MADRID / Concerto 1700 nos deleita en el hermoso jardín musical de Alessandro Scarlatti

Madrid. Auditorio Nacional. 24-X-2025. Ciclo Universo Barroco, CNDM. Ana Vieira Leite, soprano. Filippo Mineccia, contratenor. Concerto 1700. Daniel Pinteño, violín y y dirección. Alessandro Scarlatti: Venere e Adone, Il giardino d’Amore (1700-1705).
Justo dos días después de que se cumpliera el tercer centenario de la muerte de Alessandro Scarlatti (22 de octubre de 1725), Concerto 1700 –el conjunto liderado por el violinista Daniel Pinteño– junto a dos cantantes del renombre del contratenor Filippo Mineccia (Venus) y la soprano Ana Vieira Leite (Adonis), evocaron al compositor palermitano con una de las serenatas más exquisitas que compuso en su prolífica carrera, Il giardino d’amore. Una obra nunca interpretada en España que el grupo nos ofreció con una expresividad y belleza cautivadoras que nos trasladaron a un mágico jardín lleno de sensaciones.
La atmósfera de una velada estival, quizás en la Roma o Nápoles de principios del siglo XVIII, era el escenario perfecto para la serenata. Durante el Barroco, este género musical, similar a la cantata pero de más extensión y ambición, pues estaba a medio camino entre la música de cámara y la teatral, reemplazaba a la ópera o al oratorio en los meses cálidos, resonando en el aire al atardecer. Las serenatas eran piezas profanas concebidas para celebraciones de la aristocracia, que se interpretaban al aire libre sin escenografía, pero manteniendo la intensidad emocional propia del teatro musical.
En este contexto de refinamiento cortesano, Alessandro Scarlatti, una figura clave en el desarrollo de las nuevas formas operísticas alumbradas en la capital partenopea, compuso la serenata Venere e Adone, más conocida por el título de Il giardino d’amore (El jardín del amor). Esta obra, una de las cerca de tres decenas de serenatas que escribió en su prolífica carrera, se sitúa cronológicamente entre 1700 y 1705 en lugar impreciso. Scarlatti encontró en ella un espacio ideal para desplegar su sentido del drama, su fantasía melódica, su riqueza armónica y una sensibilidad expresiva para mostrar un amplio rango de afectos y emociones.
El libreto, de autor desconocido, transporta al oyente a la Arcadia para recrear el mito pastoril de Venus (alto) y el semidiós Adonis (soprano). La acción se inicia en el encantador jardín del Amor, precedida por una sinfonía inicial en tres movimientos. Al principio, mientras Adonis busca a su amada, la naturaleza se mantiene misteriosamente silenciosa: los arroyos no murmuraban, las hojas no susurraban y el canto del ruiseñor permanecía apagado. Solo cuando los amantes finalmente se encuentran y cantan en arias y dúos arcádicos, la naturaleza cobra vida, despertando para celebrar su amor, inmortalizando así la fuerza de los personajes y del propio jardín que representa a la naturaleza.

La partitura se articula en veinte números, alternando recitativos, arias y dúos, que plasman el diálogo continuo entre ausencia, deseo y el amor con una intensidad creciente. Scarlatti lleva el modelo de la serenata a un grado de depuración extrema, combinando el refinamiento armónico con una escritura vocal de gran virtuosismo. La orquestación incluye orquesta de cuerdas, bajo continuo, originalmente una flauta sopranino (aunque en sus indicaciones Scarlatti daba la opción de su interpretación con violín, como se hizo en el concierto) y una trompeta con partes muy virtuosas. Instrumentos como el violín y la trompeta tienen destacados momentos solistas, subrayando la dimensión teatral y la ambición de la obra.
La interpretación brindada por Daniel Pinteño dotó a la música de un equilibrio, claridad y una intensa expresividad que honró a la música de Scarlatti, con su dirección elegante desde el primer violín supo transmitir a la orquesta y solistas todo el refinamiento, la retórica y la expresión de los afectos de esta obra, que abordó con un brillante dinamismo y unas articulaciones que iluminaron los emociones cambiantes contenidas en la serenata.
La elegancia natural de la soprano portuguesa Ana Vieira Leite se hizo presente con una interpretación radiante de Adonis donde destacó su exquisita seguridad técnica en la expresión de los afectos y en la exigencia virtuosa de la escritura de Scarlatti, con un canto directo, lleno de expresividad, que exaltó la belleza de la música con una paleta llena de colores y naturalidad pasmosa. Interpretó de manera excepcional la belleza cautivadora del aria de Adone Più non m’alletta e piace (la más brillante de la serenata), con su estilo depurado lleno ya de sabiduría, sus fraseos exquisitos y su control de la línea de canto con un exquisito fiato. Desde su violín, Daniel Pinteño, que eligió la posibilidad ya descrita en la partitura, dialogó con gran finura y destreza con la soprano, mientras el clavecinista Alfonso Sebastian ilustraba el trino cantor pajaril.
La serenata presenta mucha versatilidad en el papel de Adonis y Vieira Leite supo dotarlo de un gran sentido teatral, como en la animada aria Se come dolce e vago, que interpretó con un gran sentido de la articulación y unos fraseos deliciosos; o en el dúo de igual carácter Tanto respira junto a Mineccia, con un bajo continuo muy poderoso donde destacó el expresivo violonchelo de Ester Domingo. En otra aria refinada de gran expresividad, Ah, non mi dir così, la soprano lució unos pianísimos delicadísimos donde resaltó la bella pureza de su voz. Impresionante demostración de su técnica, que es siempre natural y nunca afectada, en la bravísima aria con trompeta Con battaglia di fiero tormento, que interpretó de manera sobresaliente sin vacilar ante algunos pequeños desajustes de Casañ, lo que no es de extrañar dada la endiablada escritura de Scarlatti para la trompeta. Sus coloraturas y sus brillantes agudos dejaron constancia del control impresionante que tiene su canto.

