Libros

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De un tiempo a esta parte los libros sobre música ocupan en España un lugar cada vez más importante entre las novedades bibliográficas de cada año. Ello es debido, naturalmente, al interés de unos lectores generalmente fieles, bien cuantificables por las editoriales en función de los títulos que se les propone y que tratan de profundizar en aquellos aspectos de la música, sus creadores, sus intérpretes o sus distintos contextos históricos o sociales. Más aun ahora, cuando las nuevas plataformas nos permiten una suerte de confrontación inmediata, de acceso rápido a lo que ejemplifica la tesis de lo leído. Si analizamos la bibliografía disponible en lengua española —que ha crecido también cualitativamente mejorando aspectos antes algo descuidados, como las traducciones— comprobaremos que ya hay títulos imprescindibles mientras otros no acaban nunca de aparecer. Son estos libros, hoy por hoy, imposibles de abordar comercialmente, no solo en nuestro idioma, y que anuncian para cualquier editor una nada favorable cuenta de resultados. Por otra parte, la propia condición cultural de muchos de sus posibles lectores en castellano les facilita la posibilidad de acceso a esos títulos en sus lenguas originales, en algún caso ya incluso en más baratas ediciones de bolsillo.

Con todo y con eso, en España hay un puñado de editoriales que ha hecho de los libros de música una parte importante de sus catálogos y, es de suponer, también de sus beneficios. Los libros de Alex Ross, Ted Gioia, Jan Swafford o Norman Lebrecht —este, quizá el pionero, a finales del pasado siglo, en rebasar los límites del mercado previsto para un libro de música entre nosotros— funcionaron comercialmente muy bien y sus sellos pudieron presumir de colocarlos aceptablemente entre los mejor recibidos de la no ficción durante algunos meses. Pero, sobre todo, ayudaron a manifestar que la música podía ser una parcela relativamente rentable dentro de la enorme cantidad de novedades que cada año se publican en España.

Parte fundamental de ese buen momento ha sido y es la Fundación Scherzo, otorgando a los libros una importancia muy considerable desde el principio de sus actividades que se ha visto incrementada en los últimos meses con un rediseño a fondo y un plan editorial que trata de compartir la filosofía de la revista, su vocación de servir por igual al aficionado, al profesional y al investigador. Por el momento han aparecido dos títulos, Handel en Londres de Jane Glover y El piano soviético de Luca Cianmmarughi, que se ocupan de dos de los intereses mayores de los aficionados españoles: por una parte, el barroco y, por otra, el piano, algo de lo que saben mucho los abonados al Ciclo de Grandes Intérpretes. A un ritmo regular irán apareciendo nuevos títulos, siendo los próximos Gesualdo de Denis Morrier y Wilhelm Furtwängler de Roger Allen. Es decir, una mirada a las raíces y un análisis de una figura sin la que no se comprenden las grandes contradicciones de una etapa aún viva de la historia cultural europea. Nuestra colección siempre ha prestado atención a títulos y autores españoles y esa será también una de nuestras líneas fundamentales: ayudar a crear entre nosotros un corpus bibliográfico acorde con esa nueva realidad de la musicología en España, poco a poco más intergeneracional, menos apriorística y mejor preparada.

Desde esta nuestra condición de editores queremos que esta propuesta de leer sobre música sea también la de ofrecer la posibilidad de disponer de una música para leer. Que, en la medida de sus posibilidades, quien se acerque a nuestros libros tenga la sensación de que, en efecto, destilan música, una música nueva o vieja pero abierta desde el texto escrito a una escucha diferente. No en vano leer sobre música es lo más cercano a leer música.

 

(Editorial publicado en el nº 371 de la revista SCHERZO, de marzo de 2021)