MADRID / Anacronía se doctora en el marco del FIAS

Madrid. Basílica Pontificia de San Miguel. 24-II-2023. Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid (FIAS). Lucía Caihuela, soprano. Anacronía. Obras de Johann Christian Bach, Karl Friedrich Abel, Johann Sebastian Bach y Carl Philipp E. Bach.
En el verano de 2021 tuve la oportunidad de asistir en San Sebastián, dentro del Ciclo de Música Antigua de la Quincena, al concierto de un joven grupo llamado, no sin cierto sentido del humor, Anacronía. Lo de joven es en un sentido doble pues el conjunto se formó en 2020 y sus cinco miembros —David Gutiérrez (traverso), Pablo Albarracín (violín), Luis Manuel Vicente (viola), Marc de la Linde (viola da gamba) y Marina López (clave)— rondaban por entonces los 25 años y en algún caso no los había cumplido. El título del programa del concierto, Haydn abarrocado, era toda una declaración de intenciones de los intereses del grupo: recrear lo que ellos llaman anacronismos musicales de ciertos momentos de la historia de la música, en los que algunos instrumentos como el clave o la viola da gamba estaban siendo desplazados y cayendo en desuso ante el empuje de otros como el violoncello o el fortepiano. En este combate, la elección de Anacronía se decanta por los ‘perdedores’, en lo que podríamos calificar de una toma de posición estética y moral. El concierto resultó una agradabilísima sorpresa, por la frescura de las interpretaciones y la pasmosa solvencia técnica de los músicos, sobre todo teniendo en cuenta las condiciones de humedad extremas en las que se desarrolló.
Desde entonces el grupo no ha dejado de cosechar premios y su proyección parece imparable. El sonido del grupo ha madurado y ganado en seguridad, pero sus integrantes conservan intacto el entusiasmo por hacer música entre amigos, consiguiendo contagiar esa alegría al público. Un castizo diría que estos chicos tienen un cachondeo en el cuerpo que no pueden con él, especialmente el flautista David Gutiérrez.
Para su presentación en el FIAS, que no en Madrid donde ya habían dado algunos conciertos, confeccionaron un programa titulado Sturm und Bach, con obras de varios miembros de la familia Bach. Las contingencias previas al concierto, con la indisposición de la soprano portuguesa Rita Morais sustituida por Lucía Caihuela, que obligaron a algún cambio en el programa, no afectaron a la prestación de los músicos que están demostrando en este festival una capacidad de adaptación sólo comparable a la de sus organizadores a la hora de encontrar sustitutos de última hora.
Las dos primeras obras del concierto, sendos cuartetos para flauta de Johann Christian Bach y Carl Friedrich Abel, reunía a dos compositores con los que Anacronía parece tener una especial afinidad. Fundadores de una de las primeras sociedades que ofreció conciertos públicos en Londres, los conocidos como conciertos Bach-Abel iniciados en 1764, es precisamente la atmósfera de estos conciertos la que quiere recrear el grupo: un ambiente desenfadado y lleno de contrastes en la expresión de las emociones a través de la música. Anacronía se mueve como pez en el agua en la estética preclásica con resabios galantes de estos compositores. Los músicos mostraron una gran complicidad, dialogando entre ellos con una afabilidad no exenta de intensidad, respondiendo a la flauta que es quien lleva la voz principal en estas obras. Por cierto, es momento de decirlo: la seguridad de David Gutiérrez con el traverso es simplemente apabullante; su control de la respiración hace que uno se olvide por momentos de que está escuchando un instrumento de viento.
El Divertimento en Sol mayor de Carl Philipp Emanuel Bach nos introdujo en el universo de la comedia del arte, tal y como nos informaron los músicos en una de sus numerosas intervenciones durante el concierto (la voluntad didáctica de estos chicos es otra de sus señas de identidad). Aquí los músicos hicieron gala de su acostumbrado sentido del humor y de una amplísima gama de matices para resaltar las distintas emociones de los imaginarios personajes (gritos de euforia, momentos de melancolía, suspiros, sollozos), con unas suspensiones y unos silencios maravillosos. Mención aparte merece el comienzo del segundo movimiento, donde los músicos se marcaron una introducción a ritmo de tarantela a la que sólo faltaba la voz de Pino de Vittorio o Marco Beasley. Naturalmente, el bueno de Carl Philipp no escribió estos socarrones compases, pero esta licencia está enteramente acorde con la práctica de la música barroca, cuando era habitual improvisar transiciones entre los movimientos de una obra. Como Carl Philipp ya no es un compositor barroco, podemos decir que lo que hicieron los músicos es otra maravillosa anacronía.
El plato fuerte del programa era la Cantata BWV 82 de Johann Sebastian Bach, Ich habe genug, una de las más célebres del cantor de Leipzig. Originalmente compuesta para bajo, fue adaptada posteriormente por el propio compositor para soprano y más tarde para otra voz, probablemente alto. En esta última versión la parte de oboe es sustituida por una flauta, tal y como ocurrió ayer para adaptarse al orgánico del grupo, de tal manera que lo que se interpretó fue una mixtura entre la segunda versión de la cantata para soprano y la tercera versión con la participación del traverso. Para interpretar esta obra se unió al grupo la violinista Sara Balasch.
Esta obra obligaba a Anacronía a salir de lo que hoy se llama cursimente como su zona de confort. El repertorio del grupo ha orbitado hasta el momento en torno a lo que podemos llamar periodo preclásico, así que la música de Bach suponía un desafío. Simplemente diremos que salieron del reto estupendamente parados. Esta agrupación está sobradamente preparada para abordar otros repertorios, así que sólo necesita ese empujón, como el que le ha dado el FIAS, para lanzarse a ellos (personalmente, me encantaría verlos haciendo repertorio francés).
En cuanto a Lucía Caihuela, lo primero que hay que resaltar es su valentía por sumarse al concierto sólo tres días antes del mismo. Pero es que además su prestación fue muy meritoria, especialmente en la primera aria, donde su voz de timbre más profundo al que es habitual en las sopranos que cantan este repertorio, dotó de gran intensidad a ese mensaje de fe y abandono a la muerte, acompañada en este caso por la flauta; y en esa segunda aria maravillosa Schlummert ein, ihr matten Augen (Cerraos, cansados párpados), una de las cimas de la producción bachiana, donde Caihuela supo dar a la interpretación un tono muy intimista. Precisamente esta larga aria, de forma parcial, se bisó al final de un concierto que encumbra a Anacronía como uno de los grupos españoles más prometedores.
Imanol Temprano Lecuona


