LAS PALMAS DE GRAN CANARIA / Celebrando los 90 años de ‘La tabernera del puerto’

Las Palmas de Gran Canaria. Teatro Pérez Galdós. 18-XI-2026. Ruth Terán. Andeka Gorrotxategi. Enmanuel Franco. Jeroboám Tejera. Jennibel Hernández. Alberto Aliaga. Amelia Font. Mingo Ávila. Borja Molina. Luis Pérez Rivero. Orquesta Sinfónica de Las Palmas. Coro de la Orquesta Sinfónica de Las Palmas. Dirección de escena: Federico Figueroa. Dirección musical: Rafael Sánchez Araña. Sorozábal: La tabernera del puerto.
Tras el sorprendente éxito del estreno de La tabernera del puerto en el Teatro Tívoli de Barcelona, en mayo de 1936, Pablo Sorozábal se vio obligado a guardar la partitura en un lugar seguro, frustrando su estreno en Madrid, debido a la situación de contienda que se estaba generando en el país, y no fue hasta 1940, una vez terminada la Guerra Civil Española, en que pudo representarse en la capital de España.
Noventa años después de ese estreno catalán, la XXXIV Temporada de Zarzuela de Canarias, vuelve a programar este título, sin duda, de los predilectos por el público de las islas, siempre fiel al empeño e inapreciable dedicación de los Amigos Canarios de la Zarzuela, en seguir manteniendo vivo, en el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria, nuestro género musical teatral más preciado, por cuyo escenario han pasado, durante décadas, todos los grandes intérpretes de este estilo.
Ruth Terán, vive y sufre a Marola en el escenario, con una espontaneidad apabullante. La soprano madrileña, supo encontrarse en el personaje principal, adaptarlo a su voz y a su forma de sentir, con contundente presencia escénica y mejor canto. Pasó Terán por la pasión y la nostalgia con gran dominio, en los dúos con el tenor del acto I y III, emitiendo un timbre cristalino, muy hermoso, y frases bien construidas. Impregnó de delicadeza el aria “En un país de fábula” con coloraturas precisas, una proyección fluida, y cuidado fraseo. Conmovedora en el recitado sobre música, y espléndida en “Padre yo no te comprendo” junto al barítono.
Andeka Gorrotxategi, como Leandro, comenzó vocalmente reservado, en el dúo con la soprano “Marinero soy de la mar”, pero a medida que fue trascurriendo la representación, convenció con su seguridad, la luminosidad de sus agudos, y el poderío de su sonoridad. Se ganó al público con la popular romanza “No puede ser”, cantada con una personal contención emocional, y dando al final un La natural agudo que sonó vibrante y expansivo. En el dúo con Marola “¿No escuchas un grito?” volvimos a disfrutar de un tenor de considerable calidad y solidez.
El barítono mejicano Emmanuel Franco encarnó a Juan de Eguía con interesante interpretación escénica y viril prestación vocal. Posee Franco una voz versátil, robusta y potente, que se deja apreciar desde el acto primero en la habanera con Simpson “Aquellas noches de borrachera”, a la vez que estuvo ágil y carismático en “La mujer de los quince a los veinte” o aterciopelada, y con buen uso de las medias voces en el dúo con Marola “Para vivir a la orilla”, un instrumento con el que pudo afrontar, sin aparente dificultad, los cambiantes estados anímicos que demanda este complejo personaje. La romanza final “No te acerques”, cantada con una convincente desesperación dramática, rubricó con rotundo éxito: una gran actuación, que el público entusiasta agradeció enormemente.
Jeroboám Tejera nos brindó uno de los grandes momentos de la noche con su romanza “Despierta negro”, con su excepcional voz de bajo, extremadamente bella y profunda, con tesitura homogénea y segura en todo el registro. Sorprendió su capacidad de fiato, con el que consiguió dar más magnitud a su canto sobresaliente. Estuvo fascinante en su encarnación como Simpson, el viejo lobo de mar.