El contratenor Filippo Mineccia encarnó a Venus con una línea de canto llena de sutileza y su inagotable capacidad para transmitir infinidad de ricas inflexiones y cambios de afecto. Su voz homogénea en todo el registro y su timbre carnoso y humano busca siempre la máxima expresividad de la música, incluso la más difícil, con naturalidad y alejándose de cualquier demostración vana de virtuosismo. Su seguridad técnica y su capacidad para dotar a la música de su máxima expresividad, llena de un carácter apasionado, es un realmente una maravilla. En su primera aria Care selve, amati orrori nos mostró su dominio de la retórica de los afectos del lenguaje y de su expresivo fiato, con un control de la respiración y una ornamentación excepcionales, mientras que en el aria de bravura Fugge l’aura, con el protagonismo de un brillante bajo continuo y la intervención de las violines en los ritornelos, exhibió una coloratura elegante, expresiva, sin estridencias, con plena atención a las dinámicas.
Augelletti si, cantate es una aria de gran sensibilidad, trazada sobre el sonido de los violines bajo el pizzicato del resto de las cuerdas, donde Mineccia mostró su gran capacidad de transmitir emoción y su maestría en el control de la emisión de su voz con una sensibilidad inigualable. Otra pieza destacada fue el aria Andiamo, o caro bene, de exigente escritura en el registro agudo para el violín solista, con un solo brillantísimo de un Pinteño plenamente compenetrado con Mineccia, donde volvió a demostrar su capacidad para trasmitir emotividad de manera superlativa, con un carácter de profunda humanidad tan adecuada a la música de Scarlatti. En contraste, muy alegre el dúo final Vieni, vola, con ambos cantantes muy compenetrados en la combinación de los colores de sus bellos timbres y su naturalidad virtuosa.
Daniel Pinteño realizó una dirección atenta y elegante, con mucha atención a los detalles de la rica escritura de Scarlatti y transmitió un gran dinamismo a la orquesta, con carácter pero con una interpretación muy limpia y diáfana. Además de las partes vocales, la serenata tiene unas partes puramente instrumentales muy destacadas que Concerto 1700 abordó con brillantez, tanto en la sinfonía de inicio como en unos excelentes Adagio y Grave intercalados en la partitura. Su sinfonía de apertura es espléndida, con un Allegro de escritura brillante para las cuerdas y una exigente trompeta, un Largo e piano que es una joya de sensibilidad para las cuerdas, con un continuo pregnante, y nuevamente una poderosa trompeta en el tercer movimiento. La escritura para trompeta de la serenata es extremadamente exigente, y eso hizo pasar algunas dificultades al trompetista Ricard Casañ, tanto en la Sinfonia, como en el movimiento Grave y en el aria final de Adonis ya mencionada.
Como propina, el director nos ofreció un dúo del Giulio Cesare de Haendel, Son nata a lagrimar, con una sobrecogedora interpretación que acabó de sumergirnos en este jardín de las delicias. Fue, en resumen, una velada deliciosa, con una orquesta muy brillante y dos solistas tan sobresalientes como dotados de una naturalidad asombrosa para transmitir toda la belleza llena de colores de esta música refinada y expresiva que cobraba vida por primera vez en España.
Como el día 25 de octubre hubiera sido el cumpleaños de mi añorado Eduardo Torrico, no cabría mejor homenaje que estas recientes interpretaciones de música poco frecuente de Alessandro Scarlatti, que él tanto hubiese disfrutado. Y también hubiese sido feliz de que estuvieran en manos de brillantes orquestas de aquí, cuya calidad tanto admiraba y defendía. Felicidades también al CNDM y a su director Paco Lorenzo por ello, quien tampoco olvidó a nuestro querido Eduardo tras el concierto.
Manuel de Lara
(fotos: Elvira Megías)


