MADRID / Cantoría recrea un estremecedor Oficio de Tinieblas de Victoria en el FIAS

Madrid. Basílica Pontificia de San Miguel. 17-II-2024. Festival Internacional de Arte Sacro de Madrid. Joan Seguí, órgano positivo. Cantoría. Jorge Losana, tenor y dirección. Victoria: Oficio de Tinieblas, Feria VI.
El templo de San Miguel permanece tenuemente iluminado, salvo las luces imprescindibles para su retransmisión por el canal ARTE TV; en el centro del presbiterio, delante del altar, un tenebrario —el candelabro con forma triangular escalonada usado en los oficios de tinieblas— con 15 velas todavía apagadas. Jorge Losana, director del grupo, explica brevemente el sentido de toda la recreación del Oficio de Tinieblas que van a ofrecernos.
Joan Seguí entona un glosado de Antonio de Cabezón sobre el Hierusalem Luge de Jean Richafort en el órgano positivo situado delante del altar, y después van apareciendo los vocalistas de Cantoría, que se distribuyen a la izquierda y a la derecha del tenebrario. Jorge Losana, que va a ejercer de oficiante, procede a encender todos los cirios para comenzar así un impresionante Oficio de Tinieblas del Viernes Santo del gran Tomás Luis de Victoria, en versión íntegra y realizado con una recreación histórica de su contexto y significado. Algo realmente muy difícil de ver y escuchar, y aún menos con la excelencia y emoción que nos ofreció Cantoría.
El Oficio de Tinieblas constituía, hasta que el Concilio Vaticano II terminó por provocar su final —salvo en contadas congregaciones dispersas por nuestra geografía —, unos de los momentos más hermosos de la liturgia católica. Formaba parte de la denominada Liturgia de las Horas para el Jueves, Viernes y Sábado Santos para conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Cristo, por lo que en estas fechas se anticipaba la celebración de los maitines a la víspera, al caer la noche con sus tinieblas sobre los templos, los llamados nocturnos. A estos sucedían las Laudes con el Miserere mei y, finalmente, en esta fecha señalada, la Adoración de la Santa Cruz.
La ceremonia se realizaba con las luces del templo casi apagadas, quedando solo las velas del tenebrario, que se debían ir apagando progresivamente para simbolizar la pasión y muerte de Jesús según discurrían las piezas, tal y como fue oficiando Jorge Losana durante la velada. Al final solo quedó encendida la vela del vértice superior, que representa a Cristo como anuncio de la esperanza de la Resurrección, mientras las otras velas representaban a los once Apóstoles fieles y a las tres Marías que acompañaron a Jesús en la cruz, y que habían abandonado en ese momento la esperanza.
Victoria publicó su Officium Hebdomadae Sanctae (Roma, 1585) antes de su regreso definitivo a España, esa magna colección contiene todo tipo de obras para cumplir con toda la liturgia de Semana Santa, incluyendo, por supuesto, las del Oficio de Tinieblas para la Feria VI que pudimos escuchar íntegramente con los miembros de Cantoría, que para la ocasión presentaron la siguiente formación a dos voces por parte: Inés Alonso y Rita Morais, sopranos; Lior Leibovici y Vincent Chomienne, altos; Jorge Losana y Martí Doñate, tenores; y Víctor Cruz y Lluis Arratia, bajos. Desde el órgano positivo, Joan Seguí dio soporte durante todo el oficio al dar entradas, doblar voces y al realizar algunas improvisaciones entre Nocturnos, Laudes y Adoración de la Cruz.

El Oficio se organiza en tres nocturnos, precedidos de una invocación ad matinum, que en el concierto consistió en el verso gregoriano Domine labia mea aperies. A continuación dio comienzo el primer Nocturno, con la música compuesta sobre las Lamentaciones de Jeremías, que narran el sufrimiento por la destrucción de Jerusalén y que estuvieron precedidas por la antífona Astiterunt reges. Las tres Lecciones compuestas por Victoria vienen precedidas del incipit de las Lamentaciones, y desarrollan los textos correspondientes a las letras Heth, Lamed y Aleph, para terminar respectivamente con el texto Jerusalem, convertere ad Dominum Deum tuum. A cada lección le sigue un responsorio ( I, II y III), no compuestos éstos por Victoria sino tomados de breviarios o misales para la ocasión, con textos alusivos a la Pasión. Para terminar el primer Nocturno entonaron el cántico gregoriano Diviserunt sibi vestimenta mea.
