevillano contrajo unas fiebres a resultas de las cuales murió unas semanas más tarde, ya en Madrid.

De Profundis es, probablemente, una de las obras sacras más importantes de toda la segunda mitad del siglo XVII, en la cual Charpentier despliega su inagotable inventiva, sin privarse para nada de ciertos toques italianos, aquellos de los que se impregnó durante su estancia en Roma, escuchando la música de Giacomo Carissimi o de Domenico Mazzocchi. La interpretación de esta pieza funeraria a cargo de Delirivm Musica rozó el sobresaliente, con un espléndido trabajo de los efectivos vocales, perfectos conocedores no solo del estilo, sino también del deje francés del latín.

El nivel tan espléndido no se repitió en las otras tres obras del programa, quizá porque durante los ensayos Juan Portilla, director del grupo, hizo más hincapié en el De Profundis, dada su complejidad. Pero ello no quiere decir que la interpretación del Magnificat y de las dos piezas instrumentales dejara que desear, ni mucho menos. Es, a fin de cuentas, una cuestión de trabajo. Si disponen del tiempo necesario para preparar una música que les es tan poco familiar, la nueva hornada de músicos españoles ha demostrado que está capacitada para hacerla tan bien como los demás. El problema es que casi nunca disponen, por cuestión presupuestaria, de ese tiempo. Ello no conduce al arranque de esta reseña: acaso no se hace aquí Barroco francés porque se cuenta con los necesarios medios económicos, pero no porque escasee, ni mucho menos, el talento.