MADRID / Cuartetos parisinos de Quentin le Jeune por el Ensemble Brezza

Madrid. Centro Cultural Fernán Gómez. 25-VI-2026. VII Ciclo de Música Antigua de la Comunidad de Madrid. Brezza Ensemble. Sonatas a tres y cuatro partes de Jean-Baptiste Quentin le Jeune.
La tercera jornada del VII Ciclo de Música Antigua de la Comunidad de Madrid estuvo dedicada a la música de Jean-Baptiste Quentin, o, simplemente, Quentin, le Jeune (el Joven, para distinguirlo de su hermano mayor), un violinista que gozó de notable reconocimiento en el París de su tiempo y del que, sin embargo, apenas hay datos biográficos fiables. Incluso sus fechas vitales (1690-1742) se han establecido con exactitud muy recientemente. Se sabe que en 1718 entró a formar parte de la orquesta de la Ópera de París, que veinte años más tarde tocó la viola en el Grand Choeur y publicó su última obra muy poco antes de su fallecimiento. Era su Opus 17, lo que le caracteriza como compositor prolífico de música de cámara (sonatas para violín, sonatas en trío y a cuatro partes —cuartetos, forma entonces en alza—, sinfonías en trío…).
Discográficamente, tampoco ha gozado de gran fortuna. Si nuestros datos no fallan, cuenta solamente con un disco monográfico a cargo de un grupo que adoptó su nombre (Ensemble Quentin le Jeune) y aparecen obras sueltas suyas en otros cuatro o cinco discos, de los que destaca el primero, cronológicamente hablando, aquel mítico LP Conversation Galante de Musica Antiqua Köln (1982), luego reeditado en CD, con contenido ampliado y nuevo título, French Baroque Concertos.
El concierto, pues, tenía el interés de lo que era casi un re-descubrimiento de la mano de un prometedor grupo. El joven Ensemble Brezza, surgido de la Schola Cantorum Basiliensis y repetidamente laureado en certámenes internacionales, lleva ya algún tiempo empeñado en difundir la música de Quentin le Jeune. Se presentaba en esta ocasión como un cuarteto integrado por Pablo Gigosos, traverso y alma del grupo, la ucraniana Yelizabetha Koslova, violín, Marina Cabello del Castillo, viola de gamba y Rafaela Salgado, clave. Y el programa, titulado Cuadratura, para evocar “la idea de equilibrio, estabilidad y perfección” —se decía en las escuetas notas— se concretó en cuatro sonatas procedentes de varios números de opus, siempre precedidas de un solitario movimiento introductorio que daba paso a una improvisación, sucesivamente, de cada uno de los solistas que enlazaba ya con la obra completa seleccionada.
Destacaría, antes de nada, las deliciosas improvisaciones de Marina Cabello, con una viola de gamba de bellísimo timbre y sugerentes armónicos, y de Rafaela Salgado, con un clave, igualmente, de hermosa sonoridad. La música, que, reconozcámoslo, no es de excepcional calidad ni entraña excesiva dificultad técnica —sin duda, pesó en la mente del compositor el aspecto comercial—, sí muestra inventiva melódica, gracia y rica armonía e intercala, como solía ser obligatorio, algunos atractivos movimientos de danza. El Ensemble Brezza —técnicamente impecable, con indudable solvencia estilística y elegante en sus fraseos— se mostró constantemente compenetrado y eficiente en su interpretación, alcanzando ese equilibrio que sugiere el propio título del programa, haciendo que la música fluyera con soltura y calidez y subrayando el ritmo cuando fue necesario. Tal vez no habría venido mal, sin embargo, algo más de picante y arrebatado descaro para hacer brillar más una música que corre el peligro de caer en una gentil languidez.
Un solitario movimiento de los casi coetáneos Cuartetos de París, de Telemann, interpretado como bis —para que sirviera de comparación con lo que hacían otros compositores, se nos dijo—, trajo a primer plano la evidencia de que las jerarquías no tienen por qué ser, como afirmaba aquella bizarra pintada ácrata de finales de los 70 del siglo pasado, como las estanterías, cuanto más altas, más vacías. Con frecuencia, y en este caso con toda certeza, están llenas de contenido. La contundente ovación del público apuntó claramente a aquello de algo tendrá el agua, cuando la bendicen.
Manuel M. Martín Galán
(foto: Rubén Fernández Mendoza)