El personaje de Abel, el joven enamorado de la protagonista, tuvo un buen resultado en la soprano y actriz local, Jennibel Hernández, que recreó a este adolescente soñador con atractivo canto y mucha teatralidad, cargada de comicidad, tristeza o espontánea reivindicación, exponiendo con eficacia esa manera tan peculiar que tiene el personaje de querer hacerse notar, en un mundo que se burla de su ingenuidad.
Alberto Aliaga, supo dar al beodo Chinchorro toda la dimensión que se requiere como actor, con buena vis cómica y una meticulosa personificación. Estuvo estupendo en el dúo cómico “Ven aquí”. Hay mucho que agradecer y reconocer a la gran Amelia Font por su aportación artística a la escena lírica española durante tantos años de brillante carrera, su excelencia como actriz y cantante de zarzuela, la sitúan en un lugar de honor. La Antigua de esta gran intérprete es rica en matices, con una naturalidad que cautiva al espectador desde que entra en escena, divertida y enérgica. Amelia Font ha sabido adaptar con inteligencia sus condiciones vocales a estos personajes más maduros, a los que sigue aportando experiencia y maestría. Una artista imprescindible y extraordinaria.
Mingo Ávila creó a Ripalda con mucha frescura y con gran sentido del humor, conectando muy bien con la escena y con el público, que lo encontró ingenioso en su interpretación. Mejor actor que cantante, supo sacar gran partido a sus intervenciones, consiguiendo que los asistentes disfrutaran de su vitalidad. Borja Molina, como Verdier, de agradecida presencia e imponente voz, y Luis Pérez Rivero como Fulgen, sumaron con profesionalidad y buenos recursos al éxito de la representación.
El Coro de la Orquesta Sinfónica de Las Palmas dirigidos por Maite Robaina, cumplió positivamente con su cometido. Lograron un bonito y piadoso interno en la “Salve Marinera” del acto primero. Le faltó acción a la cuerda femenina en “Aquí está culpable”, a pesar de que se entregaron al canto. En general, una notable aportación del conjunto, implicado en cada situación, en la medida que les posibilitaron.
La conducción musical estuvo a cargo de Rafael Sánchez Araña, un director que va en ascenso en el panorama musical y que seguirá dando, sin duda, grandes noches desde el podio. Un director que ama, concibe y traduce la zarzuela a conciencia, logrando la calidad deseada en cada número musical, en cada instrumento, y en cada cantante. Y así fue también en esta función en la que se enfrentaba a un Pablo Sorozábal de alto calibre.
Con la Orquesta Sinfónica de Las Palmas, consiguió efectos de gran sutileza en números como la romanza y racconto de Marola, en el aria del tenor, o en el dúo soprano con barítono. Supo crear la atmósfera marinera con claridad y carácter, en los comienzos del acto I y III, así como una destacada tensión dramática en el trascurso de la acción, culminada con la romanza final de Juan de Eguía, siempre con excelente respuesta de la orquesta. Se puso el director en la voz de cada personaje, aportando a cada uno el ritmo y la flexibilidad requerida para cada situación, con tempos, matices y volúmenes de gran impacto. Un trabajo magistral.
Federico Figueroa, experto conocedor del género, dirigió la escena con la eficacia y el tempo requerido, jugando y aprovechando bien los diferentes niveles con los que contaba, con resultados muy conseguidos en diversas escenas. Quizás, se echaron en falta unas pautas más dinámicas en el movimiento coral, a la vez que elementos que nos implicaran con ese mundo marinero de la acción. No aportó demasiada calidez el diseño de escenografía de Carlos Santos; aunque su trabajo fue funcional, equilibrado y bien construido, todas las escenas se desarrollaron en un espacio demasiado sobrio, hermético en ocasiones, y poco inspirado en la esencia de la obra, un decorado que el diseño de iluminación de Cristina Alba, mejoró medianamente. Atractivo los diseños del figurinista Claudio Martín.
No estaría de más poder contar con un sistema de subtítulos como he encontrado en otros teatros, que facilitara la comprensión de los textos a las personas con dificultades auditivas que desean disfrutar, desde su butaca, de lo mejor de nuestra zarzuela.
José Juan Robaina Martín


