LEIPZIG / El Vokalensemble SoaVI clausura la 45.ª edición de los Konzerte am Bachdenkmal

Leipzig. Thomaskirche. 31-VIII-2026. Vokalensemble SoaVI. Obras de Senfl, Monteverdi, Walter, Kuhnau, Byrd, Schütz, Bach, Reis, Weismann, Poulenc, Duruflé, Makaroff, Link, Edenroth, The Beatles, Overton, Meyer y Mezzalira.
Acercarse a la Thomaskirche de Leipzig supone completar uno de los peregrinajes por antonomasia en el mundo de la música, el que nos conduce al sepulcro de Johann Sebastian Bach, enterrado en la iglesia de la que fue kantor tras el traslado de sus restos mortales desde la Johanniskirche, uno de los muchos templos que en ciudades como la propia Leipzig o en la vecina Dresde los aliados destruyeron durante la Segunda Guerra Mundial de un modo que podríamos decir ‘gratuito’ (léase al respecto Sobre la historia natural de la destrucción, de W. G. Sebald), para así intentar borrar la historia de la nación que se pretendía aniquilar, tanto militar como cultural y moralmente.
Por fortuna, la música de Johann Sebastian Bach no es sólo patrimonio alemán, sino de toda la humanidad, y sus vínculos con la Thomaskirche refuerzan aún más la venerable tradición musical que dicho templo aquilata desde su consagración en el siglo XV. Los Konzerte am Bachdenkmal son ya parte sustancial de dicha tradición, pues alcanzan en 2026 su cuadragésimo quinta edición, congregando a los ciudadanos de Leipzig (y a no pocos peregrinos musicales) en torno a la sombra que proyecta el monumento erigido a Bach en la entrada sur de la Thomaskirche.
Dado que el pasado 31 de agosto amenazaba tormenta, el concierto que este año clausuró los Konzerte am Bachdenkmal se trasladó (para mayor fortuna de quienes asistimos) al interior de la Thomaskirche, pudiendo así disfrutar de la particular acústica de ese espacio tan significativo en la historia de la música, en el que tantas obras maestras de Johann Sebastian Bach fueron estrenadas, incluida la Matthäus-Passion.
Nueve fueron los programas que este año conformaron los Konzerte am Bachdenkmal, teniendo el último de ellos como protagonista al Vokalensemble SoaVI, joven agrupación lipsiense fundada en 2022 por las sopranos Ursula Göller y Caroline Jacob, la contralto Anna Katharina Schuch, el tenor Fridolin Wissemann, el barítono Lucas Reis y el bajo Vincent Hoppe, todos ellos presentes en la iglesia de Santo Tomás.
Formados en la Escuela Superior de Música y Teatro “Felix Mendelssohn Bartholdy” de Leipzig, los miembros de SoaVI abordan desde sus primeros años una fusión de repertorios antiguo y contemporáneo que volvió a ser su carta de presentación el 31 de agosto en la Thomaskirche, un espacio que supone, para cualquier músico, un plus de respeto y exigencia, y así afrontó SoaVI su programa, desde una seriedad y un rigor dignos de destacar (excepto la concepción del final de su programa, sobre la que más adelante trataremos).

SoaVI comenzó su concierto en la cabecera de la nave principal, aunque posteriormente se desplazó por el pasillo central de Santo Tomás para explorar otros espacios y acústicas, lo cual fue un detalle por su parte, pues, dadas las dimensiones del templo, la delicadeza y el refinamiento en las dinámicas de SoaVI se escucharían de forma un tanto pálida en los bancos traseros, los que se emplazan bajo la tribuna occidental en la que se encuentra el imponente órgano construido por Wilhelm Sauer.
Delicadeza y equilibrio como sexteto fue el que mostró SoaVI ya en la primera partitura del programa, Das G’läut zu Speyer, obra del compositor suizo Ludwig Senfl en la que anticiparon la sensualidad y el color que desbordarían en Cantate Domino, página de Claudio Monteverdi que SoaVI firmó con un color y una vivacidad rítmica impecables, abundando en el virtuosismo de cada cuerda del sexteto y desbordando una modernidad que ya habían expuesto en Das G’läut zu Speyer; allí, desde los ecos de la polifonía flamenca que tanto inspiraron a compositores contemporáneos como György Ligeti, para después señalar SoaVI, por cómo expusieron Cantate Domino, los caminos que desde Monteverdi llegarían a los Nono o Sciarrino (esos compositores con los que, de no mediar un extraño (des)varío en el programa, hubiese debido terminar el concierto).
