MADRID / Ana Vieira Leite y Concerto 1700 elevan el FIAS a los cielos con un Haendel excelso

Madrid. Basílica pontificia de San Miguel. 16-II-2024. Festival Internacional de Arte Sacro de Madrid. Ana Vieira Leite, soprano. Concerto 1700. Daniel Pinteño, violín y dirección. “Deus est Omnia”: Haendel, 9 arias alemanas y sonatas.
Quizá sea la última vez, ahora sí, que hayamos podido tener el placer y la fortuna de admirar de manera tan cercana a este regalo venido del Cielo llamado Ana Vieira Leite, y poder disfrutar de su inmenso arte en un escenario de pequeña escala y con una formación de cámara, pues en el futuro será muy complicado. Y ese mérito se debe sin duda a Daniel Pinteño, capaz de seducirla con sus propuestas musicales, o vaya usted a saber con qué artes de magia, entre las cuales está sin duda la tremenda calidad de Concerto 1700, una formación cuya excelencia no para de crecer.
Y tenía que ser, cómo no, en esta nueva edición del FIAS, con el marco incomparable de la Basílica pontificia de San Miguel, gracias a otro mago, Pepe Mompeán, capaz de tales hechicerías. Como el día anterior, el canal de televisión ARTE, en colaboración con RTVE, retransmitió el concierto y lo deja para la posteridad, así ha sucedido con los tres primeros de esta semana tan especial, lo que nos da una medida de la importancia que ha adquirido este festival, siempre lleno de pequeños milagros y grandes sorpresas.
Concerto 1700 y Ana Vieira Leite nos deleitaron nada menos que con un delicioso programa de Haendel, las hermosas nueve arias alemanas que versan sobre los favores de la naturaleza y su carácter divino, que nos presentan un lado muy íntimo del compositor, poco frecuente, y una serie de movimientos bellísimos escogidos de sus sonatas de cámara, deslumbrantemente interpretadas.
Nada más entonar la bellísima Süße Stille, sanfte Quelle HWV 205, que debo confesar que es una de mis favoritas en este ciclo, puro Haendel, Ana Vieira Leite nos trasladó a los cielos. Cada vez que la escucho, pienso que no se puede cantar mejor, pero siempre me vuelve a sorprender en la siguiente ocasión, porque, como los grandes artistas, no para de madurar en su arte y, sin perder un ápice de su maravillosa elegancia ni esa sencillez fresca que llega al alma, consigue siempre emocionar profundamente con su canto.
En esta aria pudimos admirar ya su impresionante control de la respiración, con su delicado fiato, la colocación ejemplar de su voz de terciopelo, con una proyección de esos agudos cristalinos que suben al cielo o el sostenimiento de algunas notas en el aire hasta el infinito. Pero su técnica de canto es cada vez más impresionante y su paleta más rica, llena de colores y matices, porque a sus cualidades asombrosas se le suma, cada vez más, una mayor voluptuosidad. Su canto lleno de expresividad, con gran sutileza y atención a las inflexiones del texto, nos deslumbró en los luminosos pasajes del Sajón, junto a un traverso expresivo, muy musical, de ese músico profundo y poético que es Antonio Campillo, junto a un excelente y brillante continuo. Si Haendel hubiese podido escuchar a Ana Vieira, no tengo ninguna duda que no la habría dejado escapar fácilmente, pues no se puede cantar esto de manera más sublime y natural.
En la siguiente aria, In den angenehmen Büschen HWV 209, Vieira Leite nos mostró el poder de su técnica vocal, tanto en la expresión de los afectos como en la proyección y el volumen de su voz, tiene la capacidad de alcanzar con asombrosa naturalidad las notas más agudas y brillar en las coloraturas de esta aria, más exigente en lo virtuoso. Con el expresivo violín de Pinteño, inmenso todo el concierto, y un efervescente continuo, trazaron maravillosamente esta música, con unos contrastes muy marcados y un sonido detallado y poderoso.
