MADRID / A cara descubierta

MADRID / A cara descubierta

Madrid. Círculo de Bellas Artes. 5-VII-2020. Bach, Sonatas y partitas para violín solo. Fabio Biondi, violín.

Era su primer concierto, tras tres largos meses de confinamiento, en los cuales Bach ha sido su dedicación musical casi exclusiva. Fabio Biondi apareció armado con su violín y con su tablet en la penumbra del escenario del Círculo de Bellas Artes para abordar una empresa infrecuente: tocar de tacada las tres Sonatas y las tres Partitas del Kantor de Leipzig, el Himalaya del violín barroco y, seguramente, de la literatura violinística de todos los tiempos. Lo hizo a cara descubierta. En un doble sentido. Por un lado, porque era el único que el auditorio no portaba mascarilla sanitaria (¡como para haber estado tocando durante dos horas seguidas en esas condiciones!). Por otro, porque enfrentarse a estas seis obras es como trabajar en el alambre sin ninguna red protectora debajo que te pueda salvar en caso de caída. Bach resulta cruel en ocasiones: su música descomunal desnuda si rubor a los intérpretes mediocres.

Lo reconoció el propio Biondi antes de tocar la propina (¡todavía tuvo fuerzas para una propina!): “Tocar estas seis obras seguidas supone un esfuerzo físico agotador, por eso casi nunca las toca nadie. Pero estoy feliz de haber vuelto a la música con ellas”. Lo es, en efecto, pero al violinista palermitano se le olvidó decir que el esfuerzo psíquico es incluso más agotador que el físico. Las Sonatas y partitas para violín solo de Bach obligan a una concentración sobrehumana, por mucho que las hayas ensayado. Cada nota es una celada: si no sabes por dónde pisas, caes en la trampa.

Biondi empezó un tanto titubeante. Estuvo impreciso en algunos momentos de la Sonata nº 1 y, también, de la Partita nº 1. Pero se fue creciendo. La Sonata nº 2 resultó modélica, con un Andante que golpeó con fuerza las entrañas de los que lo escuchaban. Tras una pausa de quince minutos para reponer fuerzas, el italiano comenzó su discurso de la Partita nº 2, con esa ciclópea Ciaccona final (un cuarto de hora de duración) que solo está al alcance de los verdaderamente grandes. La segunda parte del concierto fue una lección magistral a cargo de Biondi, que supo transitar como por un camino de rosas en las dos últimas obras, la Sonata nº 3 y la Partita nº 3. Pura ensoñación, con ese sonido terso de su violín que le caracteriza.

Culminada la gesta, Biondi tuvo un recuerdo para todos los caídos en esta trágica guerra que libra el mundo contra el enemigo microscópico llamado SARS-CoV-2. Su homenaje fue el Largo de la Sonata nº 3 en Do mayor. A esas alturas, muchos ya estábamos lamentando que Biondi no volviera a tocar otra vez estos seis monumentos bachianos.