El último Brahms historicista de András Schiff

BRAHMS:
Klavierstücke, op. 76, Fantasien, op. 116, Drei Intermezzi, op. 117, Klavierstücke, op. 118, Klavierstücke, op. 119. András Schiff, piano. ECM New Series (1 CD)
No hay nadie como Brahms, y cuanto más tardío, mejor. Una vez superado el opus 110, el gran hombre deja atrás cualquier necesidad de agradar o de dar explicaciones. La música fluye con una autoridad inapelable, con una gravedad que posee la fuerza de la naturaleza y trae consigo un consuelo que surge de las profundidades mismas de la tierra.
Cuatro de las siete últimas obras de Brahms fueron escritas para piano solo. Cada colección se divide en piezas breves, muy apropiadas para momentos de tensión y tristeza. Yo las tengo junto al botiquín. También resultan útiles cuando los hijos acaban de marcharse de casa.
En esta nueva grabación, realizada en la Beethoven-Haus de Bonn en marzo de 2021, András Schiff aporta a esta música una serenidad y una seguridad muy de agradecer, en lo que debía de ser ya el decimotercer mes de la pandemia, una época tan cargada de ansiedad como pocas de las que podamos recordar. Schiff interpreta las cuatro últimas colecciones, opp. 116, 117, 118 y 119, junto al opus 76, compuesto dos décadas antes. Si lo que se busca es un placer inmediato y sin reservas, pocas músicas pueden competir con esta.
Mi única objeción tiene que ver con el piano utilizado en la grabación. Schiff ha elegido un Blüthner de 1859, un instrumento que ya contaba con tres décadas de antigüedad cuando se compusieron la mayoría de estas piezas y cuya tecnología para entonces se consideraba superada. Produce un timbre ligeramente amaderado, como el de un puro que hubiera permanecido demasiado tiempo en la caja, además de conferir cierto efecto entrecortado a algunos finales de frase. El oído no tarda en acostumbrarse a ese sonido peculiar, aunque de vez en cuando vuelve a llamar la atención ese tintineo un tanto seco. Por otra parte, yo sigo escuchándolo una y otra vez para comprobar si realmente oigo lo que creo oír. ¿Recuerdan cuando veíamos el snooker, esa modalidad británica de billar, en un televisor en blanco y negro? Pues algo así.
Norman Lebrecht


