MADRID / Cuarteto Julia Fischer: mínimo y grandioso

Madrid. Auditorio Nacional. 24-XI- 2023. Cuarteto Julia Fischer. Obras de Mozart, Janácek y Smetana.
No es arriesgado decir que el cuarteto de cuerdas es como un telar sobre el cual se ha tejido la evolución de la música moderna. Tampoco es casual que haya nacido en el Siglo de las Luces y la razón, proclives a la claridad meditada de las formas y la economía de materiales. Como conjunto, en efecto, nada hay más escueto y, por decirlo en plan metafórico, tan sinfónico.
De algún modo, el programa de esta velada protagonizada por el Cuarteto Julia Fischer es un ejemplo de la tarea cuartetística entre los siglos XVIII y XX, una suerte de breve ejemplo de lo dicho. Si se quiere, una historia sintetizada de la trayectoria armónica de la música, un vaivén entre lo disonante y lo consonante. Se partió del Cuarteto nº 19 en do mayor de Mozart, llamado, justamente, “De las disonancias”, con sus cuatro momentos canónicos y un juego con lo disonante hecho desde el diatonismo más clásico.
El salto fue a dar en el Cuarteto nº 2 “Cartas íntimas” de Janácek, en pleno siglo XX, con su juego basado en las disonancias blandas y duras como elementos de alteración climática. Hay una presencia de los cuatro movimientos preceptivos, pero no desenvueltos ordenadamente sino despiezados, como si intentaran construirse sin hacerlo del todo, acaso contándonos una historia epistolar en la cual se narran pequeñas escenas de vida, ráfagas de existencia, que van y vienen en mínimos trozos de papel con veloces letras y bruscas confesiones. Si Mozart evoca la sonoridad estricta de la capilla profana o la columna de armonía, Janácek consigue hacer sonar su cuarteto como una orquesta sinfónica de bolsillo.
El punto de conciliación es Smetana y su Cuarteto nº 1 en mi menor “De mi vida”, con lo que pasamos del epistolario a la autobiografía. Como lo hará su paisano Janácek, Smetana acude a menudo a los aires y danzas populares de las regiones checas, disueltos entre las exigencias del lenguaje aséptico que malamente llamamos universal porque toda la música lo es. Smetana es prudente y respetuoso de formas y estructuras pero canta como un romántico en vez de hacerlo como el diáfano Mozart o el tortuoso Janácek.
El Cuarteto Julia Fischer está compuesto por su titular como primer violín, Alexander Sitkovetsky en el segundo, Nils Mönkemeyer a la viola y Benjamin Nyffenegger al violonchelo. Es evidente que la titular descuella por su sonido potente, luminoso y virtuosístico, pero sus compañeros no le van en zaga en todo cuanto se pide de tímbrico, expresivo, equilibrado, solístico o complementario. La capacidad sonora de esta familia puede pasar por la miniatura de cámara mozartiana para llegar al impetuoso sinfonismo de Janácek, conciliados en la suave cantinela de Smetana. Queda dicho: todo imponente y magistral, delicado y patético, clásico-romántico-expresionista.
Blas Matamoro
(foto: Elvira Megías)


