LEIPZIG / Leipzig rinde homenaje a Albert Lortzing

Leipzig. Musikalische Komödie. 24. 4. 2026. Uwe Schenker-Primus, Elissa Huber, Martin Häßler, Sven Hjörleifsson, Kathrin Göring. Dirección musical: Michael Nündel. Dirección escénica: Sonja Trebes. Albert Lortzing: Der Waffenschmied
Leipzig. Opernhaus. 25. 4. 2026. Jacquelyn Wagner, Mathias Hausmann, Andreas Hermann, Oliver Weidinger, Dan Karlström, Marie-Luise Dreßen. Dirección musical: Constantin Trinks. Dirección escénica: Bernd Mottl. Albert Lortzing: Regina
Leipzig rinde homenaje a Albert Lortzing en el 225 aniversario de su nacimiento y el 175 de su muerte con un festival de diez días de duración, que se inauguró el pasado 24 de abril en la Musikalische Komödie con Der Waffenschmied. A esta ópera, que gira en torno al conde von Liebenau —quien, por amor a Marie, hija del armero Stadinger, se pone a su servicio como aprendiz bajo el nombre de Konrad—, se le atribuye una cierta torpidez propia del estilo Biedermeier. La directora de escena Sonja Trebes trata de refutar esta reputación convirtiendo la obra en algo parecido a una revista, adornándola con varios números musicales e interludios de ballet de dudoso gusto. En la convencional coreografía de Mirko Mahr, se dan cita marineros, piratas y chicas con lentejuelas, strass y boas de plumas, sin que sus intervenciones guarden relación alguna con la trama.
Trebes ha reescrito los diálogos, trasladando la acción al pasado reciente e incluso al presente. Se utilizan teléfonos móviles, suenan temas de Henry Mancini y Nino Rastelli en una radio portátil, y al final la empresa de Stadinger es adquirida por inversores. Cuando Stadinger entona su popular canción «Auch ich war ein Jüngling», se produce un momento conmovedor: el armero apaga todas las luces del escenario, su canto se vuelve cada vez más íntimo y la letra, con su llamamiento a la humanidad y al fin del capital, nos evoca, por desgracia, una utopía. El bajo Uwe Schenker-Primus interpretó el número con hermosa sencillez y una voz cálida y de gran plenitud.
Esa escena habría sido un final coherente y propicio para la reflexión, pero a continuación se produce un desenlace más que confuso, con una multitud de inversores con cascos de obra, liderados por Liebenau —cuyo antiguo sirviente, Georg, ahora ejerce de chófer—, la intervención de la bola de demolición y Marie, ahora emancipada, que asume el mando de la empresa como jefa.

Elissa Huber es una intérprete enérgica y segura de sí misma, con un aire un poco marimacho, pero dotada de una voz de soprano llena de sustancia. Cantó su famosa aria «Wir armen, armen Mädchen» con fuerza y determinación. Martin Häßler, en el papel del conde von Liebenau/Konrad, sedujo con su aspecto juvenil y su agradable y caballeresca voz baritonal. En el papel de su sirviente Georg, Sven Hjörleifsson encarnó a la perfección al tenor bufo y bordó «Man wird ja einmal nur geboren», uno de los grandes éxitos de la ópera. Otro está destinado a Irmentraut, la institutriz de Marie: «Welt, du kannst mir nicht gefallen», que la mezzo Kathrin Göring interpretó con fuerte presencia, ironía y una voz brillante y de gran volumen. Al coro le corresponden algunas escenas clave la ópera, y el coro de la Musikalische Komödie las abordó con entrega vocal y energía interpretativa.
Al frente de la orquesta del teatro, Michael Nündel optó por tempos ágiles, primando en todo momento una transparencia que nunca puso en aprietos a los cantantes y permitió que los conjuntos, tan importantes en Lortzing, surtieran el efecto debido. El éxito fue merecido.
La noche siguiente tuvo lugar en la Opernhaus el estreno de la última ópera de Lortzing, Regina.También esta obra empieza con una huelga: la de los trabajadores de la fábrica de Simon. Su hija Regina es amada por el capataz Richard, pero también por el maestro de obra Stephan, un tipo políticamente radical que secuestra a Regina y al final acaba siendo abatido de un disparo por ella.
Durante la obertura, el director de escena Bernd Mottl representa mediante pantomima una historia previa en la que Regina recibe y acepta una propuesta de matrimonio de Stephan, un joven de ideas comunistas que viste una camiseta roja con el retrato de Karl Marx estampado. Su detención pone un abrupto fin a la relación entre ambos. En la escenografía de Friedrich Eggert, el primer acto nos lleva a una elegante sala con paneles de madera, escritorio, lámpara de araña y una galería de retratos de antepasados. Aquí, un grupo de trabajadores vestidos de azul y amarillo protestan enarbolando pancartas contra las injustas condiciones laborales al grito de «¡No queremos!». El coro de la Ópera de Leipzig cantó con energía y gran presencia escénica. Por su parte, Constantin Trinks, al frente de la Gewandhausorchester, supo combinar con gran acierto elementos del Singspiel y de la gran ópera heroica sobre la libertad.

El reparto resultó en líneas generales desequilibrado. El barítono Mathias Hausmann, en el papel de Stephan, aportó los momentos más destacados de la noche con una voz firme y viril, mientras que el tenor Andreas Hermann, en el papel de su rival Richard, decepcionó por su tono tormentoso. En el papel de Simon, el bajo Oliver Weidinger, de emisión a menudo ronca y poco precisa, tampoco parecía la elección ideal. La soprano Jacquelyn Wagner, en el rol titular, lució galas de lírica con un instrumento de gran sustancia, que solo reveló cierta inconsistencia en los expuestos agudos. En los papeles secundarios, Dan Karlström, en el papel del empleado Kilian, convenció en su cometido de tenor bufo, al igual que Marie-Luise Dreßen en el papel de su madre Barbara, que interpretó su couplet «Nur im Frieden» como si fuera una canción de Brecht.
La trama transcurre también en el comedor de la fábrica de armas y en un almacén lleno de granadas, donde Regina, que ha sido secuestrada, yace maniatada sobre uno de los estantes. Stephan está a punto de hacer volar el lugar por los aires, pero Regina se lo impide pegándole un tiro. Luego, irrumpe un comando especial fuertemente armado, acercando cada vez más la trama a nuestra época. La puesta en escena también aprovecha este aspecto en el final. Primero vemos una velada de gala, donde Simon condecora a los inválidos de guerra. El coro contribuye al ambiente patriótico con «Ertönet, frohe Jubellieder». Pronto se agitan banderas alemanas, la alta sociedad se ha puesto abrigos militares de camuflaje sobre sus vestidos de noche, hace su entrada un enorme Torpedo: la nación se muestra en estado de máxima alerta. Regina sigue la escena cada vez más inquieta, sobre todo porque la unidad patética de la multitud se convierte rápidamente en una disputa agresiva y violenta. Al público le costó visiblemente apreciar este final más que simplista y reaccionó con aplausos vacilantes.
Bernd Hoppe


