Leticia Moreno: “Siempre estoy aprendiendo y creando obras nuevas”

Leticia Moreno: “Siempre estoy aprendiendo y creando obras nuevas”

Madrid. Diez de la mañana a las puertas de la Fundación Telefónica en la Gran Vía de Madrid. Me presentan a Pedro Vera Candeas, director de Beatik y a dos miembros más de su equipo. Mientras esperamos a la violinista que hará la demostración de Beatik, les frío a preguntas sobre esta novedosa aplicación de lectura de partituras cuya presentación mundial se hará dos horas y media más tarde. Llega la violinista. No es otra que Leticia Moreno. Bella por fuera y bella por dentro. Mujer cuya empatía se refleja en la música que interpreta al violín. “Muy” es un adverbio que cuantifica su personalidad: muy sensible, muy apasionada, muy fuerte, muy trabajadora y muy detallista. Para Leticia no hay cosa más gratificante que poder hacer algo por los demás. No en vano es impulsora de un proyecto especial que se llama Músicos por UNICEF donde los músicos donan música para ayudar y potenciar a la infancia. Afable y de hablar pausado, reflexivo. Hoy nos reúne la presentación de la aplicación Beatik, pero la conversación con esta violinista madrileña afincada en Valencia (cuando sus giras se lo permiten) va más allá de la música. Sin rodeos le suelto la primera pregunta.

¿Cuál es su vínculo con Beatik?

Oigo de esta aplicación hace unos meses y me sorprende mucho imaginar que esto existe y, sobre todo, que se está desarrollando para que puedan tocar ensembles enteros y orquestas enteras de forma independiente con el iPad, no dependiendo de un pedal, que a veces da algún problema. Varios amigos me han comentado experiencias con el pedal que se desconecta de la partitura justo antes de salir al escenario o que es complicado. Yo nunca lo compré. He tocado con iPad, estudio mucho con iPad. Ahí tengo todas mis partituras, sobre todo las orquestales. Toco cuatro o cinco conciertos diferentes al mes y llevar las partituras de violín y las de orquesta es un peso importante. La idea de algo como Beatik la tenía en mis sueños desde que era niña, porque recuerdo ir con la maleta cargada de partituras y decir “¿por qué no harán algo?”. De hecho, yo soñaba con ello cuando no existía ni el iPad. Recuerdo haber hablado con colegas para ver si podíamos patentar algo así, pero yo no me dedicaba a eso, claro, porque estaba muy ocupada tocando el violín. Era un sueño: ¿por qué no meten todas las partituras dentro de un formato digital? No sé si existía el eBook por aquel entonces. Hablo de cuando tenía 17 años y me iba de viaje con una maleta llena de partituras. Así que ya en mi imaginación esto existía. Entonces, cuando hace unos meses hablé con un colega, Alban Gerhardt, que vive en Madrid y es uno de los mejores violonchelistas, me comentó que había oído de esta aplicación. A los pocos meses me llamó Beatik, porque querían mostrarme en persona la aplicación para que la probara y les guiara, para que les dijera qué es lo que necesita un músico, qué es lo que nos da la confianza para que realmente esta aplicación cobre vida, que sea útil y algo en lo que uno pueda confiar. Digo la palabra “confiar” porque en el momento del escenario, aunque también en el momento del estudio, uno tiene que estar concentrado solamente en el tema musical. Y eso es precisamente lo que esta aplicación te permite. Es una aplicación que te sigue en todo momento: si te paras, se para contigo y continúa en el punto en el que continúes. Hay también muchos formatos sobre métodos de estudio que esta aplicación tiene y que seguiremos desarrollando, porque eso es una cosa muy personal.

Entonces es usted un poco la piloto de pruebas, ¿no?

Soy la persona que ahora mismo está haciendo de embajadora de esta aplicación en el mundo. Ya tengo varios amigos que, en cuanto lancé la noticia por las redes sociales, me dijeron: “¡Jolín, pues me acabo de comprar el pedal!”. Entonces yo les decía: “Pues vete a descambiarlo, que ya no hace falta”.

¿Es esta aplicación infalible entonces?

Sí, sí. Y aparte hemos hecho todo tipo de pruebas en las cuales, por ejemplo, de repente te apetece tocar una sección, pero mucho más rápido, y además fuera de contexto, y luego de repente vas a otro sitio o lo paras o lo haces tres veces más lento… ¡La aplicación lo reconoce y te sigue! ¡Es la única aplicación en el mundo que funciona realmente escuchándote! Hay otras aplicaciones que, si les pones el pulso metronómico, calculan cuántos pasajes hay que pasar, pero en ningún momento realmente te escuchan. Beatik sí que está contigo y eso es precisamente lo fascinante. Ahora mismo la he estado utilizando sobre todo para estudiar y hemos reservado para hoy (14-X-2019), el día que se va a hacer la primera interpretación de Beatik en directo.

