Los cien años de Piazzolla

Los cien años de Piazzolla

PIAZZOLLA: Cien Años / Juanjo Mosalini, bandoneón. Pro Arte Chamber Orchestra. Dir.: Gisèle Ben-Dor / Century Records

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Uno de los mayores afectados, desde el punto de vista musical, por el cierre impuesto por la Covid ha sido el recuerdo del centenario de Astor Piazzolla (1921-1992), el compositor argentino cuya música capta exquisitamente la melancolía existencial de nuestro tiempo. Piazzolla se identifica tan íntimamente con Buenos Aires que a menudo se pasa por alto su relevancia más amplia; su importancia, sin embargo, es verdaderamente global.

Criado por padres italianos en el bajo Manhattan, Piazzolla absorbió en su niñez el jazz, la música gitana y el teatro judío. Formado por un alumno de Rachmaninov de origen húngaro, volvió a Buenos Aires para recibir clases con Alberto Ginastera y Raúl Spivak, antes de terminar en París con Nadia Boulanger, quien le infundió el culto a Stravinsky, Bartók y Monteverdi. Todos estos elementos se fundieron con su permanente pasión por el tango, expresada a través de su sempiterno portavoz, el bandoneón. Piazzolla pasó el resto de su vida escribiendo tangos en Buenos Aires, a excepción de los siete años de autoexilio durante la dictadura militar, entre 1976 y 1983, que pasó en Italia. Su música es inmediatamente reconocible -¿de cuántos compositores se puede decir eso? – y su estado atmósfera permanente es gris, un emocionante tono intermedio. Rostropovich y Kremer la hacían sonar como un Shostakovich con anillos de humo.

La presente edición se compone de un concierto para bandoneón y orquesta de 20 minutos, que data de sus años de exilio, y de cuatro estrenos mundiales de su montaña de manuscritos publicados. Gisèle Ben-Dor dirige la orquesta de cámara Pro Arte de Boston, con el bandeonista Juanjo Mosalini, en un recorrido por el mundo de Piazzolla, en particular por su encendida ambivalencia hacia Buenos Aires y su elevación del tango de la pista de baile al museo de arte.

Se trata de un convincente homenaje de una hora de duración, grabado semanas antes del desastre de la Covid. Mi médico me recomienda tomarlo en pequeñas dosis, no más de 20 minutos cada vez. Más podría inducir un pesimismo incurable y una sed de vino tinto.