MADRID / Bach, en el día después del Brexit

MADRID / Bach, en el día después del Brexit

Madrid. Auditorio Nacional. 1-II-2020. Bach, Conciertos de Brandemburgo BWV 1046-1051. Dunedin Consort. Director: John Butt.

Una curiosa pirueta del destino quiso que fuera Madrid la primera ciudad europea que acogiera un concierto de una orquesta británica justo el día que se consumaba oficialmente la autoexclusión del Reino Unido de la UE. Y más paradójico fue que esta orquesta hiciera un concierto monográfico dedicado al compositor más europeo de la historia, Johann Sebastian Bach, quien supo asimilar y conjuntar mejor que nadie los tres grandes estilos de su época: el francés, el italiano y, por supuesto, el suyo propio, el alemán.

Era la segunda vez que el Dunedin Consort actuaba en Madrid, tras la del pasado año en la Fundación Juan March, entonces en formato superreducido. Y no es que ahora, en un concierto organizado por la Universidad Autónoma de Madrid para recordar, como hace anualmente, al jurista Francisco Tomás y Valiente, asesinado en 1996 por la banda terrorista ETA, viniera con una formación mucho más numerosa, pero al menos sí se le podía considerar como orquesta. Ese fue el principal problema con que tuvo que lidiar el Dunedin Consort en Madrid: la inmensidad de la sala sinfónica del Auditorio Nacional, que hizo que su sonido resultara un tanto enteco.

John Butt, uno de los más grandes expertos de nuestros días en la música de Bach, planteó una visión (o, mejor dicho, una audición) de lo que seguramente fueron los seis conciertos llamados “de Brandemburgo” (en realidad, Six Concerts avec plusiers instruments) cuando se estrenaron en 1721 ante el margrave Christian Ludwig. Entonces, Bach era maestro de capilla en la corte de Köthen y tenía a su disposición un grupo de instrumentistas aún más pequeño que la corte, aunque, a decir de las crónicas, de probada solvencia (por ejemplo, Adrian Chandler, violinista y director de La Serenissima, sostiene que el violinista que los tocó por primera fue nada más ni nada menos que Johann Georg Pisendel, uno de los más importantes violinistas de aquella Europa, si no directamente el más importante de todos ellos).

Pese al problema del sonido antes mencionado (sin duda, el resultado habría sido infinitamente mejor si el concierto hubiera tenido lugar en la sala de cámara), el experimento de Butt resultó interesante en el aspecto musical y extraordinariamente interesante en el aspecto musicológico. Siguiendo los criterios minimalistas de una voz por parte, tan en boga hoy en día cuando se trata de interpretaciones historicistas de la música barroca, Butt, al clave, contó con tres violines, tres violas de braccio, tres violonchelos, dos violas da gamba, un contrabajo (una pena que no fuera un auténtico violone), un traverso, dos flautas de pico, tres oboes, un fagot, dos trompas y una trompeta, que, obviamente, no coincidieron en su totalidad en ningún momento del concierto. Emilia Benjamin alternó la viola de braccio con la viola da gamba (algo realmente insólito), Lucia Capellaro simultaneó violonchelo con viola da gamba y Katy Bircher se empleó con los dos tipos de flautas.

Algunas curiosidades más: Butt tocó el clave y dirigió de pie en dos conciertos, y lo hizo sentado en los cuatro restantes. Cambió el instrumento de posición varias veces, y en otras decidió prescindir de la tapa. Cecilia Bernardini empleó en el Primer concierto un violo piccolo apoyado en la clavícula, como se hacía en la época. Dos violas da braccio fueron tenores, de tamaño bastante más grande que el de las habituales contralto, aunque en el Tercer concierto apareció una tercera viola (la de Benjamin) que sí era contralto. La decisión de emplear violas tenores imagino que responde a que los conciertos sonaran, por cuestión de tesitura, más franceses si cabe. Y, por último, Butt no siguió para la ejecución el orden de los conciertos según el Bach Werke Verzeichnis, sino que en la primera parte sonaron el Primero, el Sexto y el Quinto, mientras que en la segunda lo hicieron el Tercero, el Segundo y el Cuarto.

El Dunedin Consort es un grupo formidable, y en esta ocasión volvió a dejar de manifiesto (insisto, pese al problema acústico, que no es imputable al grupo) la extraordinaria profesionalidad de los que lo integran. El propio Butt brilló como solista con una endiablada (por velocidad y precisión) cadencia del primer Allegro del Quinto concierto. Bernardini estuvo magnífica, tanto con el violino piccolo como con el estándar, a lo largo de toda la velada, pero, sobre todo, en el Cuarto. Sobresalientes, asimismo, los dos violas (Jordan Bowron y John Crockatt), de manera muy especial en el Sexto, en el cual no se emplean violines. La trompeta de David Blackadder acertó con todas las notas en el Segundo, lo cual tiene mucho mérito, porque de sobra es sabido que este concierto presenta para un trompetista más trampas que una película de chinos. Y las trompas de Daniele Bolzonella y Fabio Forgiarini brillaron, pese alguna desafinación, en el Primero.

En resumen, velada sumamente atractiva por el proverbial buen hacer del Dunedin Consort y por la original propuesta de Butt, aunque lo de ‘original’ sea en sí mismo una contradicción, pues el director inglés se limitó a hacer lo mismo que se supone que hizo Bach cuando estrenó los Conciertos de Brandemburgo en 1721 ante el margrave.