MADRID / Concerto di Margherita inunda de poesía el FIAS

Madrid. Basílica de San Miguel. 8-III-2025. Festival Internacional de Arte Sacro de Madrid. Concerto di Margherita. Obras de Kapsberger, Frescobaldi, Monteverdi, Rognoni, Palestrina, Cima, De Wert, Merula y Victoria.
En el FIAS de hace dos años Concerto di Margherita nos ofreció en su estreno en España uno de los mejores conciertos de todo aquel año 2023, un memorable recital sonoro y visual que dejó una huella profunda de belleza en el alma y alegría en el corazón; ahora, felizmente han vuelto en esta edición, así que la expectativa era muy alta.
Una de las características de esta agrupación es que todos los músicos cantan y tañen algún instrumento a la vez, ambas cosas con gran excelencia, y ello confiere a sus actuaciones de un aura muy singular, si bien la puesta en escena no fue visualmente tan especial como en aquella otra ocasión. El grupo lo formaban Francesca Benetti, quien asume la dirección artística, con voz de soprano y que tocó la tiorba; Giovanna Baviera, que cantó con tesitura de mezzo y tocó la viola da gamba, y Rui Stähelin, con voz de bajo barítono y que tañó el laúd. A ellos se unió nuevamente el tenor Jonathan Alvarado, con su canto y la vihuela, mientras que la novedad fue la presentación del peculiarísimo y sorprendente tenor australiano Jacob Lawrence, que se especializó en Basilea como los demás integrantes del grupo, con un canto sorprendente y una manera de tañer el violín no convencional, donde el instrumento —que tenía factura tardo renacentista— se sujeta de una forma sencilla apoyado sobre el brazo y la caja torácica, como ya hacen algunos otros intérpretes del seicento y épocas precedentes y se puede ver en diversa iconografía histórica.
Encontramos nuevamente esa exquisitez a la hora de abordar cada pieza con variantes en voces e instrumentos, con alternancias en medio de la piezas, e interpretando todo con un gusto improvisatorio, precisión, elegancia y una libertad artística muy acusada. En el global, el repertorio era ligeramente más avanzado en el seicento que en el concierto anterior.

Tras la introducción de la Toccata Arpeggiata de Kapsberger y un aria de Frescobaldi, realizadas de manera exquisita, interpretaron con delicadeza el Dolci miei sospiri de los Scherzi musicali a 3 voces de Monteverdi (1607), con los cinco intérpretes sobre el canto de las dos féminas para, después, abordar con mucha gracia la canzonetta a 3 Si come crescon de Monteverdi, nuevamente con los cinco intérpretes, dos de ellos con sus instrumentos en pizzicato, tres con cuerda pulsada y el canto de las dos mujeres y un tenor.
La interpretación de las disminuciones de Francesco Rognoni sobre el soprano del motete Pulchra es amica mea de Palestrina fue realizada también de una manera muy especial , con la voz de tenor de Lawrence con la técnica del cantar di gorgia, con esa tensión tan expresiva, y cuatro instrumentos, para continuar con el motete original de Palestrina (1587), cantado con gran sensualidad, lleno de cadencias especiales, suspensiones y unos enlaces de extrema delicadeza.
El canto Ego flos campi de Monteverdi (1624) fue también muy elaborado, con las voz de Francesca Benetti y tres instrumentos, aunque el resultado fue algo menos redondo. Quam pulchrae sunt de los Concerti ecclesiastici (1610), de Giovanni Antonio Cima lo interpretaron con 2 voces, Stähelin y Lawrence, junto a la tiorba y la viola de Benetti y Baviera.
El aria Amante lontano dalla sua donna de Biagio Marini fue uno de los momentos más bonitos del concierto, con esa voz tan especial de Jonatan Alvarado, con esa tesitura de tenor alto de precioso timbre y un canto elegante, detallista y expresivo, primero solo con su vihuela y luego acompañado de tiorba, laúd y viola.
Las disminuciones de Giovanna Baviera sobre el Cara la vita mia de Giaches de Wert con la viola da gamba resultaron excelentes, para a continuación abordar el madrigal de Wert con dos voces sopranos y 3 instrumentos, después todos juntos y vuelta a la primera configuración, con ese lenguaje tan exquisito que ha sabido crear el grupo y que creo que es especialmente brillante en esta época precisa, segunda mitad del siglo XVI. Mucho menos interesante, a mi modo de ver, fue la composición propia de Baviera sobre el texto Hor che’l ciel e la terra de Petrarca y que Monteverdi musicó con tanta belleza.

El momento culmen del concierto fue el Possente Spirto que se marcó Jacob Lawrence, con una visión absolutamente peculiar pero apabullante y memorable, una autentica demostración de su arte. Se acompañó de una lira de braccio con la que mantenía la armonía de su canto asombroso aunque lo que tocaba eran otras notas, con un sonido casi rústico pero esencial del instrumento que junto a su canto completó una actuación descomunal que dejó a todo el mundo rendido, solo en unas pocas ocasiones le acompañaron el resto de los músicos recuperando acordes del Orfeo. Para frotarse los ojos, qué audacia y qué excelencia. Tras esa exhibición llegó un reposado T’amo mia vita del 5º Libro de Madrigales de Monteverdi.
También muy sorprendente fue cómo abordó el grupo la Canzonetta spirituale sopra la nanna de Tarquinio Merula, Hor ch’è tempo di dormiré, que comenzó Francesca Benetti al canto, pero que fue turnando la voz con Baviera, y un efectista refuerzo coral que cantaron los otros tres en algunas partes, algo a la manera de lo que sucede en el Lamento della Ninfa, salvando muchas distancias. El resultado era bonito en términos estéticos pero, sin embargo, se desvirtuó el carácter de la pieza que se basa en esas dos notas descendentes y las inflexiones expresivas del canto de la Virgen en su inquietud sobre su hijo. Yo creo que esos juegos bien se pueden hacer con otras piezas más apropiadas para ello sin desvirtuar una obra tan especial cuya belleza singular es el cambio expresivo del solo canto de la soprano. Es decir, crearon un sonido bello pero perdieron el sentido y eso es un peligro que acecha sobre el el grupo y sobre el que deben decidir: si mantenerse en la excelencia o ceder con cosas más efectistas.
La última pieza fue un interesante versión del motete O magnum mysterium de Victoria (1567) que cantaron de manera madrigalística. De propina ofrecieron un vibrante E viver e morire de Falconieri para cerrar una hermosa velada.
Manuel de Lara
Foto: Pablo Juárez


