MADRID / Cabaret y academia

MADRID / Cabaret y academia

Madrid. Teatro de la Zarzuela. 25-XI-2019. XXVI Ciclo de Lied. Nancy Fabiola Herrera, mezzosoprano. Mac McClure, piano. Obras de Oscar Straus, Satie, Weill, Guglielmi, Poulenc, Lecuona, Zamacois y Piazzolla.

Juntar una noche de cabaret con una tarde de cámara tiene sus riesgos. Hay que equilibrar la levedad y la intimidad del repertorio con la gran sala y la gran voz. Con exquisitos medios y notoria inteligencia, la cantante consiguió plenamente la síntesis exigible. Herrera tiene un instrumento de mezzo lírica bien definido, pulposo, esmaltado, seguro de registros. Maneja los volúmenes a discreción, alcanza siempre una refinada musicalidad y se mueve con fluencia entre distintas lenguas. Es una mujer guapa, de figura agraciada, que sabe gesticular con medida y elegancia, lo cual no sobra en este repertorio, que orilla siempre lo escénico. Hay que ver tanto como oír.

En efecto, unas cuantas de estas páginas están extraídas de operetas (Straus), comedias musicales (Weill) o piezas habladas con cuñas de canto (Poulenc) que obligan a hacerse cargo de los personajes: una chica que defiende su buena conducta en el teatro, una dama melancólica en su piso neoyorkino, la Locadia de Anouhil y hasta el piantado de Piazzolla y Ferrer con su lunfardismo mechado de surrealidad. Nada digamos de los boleros que exigen llegar como un susurro de confidencia o de reproche al oído de cada espectador.

Mención especial merece la actitud del abundante público. No me consta que nadie se haya quejado de un repertorio que resulta excepcional en un ciclo de lied, es decir un extracto del severo mundo germánico. También los americanos, en especial los latinos, sabemos cantar y tenemos algo que decir al mundo por medio de nuestro canto. Así lo ha entendido Herrera que no casualmente es canaria, es decir que está a mitad de camino entre España y el Caribe o viceversa. En el mar de la canción, en todo caso.

El pianista actuó como un fiel acompañante.