Ludovic Tézier emociona en Peralada

Ludovic Tézier emociona en Peralada

Festival de Peralada. Iglesia del Carmen, Peralada. 20-VII-2019. Ludovic Tézier, barítono. Maria Prinz, piano. Recital de Lieder y fragmentos operísticos)

En un momento vocal óptico, relajado y sonriente, Ludovic Tézier protagonizó una velada lírica absolutamente memorable en su debú en el Festival Castell de Peralada (Girona). En el marco íntimo y cálido de la iglesia del Carme de la localidad ampurdanesa -espacio que acoge todos los recitales del festival- el barítono francés demostró que probablemente en estos momentos es el mejor de los barítonos en la escena operística internacional. La voz, bella, potente, generosa en toda su extensión y rica en colores y matices, sonó de forma majestuosa, siempre acompañada con cuidado por la sensible pianista búlgara Maria Prinz.

Abrió el programa con tres canciones de Franz Liszt -entre ellas la magnífica Oh! quand je dors– recreadas con expresividad y vuelo melódico-,  y abordó el gran liederismo germánico con dos canciones de Robert Schumann –Mondnacht y Hör ich das Lledchen klingen, de sus ciclos Liderkreis y Dichterliebe– que interpretó con excesiva lentitud, sacrificando el ritmo, el latido natural de la narración, en busca de delicadas inflexiones líricas. La voz sonó con extraordinaria belleza y flexibilidad en dos conocidísimos lieder de Schubert –An die Musik y Ständchen– así como en el brillante Berlioz de L´île inconnue, perteneciente al ciclo Les nuits d´été, que cerró la primera parte.

Antes de consagrar la recta final del programa a la ópera, Tézier interpretó con finura y directa expresividad dos canciones de Mozart, Abendempfindung an Laura, KV523 y Komm, liebe Zither, komm, KV 351, preludio ideal a Deh, vieni alla finestra del Don Giovanni. Y entonces, el entusiasmo del público fue in crescendo en un bloque final de alto voltaje operístico en el que emocionó hasta las lágrimas con la gran aria del Príncipe Yeletsky de La Dama de Picas -una de las cimas del arte vocal de Chaikovski- y la nobleza de acentos de la muerte de Rodrigo, de Don Carlo. Tras el majestuoso Verdi, ofreció un Giordano sensacional, un Nemico della patria que sonó a puro fuego. Dos propinas, la Canción de la estrella, de Tannhäuser, y la straussiana Zueignum, cerraron un recital triunfal.