También, por ilustrar alguna más de las deliciosas arias del concierto, fue especialmente hermoso el diálogo del expresivo y poético violín de Daniel Pinteño con la soprano en la bellísima Künft’ger Zeiten eitler Kummer HWV 202, donde las notas de Ana Vieira flotaban en el aire junto al virtuosismo delicado de Pinteño, con unos da capo bellísimos y unas ornamentaciones impresionantes. A esta pieza le siguió la vibrante interpretación al violín del Andante de la Sonata HWV 396 Op. 5 Nº 1, con unos tiempos muy marcados y unos formidables Domingo, Zapico y Sebastián en el continuo.
Porque sería muy injusto no hablar también y mucho de la excelencia de la formación instrumental, tanto en las partes orquestales de la arias como en los bellos movimientos escogidos de las sonatas de Haendel, una selección que estaba extremadamente cuidada y en conjunción con las arias a las que precedían, perfectamente equilibrada en los papeles solistas de violín, traverso o ambos. Ya, nada más empezar el concierto, nos deleitaron con el hermoso Larghetto de la Sonata HWV 389 Op. 2 Nº 4, con los dos solistas muy inspirados y un brillante continuo, que nos hicieron conscientes de lo afortunada que iba a ser la toda la velada.
La impresionante poesía y expresividad que ha alcanzado Pinteño con su violín es digna de admiración, como en la sutilidad y musicalidad de su interpretación del Largo de la Sonata HWV 370, que nos mostró a un violinista impresionante. Daniel Pinteño ha alcanzado una excelencia con su violín solo comparable al maravilloso entusiasmo con que aborda cada pasada de arco, algo que transmite en su música. El violinista y director de Concerto 1700 estuvo siempre sutil o vibrante, expresivo y atrevido, según la naturaleza de cada movimiento, con una ornamentación brillante, y fue una delicia verlo junto a Ana Vieira, como en Die ihr aus dunklen Grüften HWV 208, con una prosodia, expresividad y un sentido del tiempo impresionantes de ambos.
En el Adagio de la Sonata HWV 397 Op. 5 Nº 2 o en los Andantes de la Sonata HWV 396 Op. 5 Nº 1 y de la Sonata HWV 388 Op. 2 Nº 3—este último con una tiorba en el continuo especialmente brillante—, Antonio Campillo y Daniel Pinteño hicieron una interpretación de enorme altura, una delicia. El flautista también nos deleitó con su traverso durante toda la velada, tanto de solista en sus sonatas como en algunas arias, como en la preciosa y algo bachiana Süßer Blumen Ambraflocken HWV 204, donde acompañó excepcionalmente a la soprano. Su expresividad y delicadeza es sobresaliente y su traverso trasmite música de verdad, con un sentido del tiempo, de las pausas y de la ornamentación fantásticos.
El continuo también fue excelente, con un Pablo Zapico excepcionalmente presente con una tiorba que enriqueció con sus figuraciones todo el continuo, o el poderoso violonchelo de Ester Domingo, con notable protagonismo en muchos momentos y el buen hacer al clave u órgano positivo de Alfonso Sebastián.
En cuanto a Ana Vieira Leite, ya se me acaban los adjetivos, fue una vez más un prodigio en otro concierto sublime. Es una belleza y un privilegio escuchar a esta cantante en primera línea y con tan excelentes músicos. La elegancia natural que transmite Viera Leite y la belleza serena de su seguridad en el escenario dejan siempre una profunda huella, con una alegría emocionante que le llega a uno al fondo del alma, y hace que parezcan sencillas todas las grandes virtudes de su canto. Siempre con un gran control de la afinación y de la articulación, con una ornamentación atrevida pero delicada, llena de atención a la dicción y a la expresividad, su vocalidad exquisita y dominio técnico es sencillamente sublime, y su línea de canto es puro buen gusto y belleza.
Sé que mi añorado Eduardo Torrico, con cuyo recuerdo esta música me llevó a una emoción especial en fases del concierto, que tenía a Haendel en el puro centro de su corazón, hubiera salido extasiado de esta actuación, pletórico y emocionado con el canto hermoso y la excelencia del conjunto.
Manuel de Lara


