MADRID / La insondable hondura del Bach más oscuro

MADRID / La insondable hondura del Bach más oscuro

Madrid. Auditorio Nacional. 30-I-2021. Ciclo Grandes Autores e Intérpretes de la Música de la Universidad Autónoma de Madrid. Emilio Moreno, viola. Aarón Zapico, clave. Corales, sonatas y piezas para viola sola de Johann Sebastian Bach.

Para quienes hemos seguido desde la niñez las grandes gestas del alpinismo, el nombre de Jerónimo López nos resulta extraordinariamente familiar. En 1978, López fue, junto a Miguel Ángel García Gallego (el patriarca de la saga de los “Murcianos”), el primer español en escalar la mítica pared de El Capitán (914 metros de perfecta verticalidad), en el Yosemite californiano. Y en 1988, López hizo cumbre, sin necesidad de oxígeno, en el Everest. Geólogo y profesor de Geodinámica en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), López es, sin duda, uno de los mayores expertos mundiales en los polos. Conoce la Antártida como el salón de su casa por su profesión, pero también por su vocación montañera: en 1990 holló el monte Vinson, la cima más alta del continente del hielo, en una ascensión en la que tuvo que soportar temperaturas próximas a los 40 grados bajo cero.

Por todo ello (y por Bach, por supuesto), me resultó tremendamente emotivo el concierto de anoche en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional. Me explico: organizado por la UAM dentro de su ciclo Grandes Autores e Intérpretes de la Música, durante el concierto se proyectaron en una pantalla gigante imágenes imponentes de la Antártida, realizadas en sus varias estancias allí por Jerónimo López. La cuestión visual, unida a lo inusual de la música interpretada, hizo de esta experiencia algo memorable.

Desde las remotas referencias que podamos tener de ella (la expedición de 1914, con dramático final, de Ernst Shackleton al mando del “Endurance” me sigue pareciendo una gesta comparable a la llegada del hombre a la Luna), la Antártida resulta siempre turbadora. Tanto como pueda serlo esta música del Bach más oscuro. Son movimientos de una serie de obras (sonatas, cantatas y corales para órgano) que Emilio Moreno ha ido adaptando para viola y clave desde el absoluto conocimiento que de Bach le confieren cuatro largas décadas interpretándolo, como primer violista de la Orquesta del Siglo XVIII, sin cesar.

Hace justo un año aparecían en el sello Glossa estas adaptaciones, en el que considero uno de los proyectos discográficos más íntimos y profundos que se han realizado sobre Bach en mucho tiempo. La impresión se acrecentó anoche en directo, en parte gracias a la exposición fotográfica de López, pero también a la impactante oscuridad de la sala. La gravedad del sonido de la viola adquiere otra dimensión cuando esta asume papel protagónico. Y eso lo sabía muy bien nadie Bach, que sentía predilección por este instrumento, tantas veces denostado.

La interpretación de Moreno y de su acompañante, el clavecinista Aarón Zapico, tuvo una hondura insondable, tanta como la propia música de Bach o como la desértica vastedad de la Antártida. Hay quien sostiene que lo que más nos acerca a Dios a los que no creemos en Él es la música de Bach. Y anoche tuvimos una prueba más de lo acertado de esta reflexión.