MADRID/ Brillante recuperación de ‘Didone abbandonata’ de Galuppi a cargo de Nereydas

Madrid. Auditorio Nacional. Ciclo Universo Barroco. 11-V-2025. Natalie Pérez, Federico Fiorio, Alexandra Tarniceru, Zachary Wilder, Natalia Labourdette y Filippo Mineccia. Nereydas. Ulises Illán, dirección. Galuppi: Didone abbandonata (1752, versión de Madrid)
El grupo Nereydas interpretó con gran brillantez la versión de Madrid de la Didone abbandonata de Baldassare Galuppi por primera vez en tiempos modernos, una partitura recuperada gracias al mimo de la labor de su director Ulises Illán, al trabajo del ICCMU y al proyecto Repertorium, que utiliza incluso inteligencia artificial en el rescate de partituras inéditas.
La ópera Didone abbandonata, con libreto del célebre Pietro Metastasio y música de Galuppi, se distingue por un carácter trágico singular y tuvo un éxito excepcional en su época. La música de Galuppi con el texto original de Metastasio se estrenó en 1741 en Módena, pero para Madrid se rehízo una nueva versión que fue representada en el Real Coliseo del Buen Retiro el 23 de septiembre de 1752 y logró un unánime aplauso y numerosas representaciones, alcanzando dieciocho hasta 1758.
Este triunfo sin precedentes se basó en la colaboración de tres talentos: Metastasio, Galuppi y Carlo Broschi ‘Farinelli’. Broschi, que era entonces director de espectáculos de la corte española, fue la figura clave que lideró el proyecto. Trabajó con Metastasio desde Viena para acortar sustancialmente el libreto y con Galuppi desde Venecia, ejerciendo también como director artístico y de escena y seleccionando un elenco de cantantes virtuosos que elevaron el nivel operístico de Madrid. La obra fue presentada antes los reyes Fernando VI y Bárbara de Braganza con ese talentoso elenco, muchos de los cuales permanecieron en España, y un gran aparato escénico que también sirvió como propaganda fastuosa de la corte borbónica. La música también reflejaba el prestigio de los cantantes mediante el número y ubicación de las arias y un espectáculo visual con magníficas escenas, vestuario, iluminación, bailes y comparsas. Metastasio expresó después su gran satisfacción por el montaje y el éxito de la versión madrileña.

La ópera narra la trágica historia de la reina Dido y Eneas, estructurada en arias a solo y recitativos, sin dúos, tríos ni coros. La música de Galuppi es de un acusado estilo galante napolitano, y destaca por una brillantez donde la música y el texto —y el espectáculo visual si se representa— se combinan como un mecanismo complejo y de efectos dramáticos. En el libreto Metastasio hila los afectos que caracterizaban a los personajes, con arias clave para recrear estas emociones que Galuppi supo trasladar a la música con gran cuidado y su rica paleta instrumental, que prepara la entrada de las voces con introducciones orquestales y usa matices y melismas para intensificar el texto.
Esta versión madrileña fue modificada para la corte, incluyendo una licenza final exclusiva que suavizaba el trágico final de Dido, cuyo suicidio original tras arrojarse a las llamas que asolaban todo el lugar fue sustituido por la aparición de Neptuno surgiendo del Mediterráneo para apagar el fuego y acogerla. Esta adaptación respondía a la necesidad de diluir el drama ante la presencia de la reina Bárbara de Braganza y con fines de propaganda; utilizando ingeniería hidráulica, Neptuno emergía del mar para extinguir el fuego y salvar a la protagonista, diluyendo así el drama original.
El estilo de las arias varía significativamente entre los personajes y está vinculado a su carácter, los personajes con las arias de formato más grande corresponden a Yarbas, Selene, Eneas y Dido, con un avanzado estilo galante napolitano que ya preludia al clasicismo, pero en el concierto tuvieron que ser reducidas por cuestiones logísticas ineludibles de la duración del concierto y en muchas arias se suprimieron la mayoría de los dacapo —o en ocasiones con un breve tutti de la sección A—, e incluso en muchas la sección B, pero el director tuvo un gran cuidado para crear ese ilusión del aria completa aprovechando inflexiones en el carácter y foco tonal de la primera sección de las arias. Los recitativos de los actos finales fueron inteligentemente enlazados y abreviados para dar sentido a la obra, con el trabajo del director y la ayuda del musicólogo José María Domínguez. En la ópera, aunque eminentemente domina ese estilo galante napolitano hay algunos papeles como el de Osmida cuyo canto y tema es de estilo veneciano, con arias más cortas de naturaleza más barroca que se interpretaron completas.

