LEIPZIG / ‘Norma’ en la Italia fascista

Leipzig. Oper Leipzig. 1-XII-2024. Roberta Mantegna, Kathrin Göring, Dominick Chenes, Randall Jakobsh. Dirección musical: Daniele Squeo. Dirección de escena: Anthony Pilavachi. Bellini: Norma
El lema Fuori i fascisti, impreso en letras rojo sangre al fondo del escenario, sitúa de manera inequívoca la nueva producción de Norma de Bellini, dirigida por Anthony Pilavachi y con escenografía de Markus Meyer, en la Italia fascista de las décadas de 1920 y 1930. Es la primera producción de la tragedia lirica firmada por el teatro de la ciudad. El estreno del 1 de diciembre comenzó con un aire desconcertante, ya que Randall Jakobsh, en el papel de Oroveso, presentó su escena “Ite sul colle” con una voz inflada y áspera, de entonación insegura. La interpretación de su aria “Norma il predisse, o Druidi”, compuesta por Wagner para este rol, resultó en un desempeño desafortunado debido a los evidentes problemas vocales del cantante. La siguiente intervención, a cargo de Dominick Chenes como Pollione, tampoco estuvo exenta de dificultades, especialmente en las notas agudas. Sin embargo, en “Me protegge, me difende”, Chenes mostró una voz juvenil y enfática, abordando la cabaletta con el aplomo necesario.
La soprano italiana Roberta Mantegna se enfrentó con valentía a los retos vocales de la parte protagonista. Su voz, oscura y dramática, imprimió la intensidad requerida al recitativo de la sacerdotisa, y su interpretación de la cavatina “Casta Diva” destiló encanto y melancolía, con un tratamiento original del da capo de la cabaletta. No obstante, en los pasajes agudos, el sonido adquirió una tonalidad metálica que, en los momentos más dramáticos, se tornó casi cortante.

La escenografía situó la acción en distintos escenarios como un campo de refugiados, una cripta convertida en hospital —donde Norma atiende a los heridos junto a un pequeño altar con velas, flores y una imagen de la Virgen— y una habitación austera con entramados en blanco y negro. El peinado rizado de Adalgisa, cuya primera aparición, ataviada con un traje turquesa y un sombrero extravagante, desconcierta por su contraste con la juventud del personaje, le conferió un aire más cercano al de una gobernanta británica. A pesar de ello, Kathrin Göring interpretó su papel de manera convincente, y aunque su voz, algo madura para la joven sacerdotisa, fue técnicamente impecable, mostró algo de rigidez en los pasajes más expuestos. Los dos grandes duetos entre las dos mujeres fueron, sin duda, los momentos musicales más destacados de la representación. El final resultó impactante: el adiós de Norma a sus hijos y a la vida, ante una monumental fachada, evocación del Nationaltheater de Múnich, pero con impronta fascista. Norma y Pollione se suicidan antes de ser rociados con gasolina y prendidos en llamas.
El Coro de la Ópera de Leipzig, bajo la dirección de Thomas Eitler de Lint, estuvo principalmente situado frente a la pared con el lema, lo que limitó su capacidad teatral. Por su parte, la Orquesta del Gewandhaus, dirigida por Daniele Squeo, ofreció una interpretación matizada, con tempi al servicio de los detalles y destacando particularmente por la calidez de sus cuerdas bajas. El público celebró a la orquesta, al coro y a los cantantes, aunque también expresó cierto descontento con la producción.
Bernd Hoppe
(fotos: Tom Schulze)