Hablemos de su carrera musical. Hay bastante información en Internet sobre usted, pero me gustaría remontarme a su infancia para saber cómo surge la música en una niña pequeña en cuya familia no hay más músicos.

En mi infancia, nosotros vivíamos en Estados Unidos, por el trabajo de mi padre, que es ingeniero de telecomunicaciones. Por aquel entonces, mi padre trabajaba para ITT y estaba desarrollando los primeros móviles, que eran como maletas. Recuerdo que llevábamos una en el coche. En aquel momento, en Estados Unidos había una oferta impresionante de educación temprana artística y para todo tipo de actividades. En un día habitual, daba clases de ballet, iba a clases de pintura, montaba a caballo. Yo era una bebé. Iba a clases de socialización… cantábamos. Me interesaba mucho la escultura, había hasta talleres de escultura. ¡Imagínese lo que haríamos con tan solo dos años! Era un poco como ‘guarrear’ con los materiales. Mis padres me han contado que yo decía que quería ser escultora…

¡O sea, que usted entonces iba para escultora!

Bueno, también quería ser bailarina. Daba clases de ballet y teníamos un pianista que nos acompañaba. Recuerdo que nuestra profesora nos hacía los tutús ella misma. Tengo unos tutús preciosos, hechos a mano, que son unas auténticas joyas. Los hacía ella para cada una de las niñas de la clase. Tuve la suerte de toparme con el arte y de tener una educación artística muy temprana y completa en varias disciplinas del arte. Conocí el violín porque en una de aquellas clases, alguien trajo una viola de gamba y me afané mucho con aquel instrumento. Tenía dos años por aquel entonces. Y los americanos le dijeron a mi padre que me encantaban esas cosas, y él se lo tomó muy en serio. De hecho, una compañera de mi padre, que era japonesa, llevaba a su niña al método Suzuki y mi padre me llevó también. Y así es cómo comencé yo con el método Suzuki. Creo que lo que marcó la diferencia con el violín fue que era la única actividad en la que yo no podía disfrutar de la clase sin haber trabajado previamente, aunque solo fueran diez minutos diarios, porque si no, mi progreso se resentía, mi placer se resentía. Así que este tándem de esfuerzo por conseguir una meta y ese placer de tener que esforzarme para conseguirla fueron vitales. A mí, por lo general y si uno sigue mi trayectoria, no me gustan los caminos fáciles. Me gusta esforzarme para conseguir algo. Creo que es mucho más gratificante. Eso es parte de mi carácter y eso me vincula mucho al violín. El violín para mí va mucho más allá de un objeto personal. La relación que tengo con el violín y mi instrumento, un violín Nicola Gagliano, que llevo tocando ya muchísimos años y con el mismo arco también. Mi Lamy fue el primer objeto que compré con trece años. Recuerdo que fui al Banco Zaragozano con mi padre para pedir un préstamo que luego fui pagando poquito a poco con cada concierto que daba. Y lo pagué rápido, ¡incluso de que venciera el plazo! Llevo tocando con ese mismo arco desde los 13 años. He tocado algunos violines Stradivarius y Guarneri, pero mi Glagliano es donde encontré mi voz y llevo doce años tocando siempre en este violín.

Ha dicho que le gustan los caminos difíciles que requieren esfuerzo, ¿qué retos afronta ahora que le supongan esfuerzo en el futuro?

Siempre estoy aprendiendo y creando obras nuevas…

¿Creando?

Bueno, trabajo mucho con compositores vivos que me dedican obras, y estoy haciendo el estreno de varias de ellas. La última obra ha sido el Concierto Aurora, que Jimmy López me ha dedicado y comisionado por la Sinfónica de Houston. También grabé un CD con obras de Piazzolla en colaboración con el maestro Andrés Orozco-Estrada, con quien trabajo regularmente desde hace muchos años. El Concierto Aurora está inspirado en los diferentes tipos de auroras y fue un grandísimo reto no solamente estrenarlo, sino también hacer la grabación en directo sin ninguna toma extra. El CD se lanzará próximamente, en 2020, junto con la Sinfonía nº 2 de Jimmy López, que es uno de los compositores en auge y uno de los más demandados, sobre todo en los Estados Unidos. Su primera ópera se la encargó Renée Fleming. Esa-Pekka Salonen también le ha encargado una obra para hacer en gira con la London Philharmonia… Jimmy es uno de los compositores más importantes ahora mismo. Una de las facetas que más trabajo es la del estreno y la creación junto con compositores de obras nuevas. También, el proyecto con Beatik es importante, porque la innovación tecnológica es lo que más efecto va a tener en el proceso de la creación musical y en nuestras vidas. Me interesa ser parte de la evolución de la música, bien sea con creaciones o recuperando repertorio antiguo.

