London Nights

London Nights

LONDON NIGHTS: Obras para piano de Tippett, Britten, Bridge, Ireland y Bax / Franziska Lee, piano (Capriccio)

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Paseando ociosamente una tarde en mi primera juventud por el Támesis desde Westminster hasta la City, me maravillé de lo poco que había cambiado la topografía esencial de la ciudad desde los tiempos de Shakespeare y Pepys. Hace pocas semanas tuve ocasión de pasear por Leadenhall y Lombard y me sorprendió lo poco que reconocí de todo aquello. Los rascacielos de cristal y acero han generado una alienación humanoide, un muro impermeable entre el Londres eterno y la versión del siglo XXI.

He experimentado una sensación parecida al escuchar el álbum de Franziska Lee de piezas para piano londinenses, por muy inteligente y bien interpretado que esté. Lee, una coreana formada en Alemania, toca la sonata para piano de Michael Tippett, fechada en los años treinta del siglo pasado, con una neutralidad encomiable: sólo las notas escritas en la partitura, sin eco alguno de las circunstancias políticas y sexuales del autor. Ojalá su enfoque pudiera hacer de la sonata una pieza mejor de lo que es, pero no es así. El tema inicial, a medio camino entre Three Blind Mice y Happy Birthday, apenas tiene espacio para desarrollarse. Toda la expresividad que Lee pone en su interpretación es arrastrada por el río como tantas botellas vacías después de una despedida de soltero.

El Holiday Diary de Benjamin Britten, de 1934, está dos peldaños por encima de Tippett, extravagante y pintoresco, travieso y, para Britten, inusualmente ocurrente. Su maestro Frank Bridge escribió sus Three Sketches for Piano, opus 8, en 1906. Por muy atmosféricos que sean, Bridge no era un compositor de piezas de salón; escribía mejor para orquesta. John Ireland, en su Ballade of London Nights (1930), es claramente incapaz de hacer algo interesante.

La pieza más importante del disco es la primera sonata de Arnold Bax, escrita antes y después de la Primera Guerra Mundial. Fascinante desde su inicio, la continuación no hace sino profundizar esa sensación. Bax, grotescamente infravalorado, es un observador más agudo y una mente más ágil que cualquiera de los otros compositores reunidos aquí, exceptuando a Britten. Su sonata es un gran hallazgo en una bolsa de líquidos de todo tipo y la recomiendo encarecidamente a los buscadores curiosos de las delicias subterráneas de Londres.