LONDRES / Patética para una directora

LONDRES / Patética para una directora

Londres. BBC Proms. Royal Albert Hall. 6-VIII-2019. BBC Symphony Orchestra. Directora: Dalia Stasevska. Sol Gabetta, violonchelo. Obras de Sibelius, Weinberg & Chaikovski.

Dalia Stasevska, la nueva directora invitada principal de la BBC Symphony, realizó anteanoche un nervioso debut en los Proms londinenses. No le ayudó demasiado el uso de una prenda tipo kimono de amplias mangas onduladas y un dibujo de pavo real, que sin duda desvió la atención de lo que debería haber sido el principal foco  de atención de los músicos: sus manos. Stasevska, de 34 años, utiliza una batuta muy larga que agita con movimientos de manual. Su mano izquierda, por lo que pude ver más allá de la manga, se mantiene curiosamente inexpresiva, los dedos estáticos y juntos.

Finlandesa de origen ucraniano, Stasevska ofreció una agitada lectura de la suite Karelia de Sibelius, con pocas luces y sombras y muy pocos detalles que la apartasen de los caminos trillados. Mucho mejor fue el estreno absoluto en Londres del Concierto para violonchelo de Mieczyslaw Weinberg, compuesto en 1956 (era también la primera vez que se escuchaba música de Weinberg en los Proms), gracias fundamentalmente a la solista Sol Gabetta, quien ha llevado la obra por toda Alemania con gran éxito. Trufado de melodías hebreas y evocaciones de la música klezmer, y lleno de ideas que Shostakovich, íntimo amigo de Weinberg, tomaría prestadas para su propio concierto cuatro años más tarde, la obra exhibe tanta riqueza musical en sus apenas treinta minutos de duración, que uno querría a su término pulsar el botón de pausa para una repetición instantánea.

Gabetta, con un espectacular vestido que dejaba al descubierto su espalda, apenas miró a Stasevska, quien parecía por entonces más relajada, más cómoda con el lenguaje y evidentemente más conectada con los músicos, aunque el concertino Igor Yuzefovich parecía un tanto abstraído en su propio universo.

Quedaba, tras el descanso, la Sinfonía Patética de Chaikovski, un reto para cualquier joven director teniendo en cuenta el legado interpretativo que acumula esta obra icónica: Mravinsky, Furtwängler, Karajan, Kubelik, Solti, Abbado, Muti, Tennstedt, Masur… por mencionar solamente mis propios hitos.

La sinfonía empezó bien, con la adecuada tensión rítmica y suficiente credibilidad agógica, y la confianza de la directora llego al punto de bajar la batuta durante el segundo movimiento, dejando que la orquesta tocara en piloto automático, lo que es siempre una buena señal en un nuevo director. El tercer movimiento, marcado allegro,  fue ciertamente casi alegre, si esta palabra no casara tan mal con el espíritu de la Patética, y si el finale careció a la postre de esa última y fundamental dosis de pathos, la dirección se mantuvo lúcida y coherente hasta el último compás. El resultado global fue una buena interpretación, aunque a buen seguro esta joven directora nos deparará mejores noches.

Foto: Chris Christodoulou