La orquesta estuvo sencillamente espléndida, con esa maestría que tiene Ulises Illán para extraer hasta el último matiz de la música, para mimar cada expresión o cada afecto de la obra, con mucha fuerza en las introducciones instrumentales pero siempre atento para cuidar a los cantantes y el equilibrio dinámico, volumen y color del conjunto. Nereydas presentó una orquesta bastante nutrida, con nueve violines con el concertino Valerio Losito, excelente toda la noche, y una estupenda orquesta de cuerdas plagada de gente joven y brillante, las estupendas trompas de Ferrán García y Miguel Olivares, espléndidos todo el concierto, así como los dos trompetas, César Navarro y Francisco Javier Alcaraz, pero sería injusto olvidar a alguno de ellos, oboes, fagot, timbales o percusión, y la estupenda sección acórdica formada por David Palanca al clave, Nacho Laguna en la cuerda pulsada y el maestro Daniel Oyarzabal.
La Sinfonía Incendio, tras la última aria de Dido y que preludia la aparición de Neptuno, que tiene otra obertura estupenda, es una música espectacular y muy expresiva, con trompas y trompetas, que nos puede recordar a piezas similares de Gluck, y que Nereydas interpretó deslumbrantemente.
En cuanto a los cantantes, estuvieron brillantes en general. Una gran sorpresa fue la bellísima voz del sopranista Federico Fiorio en el papel de Eneas, al que nunca había escuchado en directo, que exhibe un espléndido dominio de su emisión y un enorme talento, aunque le falta proyección en ocasiones con un instrumento pequeño, lo que Illán supo cuidar en su dirección orquestal, como sucedió en el aria guerrera con trompas A trionfar mi chiama, peroque mostró siempre un canto de gran expresividad, una afinación excelente y un fiato hermoso como en la bella aria Tormento il più crudele a la que dio un gran sentido del pathos o en Se resto sul lido.

Las arias de Yarbas o Dido tuvieron en general carácter heroico y su estilo galante prácticamente preludia el clasicismo de Mozart. La mezzo Natalie Pérez estuvo algo irregular en su papel de Dido, con algunos problemas de proyección en ocasiones y una cierta frialdad en su capacidad expresiva, como demostró en una de las arias más brillante y expresivas de Galuppi, Son regina, e sono amante, que no supo redondear. Aunque en líneas generales cumplió, como en el aria despechada de bravura Non ha ragione, ingrato, que cantó con más expresividad o la elegancia y el buen control de la emisión de aire en otra de las más hermosas, Ah! non lasciarmi, con un elegante sentido del dolor. Dido tiene otras arias bonitas, como la cavatina Va crescendo il mio tormento donde Pérez no supo sacar todo su sentimiento. El aria final de Dido Vado… Ma dove? Oh dio! es quizá una carencia en la ópera de Galuppi, pues uno espera mucho más de una música para el momento culmen que preludia su suicidio y es una pieza sin fuerza dramática, casi irrelevante.
Zachary Wilder tuvo una actuación muy notable con sus personajes Yarbas y Neptuno. El tenor mostró una técnica excelente en la vigorosa aria con trompas Se dalle stelle tu non sei guida, hipergalante, en Fosca nube il sol ricopra, otra aria con trompas casi preclásica donde Wilder nos ofreció un canto elegante y expresivo, o en Cadrà fra poco in cenere, un aria de mucha bravura con trompetas donde estuvo espléndido en las agilidades. Wilder también nos mostró su capacidad de un canto más delicado en la cavatina La caduta d’un regnante, muy bella.
Alexandra Tarniceru prosigue con brillantez su inmersión en el barroco y fue una heroína salvadora de la velada pues tuvo que preparar su papel en un plazo muy corto de tiempo por la ausencia de Roberta Mameli, que faltó por razones personales, y lo hizo con enorme brillantez. Las arias correspondientes a su papel de Selene no son heroicas sino arias de seducción de carácter amoroso, con líneas largas y lentas de delicada ornamentación que se adaptaban perfectamente a su bella voz y a la elegancia natural de su canto, como en el aria Ardi per me fedele, con unas excelentes articulaciones, o en el aria Io d’amore, oh dio!, que interpretó, junto a la profundidad galante de trompas y oboes, con una hermosa línea de canto.

Filippo Mineccia interpretó a Osmida, un personaje cuyas dos arias son de estilo veneciano, de naturaleza mucho más barroca y más breves, que cantó con su característica línea de canto expresiva y llena de riqueza. Esas dos arias están vinculadas al agua y en la sección B de Quando l’onda, che nasce dal monte Galuppi describe bellamente su movimiento, mientras que Tu mi scorgi al gran disegno es un aria breve con encanto. También estuvo notable en su personaje de Araspe la soprano Natalia Labourdette, cuyo repertorio habitual es más tardío, que interpretó con gran solvencia y recursos sus dos arias.
El público recibió con mucho entusiasmo esta estupenda música inédita y madrileña de Galuppi que nos brindó con brillantez Nereydas en esta versión concierto reducida, y creo que debería ser llevada íntegramente en un futuro próximo a las tablas porque su fuerza escénica sería enorme y lo merecería.
Manuel de Lara
Foto: Rafa Martín


