MADRID / Cuarteto Ascot: El concierto como estructura coreográfica

Madrid. Teatros del Canal. 27-X-2026. Manuela Mesa Pérez, mezzo. Cuarteto Ascot. Obras de Sánchez, León, Pérez Olea, Freckmann, Mateo Acín y Moreno.
En su amplio recorrido de este año, el Festival COMA ha presentado un espectáculo dedicado al cuarteto con piano, esa formación que es tan clásica como la del cuarteto de cuerda, con o sin piano, y el quinteto, pero menos frecuente. Lo forman la violinista Celia Molina, Esther Fernández (viola), Clara Rivière (chelo) e Irene Comesaña al piano. Todas son excelentes instrumentistas con buena técnica y musicalidad. Concibieron el concierto como la metáfora de un río desde el nacimiento a la desembocadura y lo ilustraron con algunos textos, dichos o en pantalla, acción coordinada y un continuo sonoro en el que las obras tenían individualidad, pero no se aplaudía hasta el final de todas. Era como un bien diseñado espectáculo coreográfico que trascendía la amalgama habitual del concierto.
Las obras, que eran bien distintas, se deslizaron así como algo concebido por una mente organizadora. La primera, el Piano Quartet nº 1 “Ab intus” de Domingo Sánchez (1970), usaba esos rasgos repetitivos que ahora se emplean trascendiendo lo minimalista y mostraba una destreza formal evidente. Siguieron los Dos cuentos de hadas de Jesús Ángel León (1956), respectivamente Nana del sur y Vals para Cenicienta, que se adecuaban a la evocación de los que los títulos presentan. Las generaciones españolas inmediatamente anteriores estuvieron representadas por la nostálgica Trovadoresca de Antonio Pérez Olea (1923-2005).
De la norteamericana residente en Madrid Yvonne Freckmann (1988) se ofreció en estreno absoluto The Flood (La inundación). La compositora, que en otras obras también trata fenómenos de la Naturaleza, se basaba en esta ocasión en los tremendos sucesos de la Dana de 2024 en Valencia con la intención de mostrar también el valor de la solidaridad y de la empatía. La obra incorporaba una mezzosoprano, Manuela Mesa Pérez, que colaboró adecuadamente con el cuarteto.
Las dos obras finales eran también estrenos absolutos. De Luis Mateo Acín (1965) se hizo After the Wind (Tras el viento) que también conecta con los fenómenos naturales y que la coreografía concebida por las intérpretes integraba perfectamente en su contexto. Hay en la obra un muy bien llevado cruce de técnicas que se engloban en la intención general de la estructura y que las intérpretes desarrollaron francamente bien. El otro estreno era de Jonás Moreno (1981) y se tituló Amargo silencio. Son cuatro piezas que tratan el tema del silencio, aunque tienen una importante presencia sonora, pero se trata de ese otro silencio, real o virtual, sin el que el sonido no tiene una existencia relevante. La obra fue tocada, como el resto del programa, con real maestría por parte de las componentes de este cuarteto que tuvieron también esa visión del acto del concierto como una estructura total, una coreografía de tiempos, gestos y espacios que de por sí ya constituían un espectáculo de primordial interés, como bien lo comprendió el público que llenaba la Sala Verde de llos Teatros del Canal. No se puede decir que este año el COMA no haya despertado atención.
Tomás Marco
(fotos: Juan Vicente Chuliá)