Cantoría realizó una interpretación realmente excepcional, en la que dotó de protagonismo a cada una de las voces, o grupo de voces, donde la polifonía es cantada como se debe, como en un libro de Coro, con la personalidad de cada voz, incluso dentro de cada parte, pero maravillosamente compenetradas. El grupo trasladó con gran detalle y frescura toda la sabiduría contrapuntística de Victoria con una buena afinación y excelente conjunción en todas las entradas sucesivas de las voces planteadas en la composición, lo que Victoria utiliza como recurso hasta unir a las cuatro partes del coro, trabajando con belleza y fluidez los retardos y suspensiones que se producen y los diálogos que se establecen.
El segundo y tercer Nocturnos se estructuran precedidos de una antífona y una serie de tres responsorios respectivamente, en este caso los responsorios (IV a IX) los compuso Victoria para el Viernes Santo sobre textos sobre el Juicio y el Vía crucis de la Pasión. Aunque Victoria fijó también los responsorios en su mayoría para un coro SATB, el segundo responsorio de cada nocturno se configura para voces más agudas, SSAT, para acentuar el dolor. Victoria sobrepasa a muchos polifonistas de su época para dotar de un gran sentido expresivo a los textos a través de figuras musicales y retoricas que refuerzan los texto de esperanza, sufrimiento, traición o dolor, o con figuras cromáticas o disonancias que Cantoría realizó con mucho detalle e intensidad expresiva. El grupo dio gran sentido a la exaltación del texto y la prosodia, mucho más profundos en el segundo y tercer nocturnos, pues corresponden ya al relato de la Pasión de Cristo, y expresaron con intensidad cada una de las potentes imágenes que describe Victoria en su música. No se puede cantar esto mejor, nada que ver con tantas visiones planas de esta maravillosa música que provienen de la escuela británica. Así debe hacerse esta música, sí señor.
Al final del tercer Nocturno llegó el Ad Laudes, con la antífona Propio Filio suo non pepercit Deus que precedía a la impresionante y hermosa interpretación del Miserere mei, Deus, raramente compuesto en fabordón por Victoria, seguido con un cántico gregoriano y la bendición final, Posuerunt super caput ejus.
Entonces, mientras Joan Seguí tañía el órgano, Rita Morais y Lluis Arratia se retiraron para depositar 2 velas sobre sendos candelabros a cada lado de una cruz velada que se encontraba delante del altar para proceder a la última parte del Oficio, la Adoración de la Santa Cruz. Desde allí, los dos cantantes fueron retirando el velo que tapaba la cruz dorada, a medida que se entonaba la antífona Ecce lignum crucis. Después, tras otro glosado al órgano de Seguí, Cantoría entonó el salmo penitencial de comunión con el pueblo, el doloroso e intenso Vere languores, seguido de los improperios finales, Popule meus. Durante los improperios, Jorge Losana llevó la única vela encendida del tenebrario al altar, la que representa a Cristo y que nunca se apaga, y la mitad de los componentes de Cantoría, uno por voz, se trasladaron con él hacia el lugar de la Adoración de la Santa Cruz y se quedaron delante de ella, con la espalda hacia la nave del templo. Junto a los otros cuatros miembros de Cantoría, que permanecían en el presbiterio y que finalmente también dieron la espalda al público, entonaron el resto del Popule meus. Súbitamente se produjo el sonido de una carraca que representaba al terremoto tras perecer Cristo, donde, en la tradición, el clero y los fieles producían estrepitosos sonidos provistos de carracas o matracas y pateando con los pies, lo que aquí se hizo de manera mucho más suave que en la pasada Semana Santa en Peralada. El terremoto cesa al reaparecer la luz de la vela, trasladada nuevamente a la cima del tenebrario, como símbolo de esperanza en la Resurrección
Con ello finalizó este sobrecogedor Oficio de Tinieblas, brillantemente interpretado por los miembros de Cantoría, que expresaron con sus fantásticas voces conjuntadas, pero llenas de diversidad, atención al texto y matices, una impresionante recreación litúrgica y toda la riqueza de la música de Victoria, que emocionó a todo el público y, aún más especialmente, a un impresionado Juan Ramón García-Morato, Rector de la Basílica Pontificia de San Miguel, que tanto hace por este festival.
Manuel de Lara