En tercer lugar, escuchamos Allein auf Gottes Wort, una partitura de Johann Walter que establece un bello contraste con la música de Monteverdi, pues si en ella habían primado los juegos de planos y estructuras (de una inventiva en la interpretación propia del compositor italiano), en Walter incidió SoaVI en el empaste y en la tensión de su arco cromático como sexteto, tan sólido y bien hilvanado, sin que existan puntos débiles ni en sus voces ni en su estilo. Dentro del ensemble lipsiense, la sucesión de las partituras que conformaban el programa les permitió lucirse alternativamente, dentro de esa fuerte homogeneidad que caracteriza a este joven grupo, de forma que en Allein auf Gottes Wort es obligado destacar a las dos sopranos, cada una de ellas con unas características muy definitorias, tanto en instrumento vocal como en expresividad.

De vuelta a Monteverdi, SoaVI nos ofreció otra forma muy distinta de comprender su música, pues tras la libertad e individualización de sus voces en Cantate Domino, lo escuchado en Domine ne infurore sonó más sombrío y compacto, partiendo de una hondura en bajo y barítono que es obligado destacar, como las continuas modulaciones en expansión y concentración que llevaron a cabo del espectro cromático.
Para cantar la música de Johann Kuhnau, SoaVI se desplazó al centro de la Thomaskirche, cambiando su disposición, pues si en la cabecera del templo habían cantado en semicírculo, en su nueva ubicación el sexteto se dispuso circularmente, algo de lo más pertinente para una pieza como Tristis est anima mea, por su propia circularidad, en una música cuyas líneas vocales exigen un ensemble vocal tan equilibrado como SoaVI para que ese movimiento y su direccionalidad no se hundan ni conozcan baches, manteniendo así la limpieza y la homogeneidad del canto.
Con la misma disposición, SoaVI nos dejó uno de los puntos álgidos del programa, O Lord, make thy servant, T. 204, partitura de William Byrd en la que su interpretación nos convenció por completo, reforzándose el contraste y la tensión armónica al disponerse juntos la primera soprano y el bajo, creando un bello efecto de color. El Amen final, tan rotundo y bien modulado por SoaVI, volvió a evidenciar que, pese al gran equilibrio del ensemble, cada voz adquiere unos perfiles y unos realces propios, y así, la soprano Ursula Göller muestra una voz impecable en su técnica, timbre y luminosidad, capaz de unos agudos totalmente límpidos y sin vibrato que culminan en cada partitura la soberbia estructura armónica de SoaVI. Por su parte, en Caroline Jacob prima la expresividad, de la que ha dado elocuentes y desenfadadas muestras a lo largo del programa; mientras que Vincent Hoppe es un bajo de gran aplomo; teniendo otros cantantes gran peso en la coordinación del conjunto, como la contralto Anna K. Schuch, quien, en diversas ocasiones, con sus miradas y forma de dar las entradas al entregar sus temas en contrapunto a otras voces podríamos decir que asume un rol de dirección.
Continuando con la parte más sólida del programa en cuanto a la calidad de sus partituras, turno fue de Heinrich Schütz, de quien escuchamos Herr, nun lässest du, SWV 433, con sus ecos monteverdianos y una mayor individualización de líneas, planos de relieve dinámicos y juegos rítmicos, firmando una nueva lectura ejemplar.
Pero quizás el momento más emotivo del concierto llegó con Verleih uns Frieden, BWV 42, página de Johann Sebastian Bach que SoaVI cantó en formación de cuarteto rodeando la tumba del compositor: un guiño de intimidad y cercanía con su música que, además de escénicamente muy bello, mostró no sólo las diferentes posibilidades acústicas de la Thomaskirche, sino la afinidad del Vokalensemble SoaVI con la música de Bach, que cantaron de un modo especialmente suspendido, buscando explotar el sonido más distante y cavernoso que proporciona el ábside del templo, por lo que también su tempo fue, en este BWV 42, más lento de lo habitual.
El siguiente bloque del programa presentó la música de uno de los miembros de SoaVI, Lucas Reis. Nacido en 1997, de Reis escuchamos Ungewitter, partitura que prosiguió el trabajo de elongación de las texturas cromáticas ya apuntado en Bach, destacando en la interpretación de SoaVI, de vuelta al espacio donde habían comenzado el concierto, la potencia en Ungewitter de sus dos sopranos, realmente apabullantes.
