Scherzo | CRÍTICAS / LONDRES / The Sixteen: inolvidable apoteosis polifónica, por Urko Sangroniz

LONDRES / The Sixteen: inolvidable apoteosis polifónica

LONDRES / The Sixteen: inolvidable apoteosis polifónica

Londres. Royal Albert Hall. 24-VIII-2022. The Sixteen. Director: Harry Christophers. Obras de Tavener, Tallis, MacMillan, Tye, Górecki, Sheppard y Byrd.

The Sixteen acudía a los Proms seis años después de su anterior participación con un programa exigente, arriesgado y atractivo a partes iguales y de unos 75 minutos de duración que incluía, entre otras cimas de la polifonía, los motetes Spem in alium de Thomas Tallis y Vidi aquam de James MacMillan, escritos a 40 partes los dos. No fueron, sin embargo, los únicos alicientes de la noche ya que, entre medias, y haciendo gala una vez más del conocimiento, acierto y buen gusto a la hora de confeccionar programas, Harry Christophers incluyó otras piezas de gran belleza que sirvieron de contrapunto a los alardes técnicos e interpretativos antes mencionados. 48 cantores en total se alternaron en las distintas formaciones requeridas para cada una de las obras en unas lecturas antológicas en todos los aspectos.

El concierto comenzó con la antífona de canto llano Salve Regina, que sirvió para adecuar el sonido del coro al espacio del Royal Albert Hall, también para que el público se habituase a su sonoridad. The Sixteen demostró desde el inicio su pureza, elegancia y equilibrio en el sonido, así como la naturalidad que le caracteriza en el fraseo. Los 48 cantores intervinieron al unísono o alternándose en las secciones de voces blancas y voces graves, apoyadas en ocasiones por pedales. Fue entonces cuando se produjo el primero de los muchos momentos especiales que tuvo el concierto, cuando el coro enlazó en final de la antífona con el motete Hymn to the Mother of God de John Tavener, contrastando así el canto llano con la polifonía y la tonalidad. El efecto, damos fe de ello, resultó muy eficaz.

Con el motete Spem in alium de Tallis, sin duda uno de los momentos más esperados, el concierto ganaría en interés. No era para menos, ya que poder escuchar este motete en vivo y en las voces de un coro como The Sixteen es, además de todo un privilegio, una garantía. Dejando a un lado las dudas sobre el motivo de su composición, el conjunto empleó la nueva edición de Hugh Keyte de 2020, en la que las 40 partes se agrupan en 4 coros de 10 voces cada uno, en lugar de la edición más habitual de Philip Brett, con la distribución de 8 coros a 5 partes. Ya desde las primeras entradas de las voces y salvo algún contratenor que sobresalió demasiado -y no de forma cuidada precisamente-, se constató de nuevo la delicadeza y elegancia del conjunto, durante el desarrollo del endiablado contrapunto, en el despliegue de texturas y en los 4 momentos en los que todas las voces intervienen a la vez. Con un tempo tranquilo pero siempre fluido, el público quedó subyugado por las oleadas armónicas que lo mecían, mientras el coro mantenía la redondez y la calidad de su emisión, incluso en los momentos de mayor volumen. Escuchar la profundidad del sonido enraizado de esa forma en las 40 voces fue todo un disfrute.

Todavía impactados por la música de Tallis, tres obras de estéticas muy contrastadas pero de inusual belleza hicieron disfrutar plenamente a los asistentes: el Miserere (2009) de James MacMillan, estrenado por The Sixteen en Amberes el mismo año de su composición, el Agnus Dei de la Missa “Euge bone” de Christopher Tye y Totus tuus (1987) de Henryk Górecki. No sabríamos con cuál de las tres quedarnos, quizás con esa suerte de mantra final y en diminuendo del Totus tuus, lo que sí podemos asegurar es que las cotas de emoción y la calidad y musicalidad desplegadas en cada una de ellas fueron altísimas, apenas empañadas por el salto al agudo de un contratenor en el Misere, concretamente en Dele iniquitatem meam. Seguidamente, un nuevo Agnus Dei, el de la Missa “Cantate” de John Sheppard, tan inspirador como el de Tye, cerró esta sección. Hubo en él una indecisión casi inapreciable en la segunda entrada del Agnus Dei, en las voces graves.

Llegó entonces el otro momento crucial del concierto con Vidi aquam de MacMillan, que fue encargada en 2019 por ORA Singers como complemento al Spem in alium. Las sucesivas entradas al comienzo, las elaboradas texturas, el intrincado contrapunto y los bloques sonoros hicieron acto de presencia de nuevo, con la misma redondez y prestancia, aunque con redoblados esfuerzos vocales. Escuchar las secciones del Alleluia en vivo fue emocionante, así como el fuerte contraste en piano con los pasajes que les siguen. Resultó asimismo admirable la desenvoltura mostrada por el coro, haciendo fácil la enorme dificultad que la obra encierra, sobre todo en la vorágine final, con modulación sorpresiva incluida.

Para concluir, y también como contraste, los 48 cantores interpretaron conjuntamente el delicioso Diliges Dominum de William Byrd, un palíndromo musical a 8 voces en total con cada una de las 4 voces cantadas a la vez del derecho y del revés. Como propina a la altura del concierto, el coro ofreció el emotivo Miserere Nostri de Tallis, con un final embelesador.

Tras escuchar este inusual despliegue de virtuosismo polifónico, expresividad y musicalidad, sólo nos queda rendirnos al buen hacer del coro y al planteamiento artístico de su director. The Sixteen demostró que no es necesario trastocar la forma y el carácter de las obras para cautivar al público, basta con dejar que la maestría de sus creadores y la propia música ocupen el lugar que les corresponde, que no es poco. Si a todo ello se le añade la elegancia que el coro siempre muestra en el fraseo, la redondez en todas sus voces y dinámicas, la perfecta afinación y el trabajo minucioso en la articulación y la dicción, el resultado es esta inolvidable apoteosis polifónica.

Urko Sangroniz