MADRID / Círculo de Cámara: Modernidad y clasicismo en torno a Falla

Madrid. Sala Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes. 2-XI-2026. Benjamín Alard, clave y dirección. Obras de Victoria, Sánchez-Verdú, Scarlatti, Bach, Vásquez y Falla.
Hermoso concierto el programado por el Círculo de Cámara del Círculo de Bellas Artes que recogía una idea del Festival de Granada de 2024, último de Antonio Moral, en la que en torno a esa obra maestra que es el Concierto para clave y cinco instrumentos de Falla se articulaban obras antiguas y modernas, así como arreglos modernos de otras anteriores que señalaban la globalidad de la música y su carácter constructivo y expresivo.
Intérprete central era el clavecinista francés Benjamin Alard, que tocaba un clavecín Pleyel de 1950, cedido por el Archivo Manuel de Falla al que se lo había legado Rafael Puyana, y que es lo más cercano que existe al instrumento con que Wanda Landowska estrenó la obra de Falla. Junto a Alard, actuaban cinco extraordinarios músicos españoles que cuajaron una actuación más que sobresaliente. Miguel Colón (violín), Fernando Arias (violonchelo), Álvaro Octavio (flauta), Ángel Luis Sánchez (oboe) y Eduardo Raimundo (clarinete), que no solo son músicos de impecable técnica sino verdaderos artistas capaces de ahondar de la mejor manera en todas las músicas.
El nexo de lo antiguo y lo moderno, según el propio Falla ejemplificaba, lo ponía José María Sánchez-Verdú con un acercamiento al patrimonio sonoro histórico realizado con total conocimiento y sensibilidad, lo que le permite libertad con los textos sonoros pasados y sabiduría con las aportaciones modernas. Su arreglo del Tantum ergo de Tomás Luis de Victoria, para los instrumentos presentes excepto el clave, fue una lección de conocimiento y bien hacer como igualmente lo fue su transcripción para clarinete y violonchelo de De los álamos vengo, madre, de Juan Vásquez, que el propio Falla cita claramente en el primer movimiento del Concierto. Mucho más en su terreno se encuentra una hermosa obra como Las ínsulas extrañas, que evoca el paso de San Juan de la Cruz por la Granada de su momento, una pieza de acrisolada poesía, muy moderna y a la vez muy de cualquier época, como esas obras que trascienden los tiempos y los espacios para insertarse en la Historia.
Alard además ofreció al clavecín cuatro sonatas de Domenico Scarlatti, las Kirkpatrick 159, 461, 208 y 118. En ellas suena lo italiano sin despegarse de lo español, al igual que lo alemán mira hacia el sur en el Concierto italiano en Fa mayor BWV 971 de Johann Sebastian Bach. Todo ello tocado y asumido desde la versatilidad y la probada hondura de un intérprete como Alard.
Al final, como no podía ser de otra manera, sonó el impresionante Concierto para clavecín y cinco instrumentos de Falla, una obra que, como muy pocas, resume ese equilibrio entre patrimonio y modernidad que mucho buscaron y pocos obtuvieron. Versión magistral, una de las mejores que hemos escuchado en mucho tiempo y que entusiasmó al público que llenaba la Sala Fernando de Rojas. Los intérpretes correspondieron repitiendo el tercer movimiento de la obra poniendo colofón adecuado a un gran concierto.
Tomás Marco
(fotos: Nacho Martín)