El Psalm 121: Ich hebe meine Augen auf zu den Bergen de Wilhelm Weismann se presentó de forma sobria e intimista, mandando el empaste vocal y la cohesión del sexteto, sobre la que se fueron elevando las voces principales, destacando aquí la expresividad de Caroline Jacob, así como algo a destacar en el ensemble lipsiense: su pulcra afinación y lo muy adecuado de la misma para cada partitura del programa, de lo cual el trabajo del tenor Fridolin Wissemann es un perfecto ejemplo, como el de Ursula Göller, cuyo tenuto en el registro agudo vuelve a ser pura luz.
En nuevo contraste estilístico muy marcado, de la música de Weismann nos fuimos a la de Francis Poulenc, de quien escuchamos Timor et tremor, reforzando aquí SoaVI poderosamente sus dinámicas, lo cual se agradece, pues el sexteto proyecta con mucha más presencia, ganando en impacto acústico y en contundencia. No escatima en Poulenc SoaVI ni los ecos de la música antigua ni un melodismo cálido y amable que nos dejó en el ambiente más que propicio para adentrarnos en la música de otro maestro de la música vocal francesa del siglo XX, Maurice Duruflé, de quien SoaVI cantó Notre père de forma tan sutil y delicada como dulce.
Con la compositora finlandesa Mia Makaroff nos adentramos en otro estilo musical muy distinto. Y es que, aunque SoaVI ha puesto de manifiesto los vínculos de Kaikki maat te riemuitkaatte con la música del mismísimo Monteverdi, en su interpretación ha sido evidente que nos movíamos ya en territorio actual, con ecos del jazz, gran desenfado en el sexteto y un importante relieve de cada cuerda en su progresivo avance hacia la disolución de una partitura que parece esfumarse en sus últimos compases.
Sin embargo, con la música de Joachim Link empezamos a tener claro que la parte más ‘moderna’ del programa no nos ofrecería, precisamente, las partituras de mayor calidad, y si en las obras del pasado habían primado los grandes maestros y los avances vocales más sustantivos de cada periodo histórico representado en el concierto, no podríamos decir lo mismo, por ejemplo, de Auf einem Baum ein Kuckuck saß, página de Joachim Link que, en todo caso, SoaVI cantó con una técnica impecable, no poco sentido del humor y un efecto interesante de bajo-en-eco que se benefició de su perfecta exposición de planos.
Ese mismo juego de ecos e ilusión de adentrarnos en diferentes distancias acústicas se creó, por medio de una ejemplar construcción de la estructura armónica y el balance de las dinámicas, en I sing you sing, pieza de Anders Edenroth que explota ese diálogo que el propio título explicita, evocando, asimismo, los sonidos de la naturaleza.
Desgraciadamente, y aunque los Konzerte am Bachdenkmal suelen presentar ciertos guiños a lo popular, las siguientes partituras del programa diría que perdieron muchos (demasiados) enteros a nivel artístico, rompiendo por completo cualquier árbol genealógico que se pudiera haber trazado con el recorrido histórico seguido a lo largo del concierto, pues ¿cómo a las últimas partituras se llega desde los Monteverdi, Schütz, Byrd o Bach, sin sufrir un esguince de mente?

Es así que Black Bird, de los Beatles, nos suena en la Thomaskirche no sólo impropio y fuera de lugar, sino ligero y falto de nivel; eso sí, cantado de lujo, con una contralto impresionante y una proyección tan enfática como convencida de SoaVI que congratuló a buena parte del público (que, sin duda, con los Beatles recordó su juventud). Análogos derroteros para David Overton y Loch Lomond, una partitura, en tal contexto, débil en extremo, afectada y simplista a nivel estructural; lo mismo que Dat du min Leevsten büst, de Gregor Meyer; siendo rubricada esta errática parte final con Giaccomo Mezzalira y un cálido guiño de despedida al público, Guten Abend, gut‘ Nacht.
Todo ello redondeó un concierto que nos vuelve a mostrar la intensa vida musical que en Alemania tienen tantas de sus iglesias: una de las bases de su propia cultura como nación, así como de las ciudades que la integran, siendo Leipzig paradigmática al respecto, con los Bach, Mendelssohn, Schumann o Wagner formando parte de su historia y demostrando que hay lugares donde la música es algo que aún se toma muy en serio, formando parte de su más íntima identidad, como demostró el hecho de que fuese Leipzig la única ciudad de la RDA en la que se construyó una sala de conciertos propiamente dicha, la tercera y actual Gewandhaus, fruto de la firme voluntad de Kurt Masur para corresponder a una historia que ni las bombas pudieron borrar.
Paco Yáñez
(Fotos: Paco Yáñez)


