MADRID / Artefactum: sureñas pinceladas medievales

MADRID / Artefactum: sureñas pinceladas medievales

Madrid. Fundación Carlos de Amberes. 4-VIII-2022. Veranos de la Villa. Artefactum. Músicas para un Rey – VIII centenario del nacimiento de Alfonso X el Sabio.

Escuchar música que fue escrita hace ocho siglos a veces requiere de un esfuerzo intelectual por parte del oyente para el que no todo el mundo está preparado. Ahí es donde entra en juego la sagacidad de un buen intérprete, que, sin dejar de lado el rigor musicológico, ha de ser capaz de transmitir al espectador que esa música casi perdida en la noche de los tiempos forma parte de su propia herencia cultural. El grupo medievalista Artefactum tiene mucho ganado en ese terreno: lo avalan casi treinta años de intachable trayectoria y una procedencia sureña. El gracejo andaluz (en este caso, sevillano) encandila con facilidad y los miembros de Artefactum lo saben explotar a las mil maravillas: antes de perderse en disquisiciones pomposas sobre esta o aquella cantiga alfonsí, optan por recurrir al chascarrillo ocurrente para introducir al público en la pieza que va a escuchar. Tampoco tienen inconveniente en acabar una cantiga tocando palmas por sevillanas: a fin y al cabo, la música de aquel periodo ofrece una única línea melódica, lo cual permite al intérprete afrontarla como considere oportuno. Desprovista del corsé de la partitura, no hay música que proporcione mayor libertad a un intérprete que la medieval.

José Manuel Vaquero es un maestro a la hora de crear estos atípicos e improvisados hilos conductores. Además de tocar el organetto y la zanfoña —y de cantar—, es un ocurrente y divertido narrador de programas, aunque su estilo jocundo y desenfadado no siempre sea del agrado de todos: todavía recuerdo una actuación de Artefactum en el Auditorio Nacional hace unos años en la que la programadora de turno le recriminó a grito pelado desde la tribuna que hablara tanto y contara tantos chistes. Sin embargo, quienes asistieron ayer a la madrileña Fundación Carlos de Amberes (convertida en un horno por aquello de las altas temperaturas que padece la capital) quedaron tan encantados con esta fórmula que la hora y media que duró el concierto se les pasó volando, con el ruego unánime (y a grito tan pelado como el de la programadora antes aludida) de que volvieran pronto (eso, por desgracia, ya no depende solo de los músicos, sino de quien los contrata).

Vaquero definió acertadamente como ‘pinceladas medievales’ este programa dedicado al Alfonso X, el rey sabio. ¡Qué cosas: se han conmemorado en 2021 los ocho siglos de su nacimiento y aquí en España casi ni nos hemos enterado! Como dice el refrán, nadie es poeta en su tierra. Ni siquiera uno de los personajes más preclaros de nuestra historia. Además de cantigas alfonsíes (cinco; todas ellas, obviamente, para loar a la Virgen), Artefactum incluye un par de piezas anónimas y dos más del Laudario de Cortona, así como una más de Fernando Soares de Quiñones, posterior en el tiempo (siglo XIII).

La compenetración de los cinco miembros del grupo (Alberto Barea, canto y orlo; Ignacio Gil, orlos, oboes de cápsula, flautas de pico, gaita y coros; César Carazo, fídula y canto; Álvaro Garrido, percusión y coros; y José Manuel Vaquero, organetto, zanfoña y coros) es admirable. El público vive con intensidad esta fiesta (más bien sarao, por utilizar un término barroco), pero ellos la viven aún intensamente. En ello radica su éxito. Si no somos capaces de comprender que la música, por muchos años que hayan pasado, es algo vivo, que no una pieza de museo, entonces estamos perdidos.

Eduardo Torrico