MADRID / Collegium Musicum Madrid y la música en tiempos de Leonardo Da Vinci

MADRID / Collegium Musicum Madrid y la música en tiempos de Leonardo Da Vinci

Madrid. Museo del Prado (Auditorio). 9-X-2021. Collegium Musicum Madrid. Director: Manuel Minguillón. Obras de Tromboncino, Dalza, Cara, Des Prez, Obrecht, Narváez, Busnois et al.

La frótola fue la música vocal más popular en la Italia del siglo XV y principios del XVI, hasta que la fuerza irresistible del emergente madrigal la borró del mapa. En la actualidad, la suerte de la frótola no ha mejorado, por lo que rara vez se puede escuchar frótolas durante una actuación en directo. Su situación se agrava aún más en nuestro país, tan poco dado a las probaturas en cuestiones musicales.

Con motivo de la exposición que está teniendo lugar bajo el título de Leonardo y la copia de la Mona Lisa, el Museo del Prado, en colaboración con el Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), ha encargado al especialista en cuerda pulsada Manuel Minguillón, director de Collegium Musicum Madrid, un programa en torno a la música que podría haber escuchado Da Vinci.  Minguillón ha optado por incluir piezas de compositores activos en Milán durante el periodo en que Leonado estuvo en esa ciudad al servicio de Ludovico Sforza y Beatrice d’Este: Bartolomeo Tromboncino, Joan Ambrosio Dalza, Marchetto Cara y Francesco Bossinensis, autor de la pieza Dolce amoroso foco que ha servido para dar título al programa. Pero también de otros coetáneos suyos (Josquin Des Prez, Luis de Narváez, Adam Reiner, Antoine Busnois y Jacob Obrecht) que tuvieron alguna relación con ellos.

¿En qué consistía aquella relación? Pues en la parodia. Frótolas y canciones de unos fueron luego transformadas en misas por otros. Por ejemplo, la anónima canción L’homme armé sirvió de inspiración de Des Prez para su Missa L’homme armé. La canción Mille regretz del susodicho Des Prez sirvió para que Narváez creara una pieza para vihuela que ha pasado a ser universalmente conocida como La canción del Emperador, por lo mucho que gustaba a Carlos I de España y V de Alemania. Minguillón ha dividido todo ello en cuatro bloques, con un formato más o menos rígido, que comienza con una frótola, sigue con una canción y concluye con el movimiento de una misa parodia.

Junto al propio Minguillón han comparecido en el Auditorio del Museo del Prado la arpista Sara Águeda y cuarteto vocal integrado por la soprano Lucía Caihuela, el contratenor Gabriel Díaz, el tenor Víctor Sordo y el bajo Javier Cuevas. El programa ha sido una maravilla, desde la primera hasta la última nota. Quizá sea algo que también se lo vamos a deber a Leonardo Da Vinci, uno de los más grandes genios de la humanidad. Resulta incomprensible que se frecuente tan poco esta música, no ya solo en conciertos, como señalábamos al principio, sino asimismo en grabaciones discográficas. Y no sirve la excusa de que una música es ‘complicada’ de escuchar, porque si algo tienen estas piezas, de sustrato absolutamente popular, es lo bien que entran por los oídos y lo fácil que llegan al corazón.

Pero, ojo, que nadie piense que esa facilidad se hace extensiva a la interpretación. Sobre todo, a la vocal. Hay que poseer una técnica muy sólida y mucho conocimiento del género para afrontarlas y para salir airoso del envite. Con una pulcritud prosódica asombrosa, los cuatro cantantes (tanto en sus intervenciones en conjunto como en las individuales) estuvieron clamorosos, con un acompañamiento justo, equilibrado e imaginativo (algo a lo que, por suerte, ambos nos tienen acostumbrados) de Minguillón y Águeda. Un concierto es esos que tardan mucho en olvidarse.