Y cuando no está usted liada con la música, ¿cuáles son sus aficiones?

¡Son muchas! Por suerte tengo una familia maravillosa. Todas mis aficiones siempre las comparto con mi hijo y con mi pareja. En mi tiempo libre siempre estoy con ellos y lo disfruto muchísimo. Me encanta probar y descubrir cosas nuevas juntos. A mi hijo le encanta el deporte, le gusta el tenis, en lo cual no puedo acompañarle mucho. También le encanta el fútbol. Mi padre siempre nos ha inculcado el amor por los caballos, por la hípica, y eso es algo que también fomento en mi peque. Yo hacía salto a caballo hasta los nueve años, pero tuve que dejarlo, porque eran incompatibles la clase de salto y la clase en la Escuela Superior de Música Reina Sofía.

¿Cómo se las apaña para compaginar la vida profesional con la vida familiar?

Es muy difícil para todos; para un músico que está de gira, todavía más, porque no pasas las noches en casa. Sé que hay otras profesiones, como la de médico, que quizás no pases la noche en casa, pero a la mañana siguiente sí que estás. Acabo de estar dos semanas de gira. Voy a volver a casa unos días y luego regreso a Finlandia a tocar el concierto de Peter Eötvös, Alle vittime senza nome. Es complicado compaginarlo con la vida familiar, pero también es maravilloso poder darle el ejemplo a mi hijo de que mamá no solamente va a trabajar. El trabajo de mamá tiene un significado: hace que la vida de otros sea mejor y que el legado de algunas de las personas más especiales de nuestro planeta siga vivo. Creo que es muy importante que los niños, las nuevas generaciones, lo tengan muy en cuenta. También los padres y los hermanos, porque todos damos el ejemplo. Inculcarles a nuestras nuevas generaciones que no solo importa ganar dinero o tener los medios para vivir en familia, para tener tu casa, pagar los estudios, para podernos dar unas vacaciones, sino también cómo, de qué manera, obtienes ese dinero. Por mi trabajo tengo muchas posibilidades de darle una fabulosa educación a mi hijo, vivimos muy bien. Pero lo más importante es cómo mamá se gana este dinero. No estoy solamente ganando dinero, estoy realmente dando algo a los demás. Y cada vez soy más consciente de ello. Cuando era más joven y salía al escenario, lo único que me importaba era mi mundo, mi burbuja, el mensaje del compositor. Ahora soy muy consciente de que hago a otros muy felices, de que les doy ese momento para alimentar el alma. Cada vez me hace más feliz en el escenario ser consciente de que estoy dando al público ese momento de reflexión y comprensión. Es algo muy valioso lo que hago y muy gratificante. Mi hijo ve eso a pesar de que no puedo estar todos los días en casa. Pienso que ese valor puede serle muy útil en un futuro.

Para concluir, ¿podría decirme tres personas a quienes admire?

Albert Einstein por esa mente tan brillante y por esa cantidad de conexiones tan humorísticas en sus reflexiones y que además era violinista; mi padre, Domingo Muñoz, por la calma que siempre tiene y por la bondad que siempre me ha transmitido; y Rostropovich, por esa fuerza que tenía para sacar la música adelante, una fuerza que siempre llevo dentro de mí. Rostropovich revolucionó la música. ¿Qué músico ha dejado un legado tan grande como él? Mantuvo las obras que estrenaba durante toda su vida. Una obra no es maravillosa desde la primera vez que se interpreta. Hace falta que esa obra tenga su vida propia. El compositor las escribe y quedan sobre el papel, pero tienen su vida propia. Un buen compositor sabe verlo. Y eso es algo muy especial que hizo Rostropovich. ¿Qué no hacía este hombre? Tocaba todas las obras que se han podido escribir para violonchelo, una detrás de otra; dirigía, tenía un nervio inagotable y también nos transmitió mucho a las nuevas generaciones. Él me ha dicho muchas frases que me han inspirado mucho, pero recuerdo una en concreto: “Has sido elegida para ser un soldado de la música”. Y es que somos nosotros quienes vamos a mantener ese legado. En aquel momento no sabía muy bien cómo entender esa frase, pero ahora sí que la entiendo.